– ¿La ley de Obras Sociales anunciada por la presidenta Cristina Kirchner soluciona los problemas de salud en la Argentina?
-No los soluciona, pero los ordena. Si hay una tarea muy importante del Estado en cualquier política, como en este caso la salud, es ser ordenador. A la salud no hay que tomarla por quién la financia. Ese es un error que nos ha costado mucho a los argentinos. Eso dividió por años a las medicinas prepagas de las obras sociales sindicales, de las provinciales o del propio Estado, a través del sistema de Salud Pública. Falta un criterio, y esto nos pasa por no tener una ley federal de salud. Si alguien en el país quiere poner un colegio privado, debe hacerlo con los lineamientos de la ley federal de Educación. Por eso creo que es muy importante la iniciativa de la Presidenta, para convertir al Gobierno en un ordenador, y empezar a hacer de esto una política de Estado. Porque la salud pública es mucho más que salud hospitalaria.
– ¿Qué es lo que se ordena?
-La medicina prepaga, la trazabilidad de los medicamentos, los recursos de los argentinos. Pero acá hay una gran problemática que nos debemos. No sólo la salud hay que medirla como respuesta de prestaciones, sino qué cambios podemos lograr en la sociedad. Con el IOMA, por ejemplo, no pretendemos sólo administrar recursos. Sino qué hacemos con ellos para cambiar la carga de enfermedad de la gente. Cómo hacemos para detectar tempranamente y para promocionar el estado de la persona sana.
– Claro. Sobre todo porque las personas sanas financian, en una obra social, a las enfermas…
-En el caso nuestro, que pertenecemos a una obra social solidaria, es así. Nosotros tenemos una gran base de personas sanas que financian tratamientos complejos. Para que tengas una idea, el 53 por ciento de los recursos en medicamentos se los llevan 45 mil recetas en patologías graves, a las que llamamos de baja incidencia, pero que tienen altísimos costos. Y hay 387 mil recetas que se llevan el 47 por ciento restante del recurso. Es decir, que hay una gran población que tiene que sostener a los que más necesitan. Lo que marca la solidaridad es recibir una prestación independiente al aporte que se hace. Nosotros tenemos un solo programa, no varios, y es el mismo que reciben del gobernador hasta el último trabajador que ingresó a la provincia.
-En salud, ¿cómo se evalúa el éxito de una gestión como la suya? ¿Es igual que con las prepagas? ¿Tienen que cerrar los números, sí o sí, o se puede ser deficitario?
-Yo diría que, más allá de que una prepaga brinde distintos planes, de acuerdo con los aportes, porque tengo claro que es una empresa que busca tener dividendos y manejarse con un presupuesto determinado, aun así debe responder a pautas de la ética médica y de la normativa. Porque ahí la que financia, directamente, es la persona. Creo que nosotros como Estado, como ministerio, como responsables sobre la salud de los argentinos, tenemos que saber qué pasa en cada uno de estos ambientes. Cómo se brinda la salud, independientemente de quién la esté brindando. En el caso nuestro, el gobernador (Daniel Scioli) ha sido muy claro: Nosotros tenemos que transparentar los sistemas. Tenemos que usar nuestra economía en una forma equilibrada, de manera que los gastos que se generen en salud sean condescendientes con los recursos que tenemos. Así lo hemos hecho, y lo seguimos haciendo. Y hemos tomado una decisión muy importante, que es que todas las adecuaciones arancelarias estén referenciadas a las paritarias que tienen nuestros trabajadores. El 96 por ciento de los recursos que ingresan en la obra social son para pagar prestaciones. Con el 4 por ciento restante administramos los sueldos, los autos, las fotocopias, la tinta, el gas, las doscientas sedes que tenemos en la provincia.
-¿Cómo se hace prevención para la salud?
-Hay grandes capítulos. Hay cosas que se pueden detectar tempranamente, otras que pueden prevenirse. Para que haya prevención debe haber conocimiento, capacitación, formación constante. A una persona no se le ocurriría mover un auto cero kilómetro sin asegurarlo, porque sabe que puede romper el auto, o atropellar a otra persona, y las consecuencias que tiene eso. Lo que pretende la prevención o promoción de la salud es esta toma de conciencia. Tenemos que trabajar sobre los hábitos y las costumbres, llegar a la casa de la persona. Entrar a la familia, a esas cosas del día a día, donde la mamá sabe que si tiene que cuidar la dentición de su hijo tiene que llevarlo al odontólogo. Si logramos que lo haga, después el médico tomará esa conducción y mantendrá a esa familia atendida a través del tiempo.
