Sarasola es investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Ciencias de la Tierra y Ambientales de La Pampa (INCITAP, CONICET-UNLPAM) y director del Centro para el Estudio y Conservación de las Aves Rapaces en Argentina (CECARA). Fue galardonado por la princesa Ana y la Whitley Fund for Nature con el Whitley Award en la sede del Royal Geographical Society en Londres.

Esta especie mide aproximadamente 1,80 metros, tiene un peso promedio cercano a los 3 kilos (lo cual la coloca entre las aves rapaces más grandes de la región) y se distingue por su color gris pálido. Es un ave representativa de los ambientes semiáridos de la Argentina, pero el número de individuos adultos actualmente vivos en términos globales es menor a mil y se encuentra en decrecimiento.

De acuerdo a Sarasola, la única amenaza para el águila no es la caza ilegal. Según sus estudios, cerca del 70 por ciento de las muertes ocurren por electrocuciones en tendidos eléctricos y por ahogamientos en tanques de agua. Para enfrentar este problema se promovió la modificación de postes eléctricos, así como la instalación de rampas de rescate en 60 tanques de agua, lo cual ya logró reducir a la mitad las muertes por ahogamiento de la fauna silvestre, algunas también amenazadas o en peligro.

El investigador realiza campañas para concientizar a la comunidad local de que este ave no se alimenta de ganado. Es un error frecuente, debido a su gran tamaño, atribuir al águila del Chaco la predación de ganado. Demostrarle a los ganaderos de la zona que esto no es así es fundamental para contribuir a su protección”, expresa Sarasola.

El Whitley Gold Award de este año fue para al profesor Jon Paul Rodríguez, quién cofundó la ONG Provita hace 30 años con el objetivo de conservar la fauna amenazada de Venezuela.