Por Sonia Renison. Fotos: gentileza CLT.

 

 La tortura y el crimen del italiano Manuel Roseo y su cuñada Nelly Bartolomé en su casa de Juan José Castelli (la ciudad más importante del oeste chaqueño, portal del Impenetrable), puso en el tapete el destino de su estancia La Fidelidad. Hasta allí, las 250 mil hectáreas de campo entre Formosa y Chaco unidas por el río Bermejo, conocido también como Teuco,  estuvieron desde 1920 destinadas a la producción agropecuaria y forestal. Entonces, se la conocía como “la Bunge y Born”: una de las construcciones mantiene en su fachada las iniciales en la mampostería. Más tarde los dueños fueron los hermanos Roseo, uno falleció hacia 1984 y al otro lo asesinaron hace casi dos años  un grupo de delincuentes que, según las pesquisas, pretendían adueñarse de la propiedad matando. 

 Con agua, lagunas, bañados, pastizales, sabanas, monte puro, ríos y riachos, el campo representa junto a Bolivia y Paraguay un millón de kilómetros cuadrados de riqueza en biodiversidad del Gran Chaco en el centro de Sudamérica. Es tan grande que por aquellos años los Roseo querían convencer a sus padres de que los visiten diciéndoles que el campo es  “tan grande como la Italia”. La muerte del último dueño desencadenó un puja legal por la propiedad a la que el Estado, mediante una expropiación y fideicomiso, logró legislar para clasificarlo como zona roja de mayor protección dentro de la Ley de Bosques a nivel provincial. Es decir: nadie puede tocarlo.

 El gobernador Jorge Capitanich, hoy jefe de gabinete nacional, presentó el proyecto para legalizar el traspaso de las tierras al Estado Nacional, que se concretó con la aprobación de la Legislatura chaqueña justo en el día de los Parques Nacionales, el 6 de noviembre último. Las ONG ambientalistas sostuvieron una bandera con la leyemda  “La Fidelidad nos une”. Desde el director de Banco de Bosques, Emiliano Ezcurra, antes activista de Greenpeace; la intervención de intelectuales como Mempo Giardinelli; la ONG Red Yaguareté, universidades nacionales y hasta la Conservation Land Trust, del conocido filántropo norteamericano Douglas Tomkins, entre otros, unieron esfuerzos para la conservación de este campo de monte virgen para que sea un Parque Nacional. 

 El valor ambiental es extraordinario: conviven ambientes del Chaco Seco y el Chaco Húmedo. Se trata de un cordón de monte contínuo, en el que la tierra se mantuvo firme en los últimos 20 años. El monte está intacto y los animales pueblan la región: osos hormigueros, aguará guazú, tatú carreta, zorros, monos, pumas y el rey, el yaguareté. Un emblema como el tapir aparece registrado por la veintena de cámaras que tres organizaciones ambientalistas ubicaron en sitios estratégicos para hacer un reelevamiento continuo de la región. 

 La idea de construir un Parque Nacional crece. Al mismo tiempo, las herramientas legislativas de un área protegida se enfrentan a otro desafío: reunir unos 60 millones de pesos, monto en el que se tasó el campo a través de un fideicomiso.