Por Daniel Vega

“Minetinense”, responde con orgullo cualquiera que haya nacido en Villa Minetti, Santa Fe. Eso es lo que siente César Ayala, orgullo de pertenecer al noroeste santafesino y por eso siente como una obligación moral transmitir en su música las historias cotidianas que encontró y encuentra en las calles polvorientas de su pueblo. Pueblo que como un padre orgulloso de su hijo le abrió a César las puertas de la plaza principal para presentar su primer disco “Valor natural”.
Aunque es un activo participante de peñas y festivales, César no hace música pensando en la manera fácil de lograr el aplauso. “Los jóvenes tenemos el enorme trabajo de encontrar un equilibrio entre la diversión, la reflexión y la opinión. Siento que el ser músico es un rol que me toca cumplir y busco hacerlo con responsabilidad”.
Tal vez por el diario ejercicio que da la docencia, tarea que el chico ejerce en las aulas santafesinas, siente que cada vez que se para frente al público, es porque tiene algo para decir: sus canciones cuentan historias de gente mí y en lo que le pasa a la gente a mi alrededor. La música tiene como base compartir, porque desde el compartir y establecer diálogos se construye. Yo siento que la mejor manera de construirnos como sociedad es construyéndonos como seres conscientes de lo que le pasa al que está al lado y así saber qué podemos aportar. Entonces trato de que mi música represente la época que estoy viviendo. Y para eso necesito volver siempre con la imaginación o como sea, al lugar donde nací. Porque ahí me encuentro con el que soy y ese que soy es el que me dice qué rumbos andar.
-¿Los músicos jóvenes están inventando una forma nueva de comunicar?
-Lo que tiene de bueno esta época es que las nuevas tecnologías nos permiten una constante investigación sobre ritmos, mezclas y sonidos que se enriquece en el encuentro con lo tradicional. De eso surgen cosas interesantes. Pero creo que es algo que se da en todos los tiempos, que es un rol que le toca a la juventud siempre. Los Chalchaleros, por ejemplo, fueron jóvenes que innovaron y encontraron un estilo que marcó una época. Por eso no creo que en lo que algunos llaman el ‘‘folklore joven”. El folklore que se permite el diálogo con su época nunca deja de ser jóven. Y eso es innovador, antes, ahora y en el futuro. Es otra de las cosas  buenas que tiene el hecho de hacer música, que uno se puede permitir búsquedas que aporten a la propia manera de generar sonidos.
-¿Dirías que sos un músico de folklore?
-Diría que hago música argentina. La música más auténtica es la que nace de nuestras calles, de nuestras cordilleras, de nuestras playas. Es importante entender eso porque es el primer paso para ser consecuente con uno mismo. Más allá de los géneros que se puedan establecer, el folklore agrupa todas las músicas que nacen de los vinculos que se generan entre los compositores y la gente.
Fiesta y bronca de ser joven. Nuestro país es generoso en festivales y la mayoría de los músicos sub 30 los recorren con oído puesto en el calor de los aplausos, tras una ida de éxito frente al público exigente de las provincias. A Ayala, eso no le quita el sueño. Por eso delinea, con mano alfarera y paciencia de hornero, las canciones de su nuevo disco.
-¿Qué es, para vos, el éxito?
-El éxito para mí es compartir una guitarreada con amigos y sentir esa fiesta de emociones dentro de uno. Es volver a Villa Minetti y tocar en el patio de casa con mis hermanos y que se sume el que ande cerca y también viva su propia fiesta interior. Vengo recorriendo muchos escenarios donde la pasé y la paso maravillosamente y donde me sentí muy felíz, pero nada me hace tanto bien como cantar en casa con mi familia.
-Pero el éxito no siempre es una fiesta.
-No, muchas veces, a uno le toca ponerle letra o música a historias dolorosas, pero lo importante es que esas letras sirvan para que se conozcan las necesidades de la gente y lo que hace la gente por lo demás y nadie se entera. Mi chacarera “Valor natural” habla del desmonte, que es un problema grande de mi región. La zamba “Escuela rodante” cuenta la historia de quien fuera la maestra de mi madre, que daba clases en un vagón de tren que llegaba hasta los obrajes y se iba soló cuando lograba que en el lugar quedara asentada una escuela. Pero el éxito no es solamente cantar, sino también el encuentro con la gente, charlar, recorrer la Argentina y saber que más allá del escenario hay gente de la que uno puede conocer sus historias y con la que se pueden establecer puentes. Otra vez: construír