Para la conservación de la peperina, investigadores de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) proponen alternativas para el aprovechamiento sustentable de esta aromática tradicional cordobesa.

En la actualidad, los emprendimientos productivos de peperina son escasos y las poblaciones silvestres de esta planta tienden a agotarse, poniendo en riesgo el trabajo de los recolectores informales que viven de esa tarea.

Al mismo tiempo, las empresas que demandan esta aromática (en su gran mayoría yerbateras), requieren cada vez más cantidades de materia prima de calidad, provocando un aumento en el riesgo de extinción de esta especie.

Ante esa problemática, el grupo de investigación de Aromáticas de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC, coordinado por Marta Ojeda, propuso la puesta en cultivo de la peperina. Desde hace más de veinte años, este equipo científico lleva adelante proyectos dirigidos a la conservación, domesticación y mejoramiento de la peperina.

En ese marco, se destaca la inscripción en el Instituto Nacional de Semillas (Inase) de un cultivar de peperina llamado Champaquí– FCA, variedad que inició su proceso de inscripción en el organismo nacional en 2004.

“Nuestro objetivo fue generar una peperina que pudiera darle una respuesta al sector empresario, frente al volumen de demanda que tiene, favoreciendo que las empresas puedan generar a través del cultivo su propia peperina. Para eso, hemos desarrollado el cultivar Champaquí- FCA, que tiene propiedades equilibradas en lo químico y se puede adaptar a condiciones de cultivo propias de la región”, especifica Ojeda.

De ese modo, frente al riesgo de extinción en el que se encuentra la peperina, el cultivar Champaquí- FCA significa una herramienta que puede favorecer el cultivo industrial controlado de la especie, equilibrando las necesidades del sector empresario con la conservación de un recurso nativo icónico de la provincia de Córdoba.

De acuerdo al saber popular, la peperina posee propiedades digestivas, ya que estimula el estómago y mejora la función hepática y vesicular. También posee capacidad antiespasmódica, porque reduce los dolores abdominales y dolores de cabeza relacionados con la mala digestión.

Por otra parte, hace años se vienen estudiando otro tipo de propiedades de esta aromática, como su capacidad antibacteriana, antiviral o antiséptica, a través de los aceites que la componen.

“Aún no está comprobado en seres humanos, pero sí se ha logrado probar que en otros seres vivos tiene la capacidad de matar virus, bacterias y hongos. La peperina presenta una importante capacidad de atacar algunas células, por eso es importante determinar con precisión su acción fisiológica en seres humanos, ya que puede tener contraindicaciones tóxicas si se usa en grandes cantidades”, grafica Ojeda.

Por su parte, Sonia Ocaño, integrante del equipo de investigación, contextualiza: “Específicamente, la peperina tiene una gran variabilidad. Esto quiere decir que depende de dónde está la planta, qué especies la rodean, a qué altitud se encuentra. Esto hace cambiar su composición química. Ahí, los estudios que hemos realizado toman valor porque permiten reconocer las propiedades medicinales de la planta”.

El uso popular de la peperina no está validado empíricamente con precisión. Por ello, las investigadoras subrayan la importancia de los procesos de investigación sobre esa planta como un modo de discernir entre algunos mitos y los saberes empíricos.

“A veces, solamente nos quedamos con la idea del yuyito serrano cordobés, que tiene mucha importancia desde lo cultural. Pero me preocupa remarcar la importancia de que las plantas medicinales o yuyos serranos no necesariamente son buenos para todo. Los yuyos medicinales también tienen contraindicaciones cuando se hace un mal uso de ellos”, completa Ocaño.