El gerente y encargado de compras y ventas del supermercado chino Hua Fu Cheng es Hung Wei Tu. Para no reñir con la cacafonía hablemos a secas de Wei. Wei es taiwanés, aunque habla como un porteño más. Llegó cuando tenía cinco años y vio crecer todo el barrio chino que se despliega sobre la calle Arribeños, cerquita de las barrancas de Belgrano, cuando al borde de las vías del ferrocarril Mitre la habitaban sólo una comunidad constituida por algunas familias. El padre de Wei arribó con tres amigos en barco para conocer Sudamérica y, curiosamente, los tres decidieron quedarse. En realidad llegaron a Paraguay y desde allí el padre de Wei se vino hasta la Argentina; otro se fue para Brasil y otro se quedó en Paraguay. Pese a las diáspora, todavía se siguen viendo y se visitan entre ellos. El padre de Wei volvió para buscar a su esposa y finalmente se radicaron en el país, por lo que se ve, para siempre.

EL SHOW DE LA VIDA. Antes de convertirse en el administrador del supermercado, Wei trabajó en una tabacalera de la provincia de Salta. Con el manejo que alcanzó del idioma castellano se transformó en el enlace ideal para encarar las exportaciones a China. Si el I Ching es un libro formado por capas geológicas de libros (entre traducciones y prolongaciones desde los antiguos ocho signos básicos que datan de más de tres mil años, pasando los dictámenes del rey Wan y de su hijo Chou hasta los comentarios de Confucio), Wei podría ser la muestra de lo que Jung (que también hizo algo por el I Ching) llama sincronía: una secuencia de hechos que se ajusta a las leyes específicas. Wei consigue hablarle algún proveedor en chino y en dos minutos decir que (sólo por cuestiones de gustos) ni loco come eso que se ve ahí (sedimento de ostras), con la que los chinos cocinan omeletes.
Las ostras figuran entre los alimentos exóticos de muchas culturas. No obstante es un alimento de gusto adquirido que necesita de algún entrenamiento antes de ser apreciado. Desde el punto de vista nutritivo es un alimento rico en zinc, uno de los nutrientes requeridos para la producción de la wwwosterona. El escritor satírico irlandés Jonathan Swift se declaró como el primer hombre valiente que se atrevió a comer una ostra, aunque es posible que el consumo de ostras por los humanos pudiera llegar a la prehistoria, quizás por las evidencias de cazadores de ostras encontrados en todas las culturas marítimas cercanas al mar. Hay que pensar que las ostras pudieron haber sido una forma de alimento en las áreas costeras, y que junto con la industria pesquera pudieron haber sido una importante fuente de ingresos económicos. No obstante sigue siendo popular en algunas ciudades costeras donde se llegan a celebrar incluso los festivales de las ostras. “Los chinos comen esa viscosidad sin problemas, a mí me resultan amargas esas omeletes. Me cuesta comer eso”, admite Wei, que es más consumidor de asados y pescados como el salmón que otra cosa.
Pero si se trata de rarezas en los alimentos orientales basta con mirar la exhibidora que muestra a una gallina negra (completamente negra por si hace falta la aclaración) proveedora de nutrientes -según las costumbres chinas- para las mujeres embarazadas. A simple vista, por su profundo color, es difícil de discernir su punto de cocción, ¿será un negro más oscuro aún? Las cualidades gourmet de Hua Fu Cheng se amplían hasta conseguir carnes alternativas, como codornices, pato Pekín y conejo, además una gran variedad de tés (recomenamos el de perlas), arroces, algas o las salsas, que tienen una góndola entera con opciones de pescado, soja baja en sodio; saborizadas con hongos, teriyaki e incluso de ostras, una perdición por lo rica, pero no recomendable para los que tengan colesterol alto.

LA GÓNDOLA DE LA FANTASÍA. Wei también es un gran conocedor de las productos y marcas importantes de la Argentina, a tal punto que para sacar alguna duda acerca de las características de un producto inclasificable para nuestro paladar, nos acerca un ejemplo argentino. “El bon bon grape es un jugo de uvas con fruta que viene en lata. Es exquisito, para mí es como el Catena de los jugos chinos”, compara. La lata es pequeña, pero su gusto se amplifica tras el primer sorbo. La velocidad de la vida en China permite distinguir un montón de productos respecto de la cotidianidad argentina. “Hay muchos preparados para desayunar a los que sólo hay que agregarles agua. Los chinos tienen una vida muy rápida, no existe la colación argentina, ese sanguchito que siempre permite que estés alimentado al mediodía. Las sopas instantáneas son la opción más grafica de ese momento del día.
Ubicado a una cuadra de Arribeños y Mendoza (las calles más transitadas del barrio), su ubicación sobre Olazábal ofrece la ventaja de comprar sin aglomeraciones. ¿Hasta dónde puede crecer un barrio que su fama asciende y su espacio es reducido? Tradicionalmente, los comerciantes chinos respetan un radio de operaciones de manera de no saturar la oferta. Sin embargo, este tipo de acuerdos no corren en el Barrio Chino. “Si bien los proveedores son básicamente los mismos, la competencia entre nosotros es total”, reconoce Wei. Diariamente los cuatro autoservicios chinos del barrio despachan un promedio de 1.000 kilos diarios. La clave del éxito pasa por la frescura del producto. “Acá no hay ningún misterio. El ingreso de pescado proveniente de Mar del Plata, Necochea y Miramar es diario, y cuando los camiones llegan al barrio, ya tienen todo colocado. Los barcos avisan a las procesadoras cuál es el producto que tienen en el mar y ellos nos ofrecen a nosotros, con lo cual cuando llegan al puerto, ya está todo vendido”, explica. Uno de los must adoptados por los porteños son los helados Melona, un producto pop típicamente chino (por color y aspecto) con problemas en su abastecimiento por las trabas a la importación, aunque destaca que el panorama mejoró en los últimos días.
La representación china del momento lo abarca todo, porque todos los ingredientes componen el momento observado: todo lo que ocurre posee la peculiaridad del momento. “Sigue estando complicado importar productos, Aunque quisiéramos equiparar la balanza comercial se complica. Regularmente exportamos a China vinos argentino de alta gama. Pero Aunque exportes hay problemas: ahora cerramos con un comprador 25 toneladas en un contenedor refrigerado. Nos faltan productos secos, pero se envío tal vez libere un contenedor con bebidas”, se consuela Wei.