-Suena más fácil de decir, que de hacer…
-Nosotros lo hacemos desde el momento en el que la mujer está embarazada. La obra social tiene un programa para cuidar a la madre y a su niño recién nacido. A partir de allí, la obra social lo acompañará en la etapa de crecimiento y desarrollo. Lo que pretendemos es cuidar al chico sano, porque de esa manera podemos detectar tempranamente cosas que la mamá no pudo, como un problema de columna, o de visión, o una dificultad con el habla del chiquito, que quizás pasa inadvertida para los padres, pero no para el pediatra, que se las puede hacer notar.
-¿Cuáles son las enfermedades más caras para el sistema de salud?
-El accidente de tránsito es la primera causa de muerte en la población joven. Una causa completamente prevenible, que no sólo se lleva vidas, sino una alta incapacidad, y cuantiosos recursos económicos del país. Después está todo lo que es oncología, sida, hemofilia, y aquello en lo que uno necesita tratamientos muy complejos para poder resolver la sobrevida de esas personas, porque, en estos casos, llegamos tarde. Trabajamos muy fuertemente para lograr calidad de vida. Estos tres capítulos se llevan alrededor del 60 por ciento de lo que llamamos medicamentos especiales. Monodrogas de altísima especificidad y de costos extraordinarios. En línea con lo que dijo la Presidenta, de hacer compras unificadas o con un criterio sanitario, debemos ver cuál es la realidad del país y de los financiadores que deben costear esas enfermedades, y salir a discutir como país, con los laboratorios productores, de cómo se instalan esas monodrogas en la Argentina.
-¿La ley de genéricos limitó los abusos de los laboratorios privados?
-El Estado debe ser un gran regulador. Las cosas se deterioran en el tiempo cuando no hay un marco bien establecido. Yo quiero pararme en esta cuestión: ¿Qué es tener una patente? La patente es fruto de una investigación, de un gran esfuerzo, puesto por un laboratorio. Después, habría que discutir a qué costo tendrían que salir esos productos. O cuando entran en juego monodrogas que son prescriptas cuando aún no han sido protocolizadas por el ANMAT y están en fase de experimentación. Estas cosas generan muchas denuncias. Lo que llamamos judicialización de la salud.
-¿Cómo hacen ustedes para controlar el origen y la calidad de los medicamentos que suministran a sus afiliados?
-Sobre el tema tenemos una experiencia de más de seis años en la provincia de Buenos Aires. Teníamos el problema de que los medicamentos de alto costo viajaban en camionetas, que eran robadas. Esos medicamentos después seguían apareciendo en algún paciente. A veces uno dice que esto es un delito, pero mucho más grave es si se rompe la cadena de frío, o si hay una adulteración de esos productos y se colocan en el mercado, cosa que, como es de público conocimiento, ha sucedido. Por eso la nueva ley, que es un gran aporte del ministro de salud nacional, Juan Manzur, nos alegra muchísimo, porque nosotros desde hace muchos años sabemos desde que sale el medicamento del laboratorio, ya lo tenemos censado, se sabe que es para la obra social IOMA, para el paciente fulano de tal, y tiene que llegar a ese paciente, en la farmacia donde ese paciente dejó la receta. Esa trazabilidad es una realidad para nosotros desde hace muchos años.
-¿Cuál será la gran enfermedad del futuro?
-Sin dudas, la enfermedad coronaria será la primera causa de muerte de acá a 2020. Con dos componentes: muerte por un lado, y discapacidad por el otro. Todo eso lleva a un desorden muy fuerte en la familia, en el lugar de trabajo, y en la economía del país. Son cosas que tenemos que ir resolviendo en forma progresiva. Cuando uno hace una campaña de enfermedad coronaria, de hipertensión o de diabetes, lo que uno pretende es cuidar a la persona, ordenar los recursos y cuidar la economía de un país. Si hay un gran desafío, en la medicina y en el médico, es que todo el accionar de uno esté centralizado en la persona.