Cuando hablamos del gaucho nos referimos a un tipo social de nuestro país, por supuesto y a la República Oriental del Uruguay, ya que el gaucho, como tal, hizo su aparición en ambas márgenes del Plata. Ese gaucho que el mundo entero admiró por su manejo del caballo, por su valentía y espíritu libertario, dando todo sin esperar nada. El gaucho que fue primer motor de nuestra economía y soldado de nuestra patria, mal montado en los “reyunos”, luchando por la independencia, dirimiendo diferencias entre unitarios y federales y corriendo al indio hasta la Cordillera.
Ese gaucho nos lleva también a mencionar al Brasil. Aunque no en toda su extensión, la zona de Rio Grande del Sur es “gaúcha”, y por eso debe incorporársela a lo que denominamos la Cuenca Gaucha, desde ya, única en el mundo.
Seguramente deberemos tomar del diccionario la acepción: “Cuenca. Territorio cuyas aguas afluyen todas a un mismo río, lago o mar”. Como dijo alguien: “Todos los gauchos tomamos agua del mismo río”, refiriéndose al Río Uruguay.

Cuenca del Río de la Plata

Para comprender de qué hablamos, bien vale una definición enciclopédica: “La cuenca del Río de la Plata comprende parte del territorio de cinco países de Sudamérica (Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay) teniendo una extensión de 3.140.000 km2. Ríos de diferente caudal la recorren, entre los más destacados se pueden citar el Paraguay, el Paraná y el Uruguay. Estos dos últimos aportan más del 97 por ciento del agua dulce que se vuelca al Río de la Plata. Se trata de ríos caudalosos que aportan como flujo medio 20.000 m3/segundo en el caso del Paraná y 5.000 m3/segundo el Uruguay”.

Historia de Río Grande do Sul

El actual territorio de Río Grande del Sur se encontraba, en tiempos de la colonia, dentro del Virreinato del Río de la Plata, formando el centro y centro-norte de la gran Banda Oriental. Abarca las antiguas regiones de Río Grande al este, las Misiones Orientales al noroeste y territorios de la Provincia Oriental (actual Uruguay) al suroeste, y al sur (costa noroeste de la laguna Merín), anexados por Brasil en forma definitiva tras la Guerra del Brasil y la Guerra Grande, como parte de pago por deudas contraídas por Uruguay durante misma.
A mediados del siglo XIX, la provincia de Río Grande del Sur se constituyó en estado independiente con el nombre de República Riograndense.
Bajo la denominación de Río Grande se conocía originalmente a una región en la costa atlántica de la Banda Oriental, en el centro-sur sudamericano, perteneciente a España. Sus límites eran las Misiones Jesuíticas al oeste, la región de Ibiazá al norte y la región rioplatense de la Banda Oriental al sur.

Las Misiones Orientales

Estaban en la zona de las Misiones Jesuíticas, situada al este del río Uruguay, en la Banda Oriental. Allí se encontraban los “Siete Pueblos de las Misiones”: San Borja, San Nicolás, San Luis, San Lorenzo, San Miguel, San Juan y Santo Ángel. Al sur estaba la Estancia de Yapeyú, cuyos límites alcanzaban al río Negro.
Cuando desparecieron las Misiones, el extremo sur de las Misiones Orientales se convirtió en el Departamento de Yapeyú (incluyendo a San Borja), y el norte formó el Departamento de San Miguel, incluyendo a los otros seis pueblos antes mencionados. Estos departamentos estaban bajo la órbita del gobierno de Buenos Aires, pero la influencia del gobierno de Montevideo llegaba hasta el río Ibicuy. Desde entonces pasó a entenderse a las “Misiones Orientales” como los territorios orientales al norte del Ibicuy.

Los portugueses en Río Grande

Portugal había comenzado a meterse en el territorio de la Banda Oriental por la región de Ibiazá, la zona costera de los actuales estados brasileños de Paraná y Santa Catarina, al sudoeste del límite continental que marcaba la Línea de Tordesillas y ponía límite a las posesiones portuguesas en América. El tratado mencionado en la hoy ciudad de Valladolid se celebró en 1494, por él Juan II reconocía los derechos de España sobre los países de Occidente, aunque trasladando la línea de demarcación desde 100 a 374 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, reconociéndose como pertenecientes a la esfera de influencia de Portugal las tierras y mares situados al este de dicha línea.
Las incursiones portuguesas en la Banda Oriental, entonces, llegaron hasta la costa del Río de la Plata, fundando, en 1680, Colonia del Sacramento, la hoy hermosa ciudad turística, frente a la ciudad de Buenos Aires.
En 1737 una expedición militar portuguesa llegó con el propósito de garantizar la posesión de las ricas tierras españolas ubicadas al sur del territorio portugués del Brasil. Ese año los portugueses fundan la ciudad de Río Grande, en la desembocadura del río Río San Pedro y en 1742 fundan la villa de Porto dos Casais, la actual Porto Alegre.
En 1750, España y Portugal firmaron el Tratado de Madrid. Ya que cuando Portugal había estado ligado a España, había expandido sus dominios en América más allá de la línea de Tordesillas. Este tratado pretendía consagrar los territorios que cada reino tenía efectivamente en su poder, como modo de apaciguar a las partes. Así, España debía renunciar a la mayor parte de la Banda Oriental (Ibiazá, las Misiones Orientales y el Río Grande) y a cambio recibiría Colonia del Sacramento y el reconocimiento de sus territorios ocupados en Asia, para nosotros, un poco lejos.
Pero por un lado, los portugueses no pretendían renunciar a la Colonia del Sacramento y por otro, los guaraníes se enfrentaron al poder portugués. Esto devendría en la firma de un nuevo tratado en 1761 que restituía las Misiones Orientales a España, aunque no modificaba la situación de Río Grande.

