“Hola chicos, ¿cómo están? Por acá colmadísimos de trabajo, ¡ya llevamos casi media planta completa! La verdad es que me parece buenísimo que alguna vez la prensa nacional haga conocer las grandes industrias de nuestro país, porque nunca vienen, obvio, a menos que exista algún problema.”

El texto que abre este artículo forma parte de un mail privado que la ingeniera Marcela Domínguez, responsable del departamento de Calidad de Agro Aceitunera S.A. (empresa que produce y comercializa las famosas aceitunas Nucete) escribió al periodista Esteban Raies para agradecer la nota “Del Olivo a la Mesa” que El Federal publicó a principios de 2008.
Si bien no es nuestra costumbre publicar cartas personales, sentimos la necesidad de compartir con nuestros lectores este wwwimonio, porque refleja –al igual que la nota de marras- la realidad de una empresa en su pico de producción, en un período de enorme prosperidad y en un proceso de plena expansión.
No fue hace mucho. En la planta de Nucete, en La Rioja, esto era una realidad hace apenas cuatro años. ¿Qué ocurrió para que, hasta hace pocos días, la principal fuente de empleo de la industria de Aimogasta pusiera en peligro más de 600 puestos de trabajo directo y más de 1.500 indirectos, en un pueblo que tiene 3.500 habitantes en su casco y no más de once mil en su área de influencia?

Historia. Ubicada en el departamento de Arauco, cuna de los olivares en el noroeste provincial, la empresa tiene más de dos mil hectáreas de olivos implantadas (1.800 propias y el resto alquiladas), bajo riego por goteo, con las cuales se cultivan más de 486.000 olivos. Se siembra con densidades promedio de 300 plantas por hectárea y se cosecha en febrero, marzo, abril (aceitunas verdes) y mayo (aceitunas negras). Se hace a mano, para evitar los posibles golpes o rasguños en la piel del fruto.
Fundada en 1947 por don José Nucete Santiago, con tres generaciones de la familia al frente de la empresa, en 2006 Agro Aceitunera alcanzó el récord de 35 millones de kilos de aceituna procesados, y se transformó en la mayor elaboradora del mundo con un nivel de venta al exterior del 95 por ciento, generalmente a Brasil (a granel) y a Estados Unidos (envasado). España, Francia e Italia, son los destinos europeos de Nucete. Aun así, el socio mayor del Mercosur es el destino de la mayor parte de la producción de la empresa, y este factor fue, precisamente, el detonador del problema que la llevó a su actual crisis.
Como adelantamos, el principal factor de turbulencia en la marcha de los negocios de la terminal aceitunera fueron las restricciones impuestas por la Argentina a las importaciones de productos desde Brasil. Las medidas tomadas por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, para frenar la salida de divisas del país de mano de las compras de mercancía del exterior, provocó irritación a todos los países proveedores de la Argentina, tanto dentro como fuera del Mercosur.
Brasil, el principal socio comercial de la Argentina, no tardó en expresar su enojo. Y la manera de expresar malestar entre socios de un bloque comercial, es imponer restricciones que respondan a las que adoptó originalmente el país que generó el cierre de los mercados.
Consecuentemente, desde principios de mayo ni Agro Aceitunera ni el resto de las empresas que conforman el polo olivícola más importante del país pudieron exportar su producto al Brasil, donde se canaliza el 85 por ciento de las aceitunas que produce La Rioja. Con esto, no sólo se paró la producción, sino que se cortó la cadena de pagos, se terminó el dinero y ya no quedan recursos para pagar los gastos de funcionamiento.

