El cielo despejado da paso libre a los tremendos rayos de sol que se clavan hasta lo más profundo de la tierra. La sombra que da el monte es el lugar de refugio para la hacienda que se refresca con tragos largos en la orilla del río Negro, que costea la estancia La Media Luna, en Choele Choel, en el Valle Medio rionegrino. El campo es propiedad de Gary Gordon, que no sólo es un pionero de la diversificación de cultivos, sino también de la introducción de genética Hereford y Aberdeen Angus para potenciar la actividad ganadera en la región.  
Gordon arrancó con la ganadería en el Valle en 1968, con un plantel de 200 vaquillonas Hereford y doce toros que trajo de la cabaña La Argentina, que la familia Fernández tenía en Bahía Blanca. Hasta ese entonces no se trabajaba a la ganadería de forma intensiva en Choele Choel. “Siempre me movieron las inquietudes por hacer cosas nuevas”, dice, en la camioneta acompañado por su hijo Alejandro, encargado de la ganadería en el establecimiento que cuenta con unas 12.500 hectáreas, que comprende zonas de valle y de monte natural.
Gordon es una usina de ideas, un inquieto productor. Mientras revisaba el campo en busca de suelos profundos y arenosos, detectó que en el prevalle estaban las mejores pasturas naturales de la zona. Eso se ajustó a su objetivo de obtener los mejores rindes en los animales. Gordon se contactó con el fallecido ingeniero Guillermo Cobas, “una eminencia en pasturas de desiertos y semidesiertos”, según declara el productor. Cobas sugirió la implantación de un ensayo de pasto llorón, una forrajera muy difundida en las zonas semiáridas del país. “También hicimos investigación durante dos años sobre muchas pasturas, y sembramos los primeros sorgos de la zona, mijo perenne, moha, panizo azul, triticale, pimpinela, nuevas variedades de cebadas forrajeras. En este trabajo colaboró la empresa Maraco con implementos de mínima labranza, toda una innovación para esa época. Se comprobó que la zona, teniendo humedad y agua, respondía a todo. Se podían lograr los mejores alfalfales, las mejores pasturas, al mismo nivel y comparable con las mejores tierras de la Argentina”, dice Gordon. Estos ensayos fueron la clave que abrió las tranqueras para potenciar la actividad ganadera en el campo.

Ganaderos de raza. Actualmente, en la estancia La Media Luna, los Gordon manejan unas 800 madres y tienen alrededor de 700 terneros en recría, que llevan al mercado con un peso de entre 180 y 200 kilos. “No nos interesa seguir adelante con más kilos. Antes hacíamos gordo. Ahora nos adaptamos a lo que pide el mercado. Los números mandan”, suelta Gary, como esbozando una máxima. Alejandro lo escucha atentamente, pero tiene algo para decir. “La idea es volver a hacer el ciclo completo, pero eso será cuando cierren los números”. La base del rodeo en el campo es el Hereford: “Nos parece más dócil por su temperamento y más mansa para el tipo de campo que trabajamos”, dice Alejandro. Remarca que el primer servicio de los vaquillones lo hacen con Hereford, a través de la técnica de inseminación artificial, que se aplica en la manga del campo con la supervisión del veterinario, y luego un repaso con toros Aberdeen Angus.
   Todas las pariciones son rigurosamente controladas. Alejandro y la peonada hacen la juntada de la hacienda dos veces al año para hacer los controles de aftosa. “Estamos logrando muy buenos índices de preñez en lo que respecta a la Patagonia, en la meseta combinada con el valle, donde se logran índices por arriba del 85 por ciento, los más altos a nivel país”, dice Gary, orgulloso del logro. El secreto está, revela, en la construcción de potreros más chicos para el entore.
Para obtener estos resultados, La Media Luna transpiró la camiseta más de la cuenta. Hace cuatro años la sequía golpeó con toda su potencia a todo el valle del río Negro. Fue la peor sequía que recuerde la región y se cobró con conscuencias irreparables: “Fue tremenda, hubo que hacer mucho esfuerzo para no perder los rodeos, se gastó mucha plata en comida, más que el valor mismo de la vaca”, cuenta Gary. Pero los Gordon no se quedaron inmóviles en el chalet de la estancia: implementaron un programa de destete anticipado, no precoz, para aliviar a las madres, ya que el ternero le consume el 40 por ciento de la energía que genera la vaca por día. Destetaron a los terneros a los tres meses de vida, con un peso de 100 kilos. “En este sistema productivo, el capital son los vientres y no se los puede descuidar, además es muy importante llegar al los meses de servicio con un animal físicamente apto para que entre en celo en el nuevo servicio”, comentan. Pero hay más: “En cuanto a los terneros de destete anticipado, el alimento es el balanceado de distintas formulaciones que cambian de acuerdo con el peso de los terneros hasta llegar a una base de balanceado y pasto seco, alfalfa, fardo o rollo para llegar a una adaptación del rumen y desarrollo de una capacidad de ingesta de mayor volumen a la que venía consumiendo durante unos 90 días”. Luego de este proceso, Alejandro asegura que los terneros pueden trasladarse a un régimen de pasturas y, según el modelo productivo, se puede agregar suplemento diario de cereal para obtener un mayor aumento de kilogramos por día.