– Después de experimentar diez años en cultivos extensivos de la región pampeana, vemos que en algunos casos el calcio, el potasio y el magnesio son nutrientes que se presentan como deficientes en los suelos agrícolas del área. Hay que prestarles atención. Porque en cultivos intensivos, tanto hortícolas como frutales, ya hay muchos más años de investigación en estos nutrientes. Esos cultivos se hacen generalmente en zonas muy deficitarias, con suelos arenosos, como Corrientes, o suelos rojos, como los que hay en el norte de Corrientes, o en Misiones. En cultivos extensivos, tenemos diez años de acumular datos en el tema calcio. La disminución de este mineral en el suelo se da exclusivamente por el desbalance de nutrientes, las cosechas se llevan más calcio de lo que se aplica en el suelo, y prácticamente podría decir que la aplicación de calcio a nivel del área pampeana puede estar respondiendo del 2 al 3 por ciento del calcio total, así que estamos haciendo una minería bastante marcada.
– ¿Y los otros minerales que faltan para enriquecer el suelo?
– En el tema magnesio tenemos menos experiencia. Hay muy pocos datos registrados, porque es una deficiencia mucho más incipiente. Es decir, todavía habría que estar delimitando con estudios básicos cuáles serían las áreas deficientes, o potencialmente más peligrosas de sufrir deficiencias, a corto plazo, en magnesio. El nutriente que está intermedio es el potasio, porque ya se manifestó su déficit en algunas áreas acotadas. En el INTA Rafaela tenemos experiencia de que a la altura de Nelson, donde se cruzan la ruta 70 con la 11, hacia el Norte, empieza a aparecer el potasio como deficiente. Y a medida que nos vamos más al Norte, esa deficiencia se hace más aguda. En la zona del INTA Reconquista y alrededores, donde ya es marcada la respuesta al agregado de potasio en alfalfa, en soja y en caña de azúcar. Lo cual no quiere decir que no sea también en otros cultivos, lo que pasa es que hoy no hay experiencias. A medida que nos vamos para el Sur, existe esa diferencia de potasio pero se hace más leve, porque los suelos todavía están con un mediano a un alto contenido. Entonces, también en potasio, hay que hacer énfasis en marcar cuáles son las áreas que son deficientes, cuáles son las que van en camino a ser deficitarias, y cuáles las que todavía están bien provistas.
– ¿Cuáles son los cultivos que más absorben y comprometen estos nutrientes?
– El más exigente es la alfalfa. Lejos. Y está después la colza, que a su vez es mucho más exigente que la soja. Son los tres cultivos que más demandan calcio, potasio y magnesio. Nosotros escuchamos que muchos plantean con ligereza “hacer mucha más alfalfa para recuperar la fertilidad del suelo”. Eso es una mentira atroz, porque la alfalfa come más nutrientes que un doble cultivo trigo-soja. Sobre todo, come mucho potasio, calcio y magnesio. Por ejemplo, te diría que diez toneladas de producción de materia seca de alfalfa por año, que es lo que tendría que producirse porque es muy fácil llegar a esa marca, sacan del suelo 110 kilos de calcio, que es el equivalente a lo que se llevaría una soja de 35 mil kilos por hectárea, que no existe en el planeta. La alfalfa come también 300 kilos de potasio, que es lo que come una soja de 15 mil kilos.
– ¿Cómo se reponen esos nutrientes?
– Hasta ahora, son todos ciclos minerales. No hay ciclos gaseosos, como tenemos con el nitrógeno, que hay aportes, o con el azufre. Es decir, cuando faltó en el suelo hay que agregarlo, y tenemos a mano fertilizantes o materiales como la calcita o la dolomita, que son carbonatos de calcio y de calcio-magnesio, respectivamente, para aplicar estos nutrientes. Después, hay productos fertilizantes que también tienen. En el caso del potasio están el cloruro de potasio, el sulfato de potasio, el nitrato de potasio, y hay otros fertilizantes químicos que se pueden utilizar. Y también se están estudiando las canteras, que pueden producir productos minerales naturales que tienen potasio en su composición.
– ¿Entonces es un mito que la soja es el cultivo que se lleva más nutrientes del suelo?