Trabas. El problema principal, según expresaron autoridades de la Cámara de Industriales Olivícolas de La Rioja (Ciolar), es que las ventas se cerraron porque Brasil dejó de autorizar licencias no automáticas.
Los aceituneros ya vienen sufriendo los avatares de la crisis comercial de Argentina con otros destinos, como USA o la comunidad europea, mercados con los que las ventas se cortaron hace rato, porque el sector perdió competitividad, ante la evolución de los costos internos de la industria.
Se llegó a vivir en La Rioja y en Aimogasta particularmente, un clima social tenso, de gran zozobra, que motivó la multiplicación de los contactos entre las autoridades políticas y empresarias locales tanto con Moreno como con la ministra de Desarrollo, Débora Giorgi, clamando por la inmediata solución del diferendo comercial con Brasil.
Con un stock de aceitunas frescas que abarrotaba los depósitos de la empresa ante su imposibilidad de despacharlo, Nucete paró sus actividades, suspendió a 500 operarios, habló de despidos masivos y hasta de cerrar la empresa en forma definitiva, ante la inviabilidad de la situación que se vivía. “Le entregamos una nota en mano a la ministra Giorgi, donde le expresamos la angustia del sector. La aceituna es el primer sector exportador en La Rioja y esta crisis también afecta a Mendoza, San Juan y Catamarca”, expresó a la prensa José Hilal, titular de la cámara aceitunera.
Es que, en verdad, los desajustes comerciales con otros mercados para retener divisas y proteger la producción local, está provocando crisis muy complicadas que ya se hacen sentir en otras industrias, como la frigorífica y la de papas fritas (ver Sucedidos, en página 20).
El diputado radical pampeano y ex vicepresidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), Ulises Forte, se sumó al coro de rezongos y expresó que “lo que está sucediendo hoy en La Rioja con Nucete desmiente categóricamente el discurso de la Presidenta (Cristina Kirchner) y sus sindicalistas adictos, que vienen hablando de una reactivación laboral”, y pidió a los funcionarios “que reaccionen y tomen las medidas que necesita nuestro país para reactivar la producción”. También criticó a Moreno y calificó a sus políticas como “nefastas”.

Salida. Aun pese a las quejas, la luz se dejó entrever recién el jueves 28 de junio, cuando la situación comenzó a distenderse gracias a la reapertura del mercado brasileño, autorizada durante la cumbre del Mercosur que se estaba llevando a cabo en Mendoza. Brasil comenzó a emitir las licencias para sacar camiones de aceituna, y esto permitió, en el caso particular de Nucete, que medio centenar de camiones con 17 mil kilogramos de producto cada uno partiera a destino. Unas 850 toneladas de aceitunas, correspondientes a las licencias otorgadas antes del 8 de mayo, el día que comenzaron las restricciones.
Si bien la medida fue bien recibida en Aimogasta, José Nucete dejó en claro que las trabas con Brasil no son la única distorsión que debe enfrentar su empresa: “El problema es que nos vamos a comer la utilidad por los altos sueldos. Y el sueldo es razonable, lo que no es razonable es el dólar que tenemos y que nos pagan por las exportaciones”, aseguró.
Como suelen hacer los exportadores, Nucete también habla de un tipo de cambio poco competitivo, y presiona para que se produzca una devaluación del peso. Una medida que el Gobierno resiste, por los efectos nocivos que podría acarrear en una sociedad ya sitiada por una inflación inocultable.
Finalmente, tras una audiencia conciliatoria entre el Gobierno Nacional, el municipio de Arauco, la empresa y los gremios, se acordó retomar la producción y reincorporar a los empleados de la planta afectados por la crisis.
Del mismo modo, los empleados aceptaron una reducción de la jornada laboral a cuatro días por semana (de lunes a jueves), y el gobierno provincial acordó subvencionar el día y medio en que la planta no funcionará.
También trascendió un pedido de préstamo que Agro Aceitunera habría hecho al gobierno de La Rioja por un total de 120 mil pesos, que destinaría al pago de servicios eléctricos, deuda previsional, salarios, medio aguinaldo y aportes sociales. Aunque en la prensa se publicó que el gobierno habría ofrecido a Nucete que pusiera como garantía su stock de 18 millones de kilos de aceituna, la empresa desestimó esa posibilidad, porque implicaría que esa mercadería no podría comercializarse.
En otras palabras, hubo un paleativo y se salió de la emergencia en forma provisoria, pero el problema de fondo persiste y el futuro es impreciso.
Poco a poco, la economía va desordenándose. Afortunadamente, en un clima de crecimiento económico y frente al desafío de producir, cada día, más y mejores alimentos. Pero quedarnos en la necedad de no admitir ni hacer frente, con imaginación, a las señales negativas que exigen correctivos, supondría caer en una espiral de errores que, una vez más, podría hacernos perder todo lo bueno que todos los argentinos hemos obtenido en estos años.