Zoe Giraudo es una niña de 2 años que se encuentra bajo tratamiento oncológico. Vive en Sastre, provincia de Santa Fe, donde la incidencia de enfermedades circulatorias, cardiovasculares y cáncer supera la media nacional debido a las fumigaciones con los venenos del agronegocio.

En noviembre de 2018, junto a 40 vecinos, la familia de Zoe inició un recurso de amparo para que el municipio establezca una zona de exclusión total de estos venenos de 1.000 metros para aplicaciones terrestres y 1.500 para las aéreas. Y en los últimos días del año, el juez de primera instancia de San Jorge, Daniel Zoso, firmó una medida cautelar para alejar la aspersión de todo tipo de químicos a una distancia de 400 metros para aplicaciones terrestres y mil para las aéreas.

Pero en el receso judicial de verano, un grupo de 20 empresarios agropecuarios solicitaron que se los incorpore a la causa como terceros interesados y se revierta la medida cautelar. Es así como la jueza Beatriz Forno de Piedrabuena, en turno por la feria, dio de baja la medida cautelar que protegía a Zoe.

La mamá de Zoe, Sonia González, adelantó: “Estamos esperando la resolución de la Cámara de Apelaciones porque cuando supimos lo que hizo esa jueza de Santa Fe, que seguramente ni conoce cual es nuestra realidad, presentamos un pedido para que se reconsidere nuestra postura”.

Por su parte, en una reunión convocada esta semana por las autoridades municipales sastrenses para presentar el Programa de Buenas Prácticas Agropecuarias, la ministra de la Producción, Alicia Ciciliani, expresó que “el mensaje es de apoyo total a los productores para que cada día puedan producir más y mejor”, y señaló que “no hay sociedad sustentable que ponga en jaque y persiga judicialmente a los que producen y a los que trabajan”.

Fue una decisión atroz. Nos sentimos abandonados totalmente. No entendemos cómo una jueza nos deja tan desamparados con el problema que tenemos“, lamentó en diálogo con La Capital, Pablo Giraudo, el papá de Zoe.

Nos dejaron desamparados y en consecuencia se produjeron fumigaciones, algunas de las cuales las alcanzamos a observar porque fueron muy cercanas a nuestra casa“, explicó Giraudo y agregó: “Lo extraño es que, además de que ya no respetan los metros de exclusión, los productores y los aplicadores tampoco repararon en lo que ellos llaman buenas prácticas, porque no había condiciones climatológicas apropiadas”.

El martes último, por ejemplo, con más de 31 grados, una humedad elevada y muy baja presión atmosférica, la familia asegura que fumigaron igual a las siete de la tarde. “Aunque no nos garantiza seguridad, nuestro reflejo fue encerrarnos en la casa, cerrar puertas y ventanas y prender el aire acondicionado. Pero lo que también nos llamó la atención es que por el camino que divide al área urbana de la rural había gente caminando, que sale a hacer ejercicio al atardecer y creen que respiran aire puro“, relató Giraudo.