Doce científicos del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO) recorrieron la semana pasada seis “estaciones” en la zona del Mar Argentino conocida como El Rincón, que comienza en Bahía Blanca y llega hasta la desembocadura del Río Negro. La travesía fue a bordo de un motovelero oceanográfico tripulado por 24 miembros de la Prefectura Naval Argentina (PNA).

Las difíciles condiciones climáticas que tuvieron que soportar los científicos hicieron que el trabajo también tuviera gusto a aventura. “Vomité cinco veces”, reconoció una de las investigadoras. El motovelero oceonográfico Bernardo Houssay, bautizado en honor al médico y premio nobel argentino es, en su tipo, el que más millas recorrió y aún está a flote, mientras que fue construido en Dinamarca en 1931 para los Estados Unidos, vendido al Conicet de Argentina en 1967 y trasladado a la Prefectura en 1996. 

El objetivo de la campaña era conocer el estado en el que se halla el Mar Argentino, reconocer las especies y tomar muestras de la biodiversidad en estas seis estaciones. Para optimizar los dos días que duró la campaña se trabajó durante la noche. 

Con una fuerte sudestada el Houssay partió desde el puerto de Bahía Blanca, y los tripulantes de la Prefectura junto con los científicos debieron trabajar en conjunto. Los trabajos se centraron en extracción de sedimento marino que fueron analizados en el laboratorio con el que cuenta el barco, estudiar muestras de peces, fito y zooplancton. Conocer más acerca de la relación entre los estuarios, que son las zonas en donde el agua dulce de los ríos se mezcla con la salada del mar, y ver allí el grado de contaminación que llega desde los ríos del interior provincial hacia el mar argentino. 

“El Mar Argentino es muy rico y ha sido muy poco estudiado”, explicó Emilia Bravo, bióloga e investigadora del IADO, que depende del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), “En él confluyen dos corrientes, una cálida que llega desde Brasil y una fría que viene desde las Malvinas, sus sedimentos están siendo modificados por la pesca con redes de arrastre y aún no se sabe cómo son”.
 
La aventura y el trabajo fue muy gratificante. Los científicos, poco acostumbrados a las tareas marinas, debieron convivir con los con los marineros de la Prefectura. Fue una experiencia exitoso: “Notamos una apertura total y mucha colaboración”, dijo al respecto Anabella Berazategui, una de las investigadoras. El viaje confirmó que es posible hacer en el país tarea de investigación en nuestro mar, muy poco explorado.