Las salas de concierto del futuro ya llegaron y, al igual que los instrumentos, también podrían ejecutar notas o resonancias en conjunto con los músicos. Se trata del objetivo de un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) liderado por el doctor en física Manuel Eguía, quien dirige el Laboratorio de Acústica y Percepción Sonora.

Los investigadores se están basando en ciertos metamateriales acústicos llamados “cristales sónicos”: estructuras ordenadas de columnas rígidas que pueden variar su geometría desplazando su centro o rotando sobre sí mismas. Como resultado de esa propiedad, pueden bloquear o desviar la propagación de ondas sonoras de ciertas frecuencias, por lo que han sido utilizados para neutralizar ruidos molestos.

No sería una sala que pueda usarse de forma ordinaria, pero sí se puede componer una obra para ella. Y es algo que, con algo de suerte, podrá verse y escucharse próximamente”, indicó Eguía a la agencia CyTA.

El grupo de Eguía está ensayando esos mismos cristales, que pueden recubrir toda la pared de una sala de conciertos con la finalidad de reforzar, atenuar o desviar los armónicos de una fuente acústica, lo que implique modificar su timbre.

Los cristales sónicos rodean la sala y, al variar su geometría de manera dinámica durante la performance, pueden ‘switchear’ entre diferentes resonancias, como lo haría un instrumento musical. De esta forma la sala, junto con los músicos que ejecutan instrumentos dentro de la misma, funcionan como un conjunto”, sostuvo Eguía.

La idea surgió a partir de una propuesta del pianista y compositor Oscar Edelstein, de la Escuela Universitaria de Artes de la UNQ. Del proyecto participan los investigadores y artistas de la UNQ, Leonardo Salzano, Valeria Gómez, Alejo Alberti e Ignacio Spiousas.