Si cada entrevista tiene una cuota de tensión previa -no hay que olvidar: nos enfrentamos a una persona a la que ametrallamos a preguntas por una furia cuestionadora que se nos rebela-, hay que decir que frente a César Isella no hay que romper ningún hielo, no hay de qué preocuparse. Es simplemente una charla amigable. Un ataque de su inconsciente le da expresión a una idea que la despacha sin explicación y con un ejemplo. “Me acuerdo de “2001, Odisea en el espacio” (una película de Stanley Kubrick, de 1968), la ví en Santiago de Chile y me fascinó. Me impresionó la imagen de la computadora haciéndole fuck you con el dedo índice. Me pareció genial, ¡genial! -se entusiasma. Nunca me imaginé que ese futuro llegaría, hablábamos de un siglo nuevo y lejano. Pasaron los años y yo pensaba, ¿qué va a hacer la máquina? Despúes me tranqulizaba: ´¡qué mierda vamos a llegar al año 2000!´, me decía. Y acá estamos”, avala de manera tan tajante como la elipsis de la famosa escena del film de Kubrick, la transición de tres segundos entre el primate y su evolución, miles de años de historia. “Volví a pensar en eso recién en 1999, cuando fui a Boston a visitar a mi hijo mientras cursaba una beca en Berkley. Una tarde vi en un local de videojuegos a un gordito matando bichitos en una máquina. Y hacía ¡fium! (hace la mueca de matar a alguien) y mataba y mataba. Y pasé al otro día y seguía matando. Hace un par de años en Cosquín fui a dar una vuelta y veo en un locutorio a un gordito que también jugaba a matar. Y volví al otro día y seguia ahí adentro. Entonces volví a reflexionar y hoy predigo: dentro de años, entre los mensajes de texto y esos juegos, el dedo pulgar de los seres humanos será definitivamente más grande”. Noticia: lo único que cambia con el paso del tiempo es la tecnología, el hombre no. El hombre sigue siendo el mismo. O casi el mismo.

Nos vamos poniendo tecnos.

-Usted fue directivo de SADAIC. Hace poco saltó una polémica con un posible impuesto digital ¿qué piensa sobre todo eso?
-No hay juridicción sobre eso. ¿La propiedad intelectual? ¡Fuck you a todo eso! Jodete. Nosotro hicimos una sociedad con una especie de central mundial de autores. La propiedad intelectual que genera la cultura es muy importante. Es una industria fabulosa. Los que diseñaron el Mp3 indemnizaron a todas las sociedades de autores y compositores musicales del mundo. No era mucha guita, pero proporcionalemente repartimos todo. A nosotros nos tocó la porción más grosa de América Latina.
-¿No hay una democratización musical teniendo acceso al material gracias a los nuevos soportes?
-Yo no sé mucho sobre tecnologías, pero todo cambió mucho. Todo ha sido tan urgente, como en la película de Kubrick (risas). La creación de los nuevos soportes ha sido tremenda. El sitio Napter fue el primer escándalo jurídico. El gobierno de los Estadoos Unidos le dijo: “Loco, paren con esto. No se pueden apoderar de lo ajeno”. Esto fue clave: nos alborotó a todos los directivos y compositores mundiales. Nuestro plantel jurídico tuvo que reunirse por estos asuntos a que en el mundo se pusiera a trabajar en esto.
-¿En qué situación se encuentran?
-En principio lo que conté de Mp3 y empiezan a estar más atentos. Mi hijo me contradijo: “¿qué haces boludo? Me acabo de bajar siete canciones tuyas que no las encontraba por ningún lado. Y además me acabo de bajar ochocientas canciones¨. “Sos un delincuente”, le respondí.
-No pensará mandar a su hijo a la cárcel, ¿no?
-Imposible, habría que meter preso a millones (risas). Lamentablemente, la producción discográfica, que ganó fortunas durante tanto tiempo, se está fusionando.
-Los músicos se quejaron todas la vida de los tratos de las discográficas, ¿ahora se entristecen de que se fusionen?
-Es que comenzó una nueva era. La tecnología puso nuevos factores, el ser humano deberá cambiar o joderse. Los jovatos estamos más jodidos. Las fantasías de los creadores son muy fuertes. Cuando grabé La Misa Criolla con Los Fronterizos recibíamos un porcentaje chico. Recuerdo que nos daban el 4 por ciento de las ventas y lo teníamos que repartir entre diez. ¿Sabés cuánto vendimos? 20 millones de discos. No era una canción de amor: ¡era una obra litúrgica, loco! Todavía me abrazan por eso. “Dejenme de joder, hace cuarenta años de eso!”, los espanto. Es bueno el razonamiento que haces, sin embargo no deben pensar lo mismo Charly García, Fito Paéz, Lito Vitale y los familiares de Enrique Cadícamo, que han ganado mucho dinero de regalías.
-¿Cuánto es mucho dinero?
-500 mil dólares es un semestre. Uno de la lista ganó eso. Es una fortuna. Lo cierto es que el disco perdió potencia, le interesa a muy pocos. El tema ahora se focaliza en los shows. “Te banco el disco si participo en tu espectáculo”. Es un gran negocio. Estuve hace poco en Estados Unidos y vi en televisión un show de Lady Gaga. Me decían que era vulgar porque se cuelga unos bifes de chorizo. ¡La vi y me rompió la cabeza! Me hipnotizó: hace un show fabuloso, terminé fanático de esa loca. A mí me gusta ver tele, y me engancho con muchas cosas. Allí se concursa todo, Tinelli no inventó nada. El reality norteamericano American Idol me dejó perplejo: con Susan Boyle casi lloro de la emoción. ¡Cómo canta esa gordita! Eso es un punto a favor de la tecnología: todavía se puede mostrar el arte.

