Prosperina venía en el aire secándose la cara con el delantal y su boca era un pororó.
– No me diga que está lloviendo en los galpones…
– Doña, no estoy para bromas. Quien estaba lavando la sembradora, me recibió con el manguerazo más fuerte que puede lanzar la “hidro”. No le creo que no me haya visto llegar. Lo que más rabia me dio, es que se reían todos a baldazos y hasta Don Gregorio que es tan serio. Dígale que nunca más le llevo la merienda. La preparo, pero que alguien venga a buscarla.
– Vaya a secarse. No se enfríe que la gripe anda buscando a los distraídos.
La Sra. República, que se ocultaba con el diario para no echar más leña al fuego, al no poder contener una sonrisa sentenció: A ella le encanta hacer bromas, pero es de las que no les gusta recibirlas.
– En verano sería distinto señora, pero no es tiempo para que a uno lo bañen con agua fría. No es la única, Doña. Parece que está de moda.
– ¿Quien anda jugando al carnaval en invierno?
– Los electores Doña Potola, que se tomaron la tarea de cortar boletas. Han dejado de lado al grupo de los jóvenes que recibieron la mitad de los votos del candidato a Jefe porteño.
– No reparé en ese detalle señora. No le habrá caído nada bien a la señora Presidenta que los ubicó en la lista pensando que iban a sumarle un caudal importante. Quizás el error fue creer que el movimiento que lleva su nombre ya estaba instalado en la sociedad, y dejó de lado a los sindicatos y al partido peronista.
– Algo está pasando entre la sociedad y las estructuras partidarias tradicionales, pues la gente los ha visto alternarse en el gobierno sin que les ofrezcan lo que ellos esperan. Según la costumbre cada administración gubernamental piensa que con ellos se inicia una nueva República, que hasta su llegada nos estábamos succionando el dígito, y al poco tiempo alguien les ofrece agregarle a sus apellidos el sufijo “ismo” y se convencen de que un nuevo movimiento está en marcha.
– Debe ser altamente gratificante, Doña. Imagínese que usted escucha que se pone en marcha una corriente, que pintan en las paredes “potolismo” y su foto aparece en cuanto cartel hay en la ruta anunciando obras públicas.
– Señora, pensaría que me están tomando para el churrete, como dice Prosperina. Está en uno seguir manteniendo la cordura y el bajo perfil.
– Para empezar señora, las obras públicas no hay que agradecerlas y nadie se tendría que adueñar de las mismas. Se tendrían que dar por satisfechos otorgándole la licitación a algún amigo.
– Doña Potola, sin la publicidad de la Nación, de la provincia y de los municipios, las radios, los diarios y la televisión se quedarían sin caja. Pero tendríamos muchas más escuelas mi amiga, que tanta falta nos hace.