La tardía reacción de España

España decidió dividió el Virreinato del Perú y creó en 1776 el Virreinato del Río de la Plata. Éste abarcó los territorios de los actuales Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, más la zona norte de Chile y parte del sur de Brasil (el oeste de Río Grande del Sur), era el comienzo de una cultura en común.
Pedro de Ceballos fue su primer virrey, nombrado para detener la expansión lusitana. A principios de 1777, recuperó Santa Catarina. En abril llegó a Montevideo, y luego conquistó Colonia del Sacramento. Avanzaron sobre la población de Río Grande cuando se anoticiaron del tratado de paz firmado entre España y Portugal, en el que este último debía abandonar Colonia a cambio de quedarse con Río Grande.
Pero en 1801 los riograndenses invadieron los siete pueblos de las Misiones, incorporando de facto las Misiones Orientales a su territorio. En 1807, los portugueses le dieron a su nuevo territorio de Río Grande la categoría de “capitanía” militarizándola fuertemente.

Resistencia de la Banda Oriental

En 1811, José Gervasio Artigas liberó del poder español a la región rioplatense de la Banda Oriental, pero en 1816 fuerzas portuguesas invadieron la Provincia Oriental y en 1820 Artigas fue derrotado. En 1821 Portugal se anexó oficialmente el territorio oriental, denominándolo Provincia Cisplatina y uniéndolo al Brasil, al que siguió atado tras la independencia de este país.
En 1825, “los Treinta y Tres Orientales” cruzaron desde Buenos Aires hasta la costa oriental para comenzar la Cruzada Libertadora por el territorio y el 25 de agosto en el Congreso de la Florida proclamaron la Ley de Independencia, la Ley de Unión (en virtud de la independencia concretada, la Provincia Oriental se reunía con las demás provincias platenses) y la Ley de Pabellón. Tras ser aceptada la Provincia Oriental por el Congreso en Buenos Aires, Brasil le declaró la guerra a las Provincias Unidas del Río de la Plata, estallando la guerra conocida como Guerra del Brasil que duraría unos res años.
Durante el siglo XIX, Río Grande del Sur fue escenario de diferentes revueltas federalistas y participó en conflictos con Argentina y Uruguay. La Guerra de los Farrapos o “Farroupilha” contra el Imperio del Brasil se desarrolló por espacio de diez años dando lugar a la República Riograndense (1835-1845) que se independizaba. Tras el aplastamiento de la República Riograndense y la reincorporación del territorio al Imperio del Brasil, el área riograndense fue utilizada como catapulta para las campañas militares de 1852 en contra del gobierno uruguayo de Manuel Oribe y acto seguido contra el gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, apoyando para esto último a Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, posteriormente la entonces provincia del Río Grande sirvió como una de las bases brasileñas en los inicios de la Guerra del Paraguay (1864-1870).

Esbozo de conclusión

Podemos ver, después de conocer esta historia, que hemos tenido en la Cuenca Gaucha, un recorrido en común con los riograndenses; herencia española (una parte de la cultura y equitación); relación de los habitantes del Brasil con los orientales, con traspaso de usos y costumbres incluidas; relación (lamentable) del ejército brasileño con el Ejército Grande de Urquiza, quien utilizó fuerzas extranjeras para derrocar a Juan Manuel de Rosas. En fin, trayectos en común, sea cual fuere la valoración que hacemos de ellos.

