– ¡Doña Potola! –la voz de Prosperina sonó con una mezcla de preocupación y desconcierto.
– ¿Qué le ocurre m´hija? –respondió mientras acomodaba la hamaca de mimbre bajo los últimos rayos con que el sol se despide de la galería.
– ¿A usted qué le ocurre? Tiene los ojos llenos de lágrimas.
– Debe ser la ceniza volcánica m´hija, que como buena visita, se ha quedado un poco más de la cuenta.
– ¿Seguro que no es otra cosa?
– Nunca ando llorando por los rincones y usted lo sabe muy bien. Con los recuerdos y las penas hay que hablar a solas y para eso están las noches largas.
– Traiga el colirio Prosperina y le pone unas gotas para calmar la irritación, -invitó la Sra. República mientras a modo de cuna, sus dos manos buscaban el rostro y su mirada pretendía leer en lo más profundo de los de su amiga. Bajando la voz, preguntó.
– ¿Algún disgusto?
– No señora. Un poco de viento con ese polvillo molesto y algunos recuerdos que siempre regresan y se mezclan con la luz del atardecer.
–  Y uno cae en la trampa… Mejor entremos doña, se está poniendo fría la tarde. Se recuesta en su sillón y entorna los ojos.
– Ningún comentario, le ruego.
– No hace falta que lo diga. ¿Para que descanse pongo música o prefiere la tele? Así vemos las noticias, ya que hoy llegaron tarde los diarios al pueblo y no los pudo encontrar Francisco. Se van a juntar con los de mañana y tendremos dos capítulos de la novela del momento: “Los sueños compartidos”.
– Yo estoy en calma con los ojos cerrados y usted toma la posta.
– Doña Potola, al querer dar explicaciones los protagonistas se comprometen solos. Los acusan fotos y videos donde compartían tribunas con el malo de la novela y hasta lo aplaudían cuando el traidor arengaba al público con sus discursos.
– No lo llame traidor. Puede haber problemas, señora.
– Así lo llama su madre protectora, quien sigue con una expresión lejana, como diciendo “yo no sé nada de este negocio”.
– Y es posible señora que abusaran de su buena fe.
– No piensa así quien fuera su compañera de las marchas alrededor de la pirámide.
– Estuvieron distanciadas, señora.
– Pero en los últimos tiempos compartían actos en el salón de la mujer y en los palcos acompañando a la Presidenta. Ella y él los acercaron para completar la foto, pero con este enfrentamiento no creo que la acompañen a Cristina ni cuando anuncie su candidatura.
– ¿Para tanto fue la ofensa?
– Calcule, le dijo poco menos que no estaba en el espíritu de sus respectivas instituciones el ponerse a construir casas y de rodearse de inescrupulosos, que a falta de controles o en complicidad con algunos funcionarios, hicieron trizas el slogan de “sueños compartidos”.
– Mi amiga, detrás de cada frase publicitaria que saben elegir muy bien para que lleguen al corazón, hay escondido un fraude para el destinatario. Fíjese: “Carne para todos” y carnearon cuatro vacas. Y si vamos más lejos, viajemos en el tiempo. ¿Se acuerda de que en la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños? Y hoy, en cada esquina, uno se encuentra con la mirada de quienes están enfrentando la vida y creciendo mendigando una moneda.