Durante mayo y junio, investigadores del Proyecto Pantano y del Comité Científico-Técnico Ciervo de los Pantanos relevaron distintos establecimientos de Buenos Aires y Entre Ríos para tener un panorama integral sobre las inundaciones, la situación de los isleños y su repercusión sobre la población de ciervos del Delta. La creciente extraordinaria de 2015-2016, aún en curso, es comparable en magnitud con sus antecesoras de 1982-1983 y 1998, y dejó miles de hectáreas bajo agua, rompió grandes diques de protección de forestaciones y afectó los hogares de muchos pobladores isleños.

Tal situación obligó también a la fauna a escapar del agua, buscando sectores elevados del terreno (barrancas, albardones, diques) para refugiarse. Fue así como aparecieron ciervos de los pantanos en sitios donde usualmente estarían ausentes, como en la zona periurbana de Zárate, barrios privados construidos sobre humedales en Escobar, las cercanías de la Ruta Panamericana en Otamendi o predios industriales en las afueras de Campana. Algunos de estos individuos, ya debilitados y en malas condiciones de salud, pudieron ser rescatados por el Comité, pero otros tuvieron destino incierto. 

El ciervo de los pantanos es el mayor cérvido nativo de Sudamérica y uno de los tres ciervos anfibios del planeta, declarado Monumento Natural, máximo grado de amparo, por Buenos Aires y Entre Ríos. Según relevamientos del Proyecto Pantano, numerosos ejemplares han muerto ahogados o por falta de alimento. Y los sobrevivientes debieron buscar refugio en las zonas más elevadas, donde resultan presa fácil para los cazadores pese a la protección legal de que goza la especie.

El ciervo de los pantanos podría ser la primera especie extinta del siglo XXI en ambas provincias si sus autoridades de fiscalización o las del Estado Nacional no intervienen de manera inmediata –alertó Javier Pereira, director del Proyecto Pantano–. De poco sirve que el Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) haya declarado la situación de emergencia poblacional para el ciervo de los pantanos en el Bajo Delta sin una protección efectiva de la especie en el campo. A 40 kilómetros del Obelisco, en el Delta del Paraná, peligra una rareza biológica y el ícono de una de las regiones naturales más peculiares de la Argentina. Urge que los máximos responsables de su conservación hagan lo que les corresponde. La extinción, no olvidemos, es para siempre”.

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