Entre los habitantes de la zona de la triple frontera, hace poco más de una década, se decía que en las Cataratas del Iguazú la Argentina ponía en escena el espectáculo y Brasil las butacas para que los turistas las gozaran. Pero la frase ha quedado en la historia. Actualmente la nueva y moderna infraestructura, construida a este lado de la frontera, permite que los visitantes se sientan, realmente, coprotagonistas de la mejor candidata para ser una de las siete maravillas del planeta.
Quien haya ido hace un tiempo y hoy vuelve, verá que nada es lo mismo. Ahora, por ejemplo, emociona poder estar al borde mismo del abismo de la Garganta del Diablo, salpicado por el rocío que provoca el torrente de agua al caer. Emoción que, por otro lado, se convierte en hipnotismo cuando, de noche y en ese mismo lugar, la luna se refleja en el río Iguazú, antes y después de convertirse en la espuma que anuncia la inmediata caída al vacío.
No menos de dos días hacen falta para recorrer la totalidad de los circuitos, y navegar hasta la parte inferior de la otra gran atracción de Cataratas, el salto San Martín. Y para los amantes de las caminatas en contacto con la naturaleza, tendrán que disponer de una tercera jornada para recorrer el sendero Macuco, que atraviesa la selva por 3 kilómetros y medio y finaliza en el salto Arrechea.
Los servicios al turista son de gran calidad y dispone de restaurante, pizzería, varios fast food, locutorio, diversos comercios de venta de souvenir y merchandising y cajeros automáticos.
Son variadas las alternativas de viaje. Las excursiones en ómnibus que salen de diferentes puntos del país, suelen incluir también a las Minas de Wanda y a las ruinas de San Ignacio. Ir en auto también es otra opción. Permite tener una mayor libertad de acción y visitar otros lugares. Además la rutas mesopotámicas prometen paisajes muy bellos, dignos de disfrutar.
Y para quienes quieran llegar rápido el viaje en avión dura casi dos horas, y si se tiene suerte, el piloto hará sobrevolar la aeronave sobre los saltos. En cuanto al hospedaje, hay para todos los gustos y bolsillos.
Es recomendable llegar a Puerto Iguazú en un horario que permita un descanso previo a la visita. Es que las caminatas que esperan son largas. Si se quieren ver las Cataratas a la luz de la luna, será interesante programar de antemano ir la primera noche de estadía.

Luna Llena. Cuando los visitantes llegan al Parque Nacional Iguazú emprenden un recorrido en el Trencito Ecológico de la Selva, con la compañía de guías y guardaparques. Es una de las muchas innovaciones efectuadas en la última década por la concesión Iguazú Argentina y por la Administración de Parques Nacionales. La formación es propulsada con GLP (gas licuado de petróleo), un combustible que no contamina. El novedoso servicio pretende disminuir el impacto que provocaban ómnibus y combis en el ecosistema.
El viaje dura unos pocos minutos. El tren va lento, lo que permite observar las figuras de la vegetación en contraste con la noche clara. En algunos sectores, los espejos de agua reflejan la luz lunar, que se cuela entre los troncos y ramas.
Al llegar a la estación Garganta del Diablo, se inicia una caminata de mil doscientos metros por una nueva pasarela -el mismo diseño se encuentra en todo el parque- con piso de metal desplegado antideslizante y barandas rebatibles, diseñadas para no ofrecer resistencia al agua en épocas de inundaciones y que por lo tanto no se destruyan, como ocurría en décadas anteriores. El “Paseo de Luna Llena” tiene un costo por persona de $200, que incluye una cena “tenedor libre” en el Restaurant La Selva. La bebida se paga aparte.

