Por Damián Damore / Fotos: Jazmín Arellano

Enviados especiales a Córdoba

Cada una de las tres noches de tango en el Auditorio Hugo Del Carril, sede de la 31a. edición del festival de tango más importante de la Argentina junto al de Buenos Aires, tuvo mucho para comentar y no sólo por el brillo musical y la organización con perfección suiza.

 El viernes, tras las presentaciones de Susan Yanet, Daniel Simmons y Rodolfo Tulián, llegó el turno de Néstor Roldán y Alberto Blanco, quienes recibieron el saludo de Silvio Soldán, conductor del encuentro junto con María Fernanda Corda, de la FM 105.7. Soldan fue quien les dio impulso en el programa “Grandes Valores del tango”. Los muchachos se hicieron famosos por cantar en el ciclo “Azúcar, pimienta y sal” a dos voces y por un momento se detuvo el tiempo.

 José Angel Trelles, acompañado por un terceto de músicos, recordó su paso por el grupo que integró junto con Astor Piazzolla con las composiciones que convirtieron en genio al marplatense: “Los pájaros perdidos”, “La bicicleta blanca”, “Mi loco bandoneón” y un clásico entre clásicos, “Balada para un loco”, para el que pidió el apoyo del público fingiendo olvidar la letra.

 Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale dieron el puntapié que se repetiría a lo largo de todas las jornadas: el tributo al centenario del nacimiento de Aníbal Troilo. “Nada”, “La última curda”, “Como dos extraños”, “Naranjo en flor”, “Garúa” y “Nostalgias”, fueron los elegidos para rendirle homenaje a “Pichuco”.

 La cantante y bandoneonista Lisette, de 14 años, se la jugó con “Uno”, “Malena”, El firulete”, “Toda mi vida” y el instrumental “La trampera”. Ella espera la salida de su primer álbum este año y todos esperan de ella un crecimiento profesional en el género.

 Esteban Riera, Hernán Genovese y Jesús Hidalgo subieron al escenario con su espectáculo “Tango a tres bandas”. Intercalan interpretaciones solistas, a dúo y en trío de los clásicos criollos secundados por guitarras camperas, como “Romance de barrio”, “Desencuentro” o el candombe “Negra María”, que le agregaron desfachatez a la noche.

 El cierre estuvo acorde a lo que noche prometía. El bandoneonista y director Osvaldo Piro, radicado en La Falda, al frente de una orquesta numerosa también le ofreció un homenaje a Pichuco. “Milonga triste”, “La trampera” y “Danzarín”, se mezclaron con “Desencuentro”, “La última curda”, “Tinta roja” y “Los cosos de al lao” para cerrar en la voz del cordobés Marcelo Santos cuando eran poco más de las 2 de la mañana.

Polémica en el tango

 Bien temprano el guitarrista Horacio Burgos y el bandoneonista Damián Torres realizaron una selección con temas de Piazzolla y Mariano Mores para comenzar la jornada del sábado. Luego pasó por el escenario Carlos Habiague, joven nacido en La Falda. Con voz potente se entregó en tangos como “Pasional” y “Por qué la quise tanto”, pero en el cierre se desdibujó con un grupo de mariachis entonando clásicos mexicanos. Actuaron Greco cuarteto, el cantor uruguayo Falco, con un show cortito de tres tangos y los ballets Valparaíso, Malajunta y Palazón.

 Pero sin duda lo más destacado de la noche llegó con el canto Ariel Ardit junto a su orquesta. La figura del nuevo tango logró un gran show bajo la batuta del arreglador Andrés Linetzky. Interpretó tangos clásicos y eternos de la talla de “Pa´ que bailen los muchachos”, “Te llaman Malevo”, “María”, “Che bandoneón” dedicado a Aníbal Troilo, “La cantina” y “Romance de barrio”. Pero sobre el final convenció al público y a Soldán, que hacía de policía malo, para entregar el escenario en tiempo y forma para el próximo número, de que debía quedarse un rato más en el escenario. “¿Ustedes qué piensan?”, buscó la aprobación de la platea.

 La gente dijo sí, pero tras los primeros acordes de “Sur”, el extra que coronó el show, le cerraron el telón y cantó con la orquesta escondida. Tras el show, Ardit se excusó diciendo que tenía pautado un repertorio y no un tiempo, por lo que consideró una falta de respeto que lo dejaran solo. “Es la primera vez que nos pasa”, se lamentó al tiempo que la organización trinaba por el incumplimiento. Un momento tenso que despertó el espíritu rockero de La Falda: en ese mismo auditorio, en la décadas de los ´80, se celebraba uno de los festivales de rock más resonantes de los albores de esta democracia.

 La calma volvió con Rául Lavié, que comenzó con un título que parecía dedicado a Ardit: “A mi manera”, para luego continuar con su personal repertorio compuesto por “Barrio de tango”, “Tinta roja”, “Naranjo en flor” y un popurrí zigzagueante: “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, de Fito Páez, “Las golondrinas”, de Jaime Dávalos y “Calle angosta”, el clásico de Cacho Valles.  Amelita Baltar ostró su vigencia con el recuerdo de Piazzolla, sobre todo en “Preludios al año 3001”, “Balada para mi muerte”, la siempre presente “Balada para un loco”.  

 El domingo parecía que iba a ser tranquilo. Así comenzó con el set de la santafecina Andrea Eletti que, secundada por los talentosos músicos de Contramano Trío (que luego tuvieron su momento para tocar solos) con “Al mundo le falta un tornillo “Torrente” y “Balada para mí muerte”, canciones que forman parte de su álbum “De este y otros tiempos”.

 María José Demare subió la temperatura con su voz desgarrada. Comenzó con “Garganta con arena” (Cacho Castaña), para seguir con un clásico como “Malena”, uno de los más versionados de las tres noches. Siguió con “Sangre de Tango”, de su disco Alquimia y anunció un nuevo trabajo que verá pronto la luz: un disco de duetos en el que participan Adriana Varela y Rubén Rada entre más de una docena de artistas.

 Para el final llegó lo mejor de la noche: el cuarteto de Esteban Morgado, Omar Mollo, que a puro grito se compró al público con más clásicos (“Afiches”, “Garúa” y “Gricel”) y una promesa, que cantaba dos temas más y se iba porque “yo no chamuyo”. Mollo, radicado en Holanda, pero de paso por Argentina, sacará en breve su nuevo álbum titulado “Tangazos”.

 El cierre fue de Adriana Varela que se comió el escenario. Se lució con “Por una cabeza”, “Los cosos de al lao” y una versión tanguera de “Con la frente marchita”, de Joaquín Sabina, “que me abrió las puertas de Madrid”, según ella dijo. La Gata dialogó con el público y se despidió preguntando qué quieren que cante. El cierre fue con otra composición de Cacho Castaña, “La gata”.

 En un momento los flashes de los fotógrafos invadieron la puerta de ingreso. La llegada del gobernador José Manuel De la Sota junto al diputado del Frente Renovador, Sergio Massa, desacomodaron al público que se levantaba a saludarlos. Mientras anunciaron que el Banco y la Lotería de Córdoba entregaban 300 mil pesos a la organización, un cordobés pesimista dijo: “es pan para hoy y Massa para mañana”.