La energía solar podría ser el biocombustible del futuro. O quizá una fuente inagotable de electricidad verde y económica, pero no a través de paneles solares fotovoltaicos ni similares. En particular, si la recién descubierta fotosíntesis inversa da los resultados esperados, las expectativas podrían superarse hasta llegar a convertirse en el santo grial de la energía del futuro. Las plantas podrían salvar al planeta.

La fotosíntesis inversa busca la obtención de energía limpia. Su base teórica consiste, tal y como dice su propio nombre, en revertir el proceso para lograr este objetivo. En concreto, se busca liberar energía y otros productos químicos partiendo de la biomasa creada por las plantas, idealmente para conseguir energía limpia capaz de abastecer a la industria.

Se trata de una investigación todavía incipiente, que emula procesos naturales que llevan a cabo algunos hongos parásitos de las plantas. Para tratar de lograrlo, sacaron partido del uso de la monooxigenasa, una enzima natural muy utilizada para producir biocumbustibles. Al necesitar tomar electrones de una molécula donadora, la clorofila encajó perfectamente.

A su vez, puesto que la clorofila pasó a ser clave, también la luz del sol se convirtió en esencial en este experimento de fotosíntesis invertida. A partir de estos dos elementos se siguió la misma mecánica que emplea la naturaleza, en la que todo comienza con este pigmento de color verde, responsable de la fotosíntesis.

Alcanzado este punto se siguió el mismo proceso que lleva a cabo la fotosíntesis, pero en sentido contrario. En dicho intento, la monooxigenasa digiere la biomasa, con lo que se libera energía. Un proceso que bajo la luz del sol se resuelve en apenas cinco minutos. De lo contrario, tarda alrededor de 24 horas. Por lo tanto, el objetivo es conseguir la primera opción para convertirla en una fuente de energía factible, lista para su generación y uso casi en tiempo real.

La creación de una hoja artificial que hace la fotosíntesis a partir de materia inorgánica es otro gran invento. Anterior al de la fotosíntesis inversa, pero también relativamente nuevo, por su aspecto pueden considerarse una curiosa versión de los paneles solares.

En este caso, sin embargo, no se produce energía, pero sí oxígeno, con lo que las posibilidades de uso son tremendamente versátiles. Entre otras, oxigenar atmósferas interiores actuando como filtros de aire biológicos o productores de oxígeno permanentes, con lo que supone un ahorro energético, pues evitamos el uso de aparatos de tratamiento ambiental.

El padre de esta hoja artificial es Julián Melchorri, estudiante del Colegio Real de Artes de Londres. Se trata de un material sintético que necesita agua y luz para realizar esta fotosíntesis paralela, con lo que basta con que hay humedad ambiental y luz para lograrlo.

Más allá de la increíble utilidad que pueda tener, resulta sorprendente cómo ha conseguido un material fotosintético que realiza las funciones de cualqueir hoja. Casí diríamos que está vivo. Según cuenta su creador, lo consiguió extrayendo los cloroplastos de las células vegetales (los orgánulos donde se realiza la fotosíntesis) y colocándolas dentro de una fibra de seda que actúa de estructura. 

La fotosíntesis también está detrás de la creación de las primeras ciberplantas, concebidas como unas plantas energéticas. De nuevo, el objetivo es crear energía limpia y sostenible. La propuesta parte de científicos de la Linköping University, en Suecia, cuyo logro ha sido integrar un polímero conductor de electricidad en una rosa de jardín. Tras la operación, la rosa sigue viviendo. Sin embargo, no es una rosa normal. Esta rosa es como un cable, hasta  puede convertirse en un circuito eléctrico. Las posibilidades son casi infinitas, sobre todo teniendo en cuenta las exigencias de la actual revolución digital.

Entre otras posibilidades podríamos “integrar sensores en las plantas y usar la energía formada en la clorofila, crear antenas ecológicas o producir nuevos materiales”, apunta Magnus Berggren, líder de la investigación.