Conserve la izquierda. Isella estuvo exiliado en Europa. Pagó el precio de pertenecer un grupe de militantes y músicos que se bautizó en broma “hijos del exilio!. No hacíán música, claro, era la época en que gobernaba el general Onganía. “Los zurdos no podíamos ni pasar por la puerta de SADAIC”, bromea Isella. En la dictadura, los dineros de los autores estaban bajo la éjida de aviación. “Ellos se llevaron todo y no era poca guita para un país que está en la loma del culo”, se lamenta.
-¿Cómo regresó del exilio?
-Cuando volví de España se hizo un acto de justicia con la cultura: tocábamos en todos los parques, hablábamos con la gente. Alfonsín pautó el presupuesto más alto para la cultura como presidente. Al poco tiempo estuve al frente del Teatro General San Martín.
-¿Cómo fue su trabajo en SADAIC?
-Yo no sé meter una sola pata. No entendía cómo funcionaba. Yo entendía de canciones, de la entrega que hice de mis obras a las editoriales, porque entregarle a SADAIC era hacer mucho trámite, así que era mejor dársela a las editoriales, las que no caíán más simpáticas. ¿Por qué te cuento esto? Porque viajé mucho para conocer poco a poco cómo trabajaban. Me mostraban todo. Francia, como líder de una democracia progresista, me enseñó cómo cuidar el trabajo de los compositores. Una obra es propiedad privada, como esta casa y como las obras de arte. Y si te morís, tus hijos cobrarán por setenta años. Es tu creación, la creación de una artesano.
-¿Cómo descubrió a Soledad?
-Lo que pasó con Soledad, pasó con un montón de padres que llevan al festival a sus hijos para que vean sus dotes, como los padres en el fútbol. Todos los años te llevan al pibe para que lo pruebes. No es complicado. El padre de Soledad la llevó durante años a todas las peñas. Así salieron Los Tekis, que no cantaban y yo les dije que cantasen. Hasta Piazzolla ponía cantores. Cuando despertó ese fenómeno, hubo amigos míos cantores que me dijeron, “sos un hijo de puta, ahora no cantamos más”. Era el año 1997. Los Chalchareros tocaban dos veces por mes, el Gordo Saravia jugaba al truco con el representante. Al poco tiempo me llamó esa misma pesona y me dijo. “Te agradezco César, no sabés cómo levantó el folklore por esta piba”.