Garganta del Diablo. Al día siguiente, será curioso realizar el mismo recorrido pero a la luz del día. Hay que arrancar temprano y tomarse el tiempo para disfrutar la experiencia. Tener en cuenta que el parque está abierto de 8 a 18.
Se ingresa al predio tras abonar los $40 de entrada, que incluye pase libre para el trencito y para la lancha a la isla San Martín. La primer parada “obligatoria” es en el Centro de Interpretación de la Naturaleza Yvyrá Retá. Allí personal de Parque Nacionales da una detallada explicación sobre la biodiversidad de la selva, la cultura local y la labor de los guardaparques.
Después se entra de lleno al nuevo centro de servicios al turista, a 2.000 metros de la zona de saltos. El lugar, moderno y alejado para preservar el ambiente natural de las cataratas, fue construido por Iguazú Argentina, una empresa totalmente nacional, en terrenos del viejo aeropuerto de Puerto Iguazú, por lo que se aprovechó la deforestación preexistente. Aparte, se desarrollan allí tareas de forestación con flora autóctona en el lugar.
El traslado fue parte del plan para lograr la certificación de las normas ambientales ISO 14001, y que incluyó además la separación de residuos en orgánicos e inorgánicos, el uso de insumos biodegradables y el combate de plantas exóticas.
Tras una rápida recorrida por los negocios y la obligatoria compra de agua mineral, hay que ir a tomar en la Estación Central el trencito ecológico que lo lleve a la estación Garganta del Diablo o, si se prefiere antes caminar, se pude recorrer los 600 metros del Sendero Verde, que separa al centro de servicios con la Estación Cataratas, y que permite un contacto más íntimo con la flora y fauna. Una vez en la Estación Cataratas hay que ir en el tren hasta Garganta del Diablo para volver a tomar la misma pasarela de la noche anterior.
Recorrer nuevamente los 1.200 metros de pasarela pero a la luz del día permite potenciar las vivencias. Un curioso contraste entre dos postales distintas del mismo lugar aparece en la mente del turista. Las aguas del Iguazú se perciben cristalinas. Se pueden ver tortugas asoleándose en las rocas y diversa variedad de aves en los árboles de las islas que se atraviesan. Una vez en el mirador, el tronar del agua al caer y el rocío convierten en multimedia al espectáculo de la naturaleza. Se está a muy pocos metros de la caída de las aguas. Enfrente, se ve el lado brasileño con turistas. Tal vez ven el salto desde otra perspectiva pero sin la intimidad que permite el lado argentino.
 
Circuito superior. Está sobre la parte alta del Iguazú, a una distancia similar a la que se recorre para llegar a la Garganta del Diablo. Sus miradores permiten observar varios de los saltos menores y el salto San Martín. Durante la caminata es normal cruzarse con grupos de coatíes que caminan por la pasarela. Tanto ésta como las vías del trencito cuentan con pasafaunas, así los animales de la selva pueden atravesarlos fácilmente.
El primer mirador es sobre el salto Dos Hermanas, dos saltos casi idénticos que confluyen en uno en época de crecida. A pocos metros están el salto Bosseti y el Bernabé Méndez. Al final del trayecto, desde un mirador se puede admirar al imponente salto San Martín.
Desde allí arriba, en cada uno de los miradores, la vista de la selva es espectacular. Enfrente se ve la Isla San Martín y, abajo, el curso inferior del río Iguazú. Más allá, el lado brasileño ofrece un contraste, porque sus senderos carecen de la tupida selva que envuelve al turista en el lado argentino.
El circuito superior permite una vivencia diferente, porque atraviesa los saltos en su parte más alta. En algunos lugares uno puede asomarse y ver como el agua cae en vertical justo por debajo.
Una vez terminado el paseo, se puede volver a la estación por un sendero diferente que atraviesa la selva y partes descampadas. En el camino se encuentra el viejo hotel Cataratas, que hace décadas dejó de usarse -próximamente será puesto en valor para uso de Guardaparques-, y que contrasta con el hotel Sheraton, ubicado a poca distancia. El ocaso sorprende en la selva. Los guardabosques empiezan a cerrar pasarelas y senderos. Los últimos trenes llegan repletos a la Estación Central.

Isla San Martin. Habrá que tomar el trencito hasta la Estación Cataratas, o si se prefiere caminar por el sendero verde. De allí sale el sendero que desemboca en las pasarelas del Circuito Inferior, que también lleva al embarcadero en donde se toma la lancha a la Isla San Martín. Es preferible empezar con ese trayecto a media mañana, porque hay que subir numerosas escalinatas, y porque el servicio de cruce sólo funciona hasta las 15.30.
Tras recorrer largos trechos de camino, hay que bajar a la orilla, donde se aborda una lancha que lleva hasta bien adentro de la bruma que el salto San Martín forma al caer. Es imposible no empaparse.
La Isla San Martín es el corazón de las Cataratas. Su imponente vista de los saltos, en especial el San Martín y el Escondido, se ve a través de una formación rocosa llamada “La Ventana”. A la vuelta, tras cruzar el río nuevamente, se suben las escalinatas hasta el próximo mirador al pie del salto Bosseti. El lugar coloca al turista muy cerca del agua que golpea las rocas y lo envuelve en una nube de rocío. Después, la pasarela pasa junto al pie del salto Dos Hermanas. La vista hace acogedor al lugar.
Ya en la estación, esperamos el trencito ecológico que nos lleve al centro de servicios. Fueron dos días de una sucesión de paisajes sorprendentes. Y una experiencia inolvidable. Para repetir.