– La alfalfa y la colza le sacan años luz de ventaja. Lo que pasa es que se hace muy poca colza en este país. Si se hiciera en el país la misma cantidad de colza que de soja, estaríamos destruidos químicamente.
– No entiendo. Considerando que hubo un corrimiento de la ganadería hacia el norte del país, ¿cómo puede ser que la alfalfa se siga haciendo en la pampa húmeda?
– La alfalfa se puede hacer en suelos más marginales, pero es un fenómeno a nivel mundial, y acá va a pasar también. Los suelos más caros valen para hacer agricultura, nos guste o no nos guste. La ganadería y la lechería irán a los suelos más marginales. En muchos lugares del país, como tenemos en la provincia de Santa Fe, de la que hablo con mayor seguridad porque es el lugar donde trabajo, esos suelos más marginales generalmente son suelos bajos, alomórficos y salinos, por lo que tenemos que entrar a trabajar y recuperarlos. Ya tenemos trabajos hechos donde blanquizales, después de cuatro años de trabajos con enmiendas, desagües, etcétera, están cubiertos de vegetación, Así que ahí es de una productividad cero, y estamos quintuplicando la productividad de esos suelos. En esos suelos hay que tener cuidado porque hay mucho sodio, y ese sodio bloquea la absorción de calcio o potasio, entonces no hay que tomar estos ciclos tan a la ligera, porque el calcio, el magnesio y el potasio interactúan permanentemente entre ellos, y en los suelos salinos aparece el sodio, que es otra cuestión más. Por eso yo digo: cuidado, no simplifiquemos, porque son tan complicados como el resto de los nutrientes y yo tengo una frase que digo que estos cuatro, sobre todo el calcio, el potasio y el magnesio, donde no hay sodio, viven en el mismo barrio, en la misma cuadra, en el mismo edificio de departamentos, se pelean, se amigan, se potencian, se sinergizan y se bloquean, y por eso tenemos que estudiarlos en conjunto. No es fácil.
– ¿Tiene en cuenta todas estas cuestiones un productor cuando decide qué y cómo sembrar?
– Hay algunos productores que sí lo están conociendo, pero si no lo conocen, es por culpa de todos nosotros, las ONG y las instituciones que laburan e investigan en el campo, y de todos los que tienen que hacer transferencias, como ustedes, los periodistas. El problema es que falta muchísima más difusión, transferencia y extensión para que los productores estén mejor enterados qué es lo que está pasando con los suelos.
– Desde el INTA, ustedes como técnicos están marcando este alerta. ¿Qué pasará si el productor no modifica a futuro su planteo productivo?
– Nos va a pasar lo que pasó desde que se inició la colonización del área pampeana, hace cien años. Por ejemplo, en el área nuestra, nosotros teníamos 5,5 puntos de materia orgánica, y hoy en día, en el mejor de los casos, estamos teniendo tres. Está predominando más el valor 2,5 por ciento de materia orgánica. Destruimos, con cien años de colonización, 3 puntos de materia orgánica. Y eso, si vos lo llevás a los nutrientes que tiene la materia orgánica, te dice que por cada punto de materia orgánica que bajás, perdés una cantidad de kilos de nitrógeno, fósforo y azufre que representan, en términos de fertilizantes, 2,5 toneladas de urea en nitrógeno, 600 kilos de diamónico en fósforo, y 450 kilos de yeso agrícola en azufre. Eso, económicamente, representa, en tres puntos de materia orgánica, 6.300 dólares en calidad de suelo destruidos. Y considerando la baja en todo el resto de los nutrientes y en el agua, el suelo ya estaría perdiendo unos 12 mil dólares en calidad por hectárea. Es una locura.
– Suena desolador. ¿Qué hacemos, entonces?
– Enterarse qué pasa. Darse cuenta es lo fundamental. Entonces, hacer un clic en el cambio de actitud, e investigar el suelo de la mano de un profesional del campo, para ver qué nutriente no tengo. Y después, plantearse, medir y registrar, para recuperar el suelo, que es patrimonio del país. Elevar sus niveles de nutrientes, y fertilizar el cultivo. Es una inversión cara, pero el productor dueño de campo no tiene ningún argumento para no fertilizar bien, y como mínimo reponer lo que se lleva cada cultivo. Invirtamos en el suelo. No nos resistamos a ganar más plata.