Gauchos de aquellos lugares

Según el investigador, escritor y curador de Colonia del Sacramento por la Unesco, Fernando Assunçao, amigo y maestro: “Martín Alfonso de Souza, hidalgo portugués, a quien su soberano había dado una grande capitanía en el sur del Brasil, después de recorrer estas costas (del Plata y del Uruguay), fundó, el año de 1530, la población y puerto de San Vicente, próxima al actual puerto de Santos”.
Es Alfonso de Souza quien hace introducir en Brasil la caña de azúcar y el ganado, tanto caballar como vacuno, conformando esta hacienda una nueva “sociedad pastoril”, como sucediera con los camiluchos, changadores y luego gauchos, de nuestra tierra.
Al Uruguay, el que ingresa la primera hacienda es Hernando Arias de Saavedra. Dice un documento de la época: “En el año siguiente, de 1617, Hernandarias envía a la tierra firme de San Gabriel la primera remesa considerable de ganado llevada a la banda norte del río.
Es una expedición complemento de la que en 1611 fue de Santa Fe a la isla del Vizcaíno, en el Río Uruguay, que llega en barcas desde Buenos Aires…”
Aquí está el origen del ganado oriental, del cual nos cuenta Assunçao, que fue diseminado por el territorio oriental, por los indios charrúas y minuanes, quienes robaban y trasladaban hacienda. Así pasó aquí con los araucano-chilenos y otras tribus anteriores, originarias ellas si de nuestro territorio.
Escribió el autor de “Pilchas criollas”: “Los arrieros de mulares y acompañantes de las carretas del comercio, desde Lima o Santiago de Chile, vía Salta, Tucumán o Mendoza, por Córdoba, a Buenos Aires y Santa Fe, por un lado con la ubicación de pulperías y postas junto al zigzagueante camino, por aquella ruta de los ojos de agua, a través de zonas montuosas, boscosas y áridas, va sembrando las campañas de Córdoba del Tucumán, santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y la Banda Oriental de aventureros sueltos, hombres libres, muchos antiguos soldados o milicianos también marineros, pero la mayoría criollos, gentes de campo, salteños, santiagueños, tucumanos, chilenos, mendocinos y cordobeses, a veces hasta paraguayos y peruanos, gente de a caballo o, con mayor frecuencia, jinetes de mulas, curtidos de intemperies y andariegos por antonomasia, buenos baqueanos de la tierra, hechos al abigeato como a algo natural, rudos; podríamos decir rebarbarizados, frente al esquema cultural de los colonos europeo-españoles.
Por otro lado, los accioneros de vaquerías, semillas de estancieros y caudillos, y sus peones, semillas de gauchos netos…” Así nos cuenta el maestro como se genera esa clase social llamada gaucho; primer motor de la economía del Río de la Plata, soldado de la Independencia, el que peleó las guerras inwwwinas y el que enfrentara al indio del desierto. El gaucho, figura que se expandió hasta el Brasil, porque la tierra y la llanura también allí, necesitaron de hombres libertarios, autosuficientes, excelentes jinetes y patriotas, del pago chico, de su lugar de nacimiento.
Pero la integración a la cuenca gaucha no sería sencilla; la etnia paulita se formó con españoles deportados, hombres huidos de Asunción por la luchas internas, todos se juntaron “como una horda primitiva” derramando su fechoría por el sur del continente (Argentina y Uruguay); eran como grupos de familias (bandeiras), que se lanzaron a conquistar y depredar, eran los tristemente célebres “bandeirantes”. Estos luego, calmados, por la fuerza o su propia decisión, fueron transformándose en los pre-gauchos, llamados, por aquellas tierras “gauderios”, denominación que en la Banda Oriental se le daba, según explicó Alfonso Carrió de la Bandera, a “…unos mozos, nacidos en Montevideo y en los vecinos pagos. Mala camisa y peor vestido, procuran encubrir con uno o dos ponchos de que hacen cama, con los sudaderos del caballo, sirviéndoles de almohada la silla. Se hacen de una guitarra, que aprenden a tocar muy mal a cantar desentonadamente varias coplas que estropean, y muchas que sacan de su cabeza, que normalmente ruedan sobre amores. Se pasean a su albedrío por toda la campaña…”. Se estaban formando los gauchos.
A mediados del siglo XVII, un viajante extranjero encuentra descendientes d portugueses en el camino entre Buenos Aires y Mendoza, relato que abona la historia en común de gauchos y “gaúchos” en sus orígenes. Dice: “Uno de los mozos que conducía, y era portugués de nación que había hecho muchos viajes desde Mendoza a Buenos Aires. Parece que los vecinos que habitan por este camino son la mayor parte Extranjeros (SIC); es decir que son portugueses, vienen algunos del Río Grande; son de color algo oscuro; he notado mucha fidelidad en ellos y no creo que sean ladrones ni malhechores (Archivo y Museo Naval, España)”.
Estos pre-gauchos participaron del comercio español de las vaquerías (caza de ganado), lo que también, al decir de Assunçao: “…contribuirá, sin dudas, a definir algunas de las características del tipo gaucho original, común a la Cuenca Gaucha que hemos descripto en esta nota.

A modo de explicación

He tratado de explicar aquí por qué la Cuenca Gaucha, que sabíamos la conforman Argentina y Uruguay, con ese tipo social en todo su territorio, contempla al Brasil, aunque sólo sea en Río Grande del Sur y parte de Santa Catarina.
Hay muchas páginas web dedicadas a los “gaúchos”. Creo más acertada esta opción de explicar, desde la biblioteca, este fenómeno único que supera ampliamente, aunque no en lo fílmico, lamentablemente, a la cultura efímera (treinta años) del “cowboy”.
Mucho hemos escrito ya del gaucho en estas páginas y queda mucho aún para contar. Estas líneas comprueban la unión entre los que nos llamamos gauchos, sólo por el orgullo de sentirlo.