Fotos Pablo Donadío

“Algo está cambiando en esta tierra”, dice Leopoldo “Poli” Martí, el único entrerriano que nació en Mendoza, profesor de la Universidad Nacional de Cuyo, que desde hace un tiempo dicta la licenciatura de músico popular. Resume el sentimiento de los nuevos creadores de una región llena de guitarras, pero también de poesía. Lo dice en Guaymallén, pegado a la capital de Mendoza, al lado de otros creadores cuyanos, Raúl “Tilín” Orozco, Jorge Marziali, del Director Nacional de Arte, José Luis Castiñeira de Dios, y de la puntana Marita Londra.

La constante que rondó esa primera mesa debate, ocurrido a comienzos de septiembre, fue la tensión entre las nuevas canciones cuyanas y las perlas del Nuevo Cancionero, entre lo que hacen los jóvenes hoy y aquello que dejaron en el recuerdo los grandes de la región como  Félix Dardo Palorma, Tito Francia, Damián Sánchez, Buenaventura Luna, entre tantos otros.

Marita Londra salió al cruce de la discusión. Dijo: “Hay que ir primero hacia atrás para luego empezar a crear”. Tilín Orozco, recién llegado de Buenos Aires, frunció la nariz. La miró. Londra cerró con una comparación. “En San Luis los músicos se arreglan solos, si hubiera una escuela o una universidad, la historia sería distinta”, lanzó. Y resumió una idea repetida en otras mesas de disertación: la música crece, pero la poesía no acompaña ese rebrote. Cuando Tilín tomó la palabra, lo hizo de manera decidida: “La nueva canción cuyana se hace y se comparte. Está bien la escuela de música, pero si la tierra te da impresión, estás muerto hermano”, disparó. “A mí calle me dio el contacto con el otro”, completó.

Orozco atacó también la idea de que hay que escribir y componer siguiendo tales o cuales parámetros. Citó a Palorma. “Me dijo usted haga canciones, no le dé bola nadie. Por eso digo que hay que apoyar a la nueva canción ahora, hoy”, tiró casi implorando que los géneros se aproximen para que la canción se salga de sus casillas y aunque no sea cueca, tonada, gato cuyano, sea canción igual. “Se rompió el molde de los grandes de Cuyo y tal vez sea cierto que no van de la mano la música con la letra, pero estamos aprendiendo. Mientras andamos y tocamos estamos haciendo la nueva canción”.  Dijo que las canciones nuevas tienen que estar a la par de las canciones clásica del cancionero de la región.

José Luis Castiñeira de Dios, Director Nacional de Arte además de un músico creativo que rompió moldes y lo pagó, primero con el desprecio y luego con el exilio, dijo que en el contexto de la casi nula difusión del folklore en televisión y radios, en diarios y revistas, la escuela es el único difusor del estado y a eso tiene que apuntar el arte. Se la dejó picando a Jorge Marziali, que recogió el guante: “Tenemos que crear un nuevo público para las nuevas expresiones folklóricas y eso tiene que empezar a ocurrir desde la escuela. Se tiene que llevar a los chicos al teatro, a escuchar música y hay que aplicar eso como parte de la currícula”.

Tirón de orejas para los alumnos de la carrera, que se acercaron de forma tibia a las aulas del Centro Cultural Julio Le Parc, el moderno y lujoso lugar que ofició de epicentro para las mesas debate, las charlas, los cruces, las muestras de fotografía,  los homenajes y los espectáculos de este encuentro organizado por la Secreatría de Cultura de la Nación, en colboración con la Universidad Nacional de Cuyo.  

Desde la tribuna volaron algunas preguntas. Sebastián Garay, compositor y alumno de la carrera, preguntó por qué SADAIC les paga tan poco a los compositores. El representante de la sociedad de intérpretes respondió de mala gana por pedido del moderador. “Me parece que sos injusto. Por qué no te acercás a la oficina y te damos esa información”, tiró. 

Martín Castro, guitarrista, cantante y compositor, reflexionó: “Tenemos que ayudarnos los unos a los otros. Aunque no nos apoye el estado tenemos que hacer nuestras canciones. “Hay que hacerlo, claro”, reforzó Tilín desde la mesa, para darle un buen cierre al primer día de debate.

La primera jornada del encuentro mostró, a la noche, lo que a la tarde insinuó: las nuevas canciones de Cuyo. En el hermoso auditorio del Julio Le Parc abrió la noche Sandra Amaya, ella solita con la caja y un repertorio andino, el costado menos explotado de la canción cuyana. Un centenar de personas la oyen con un silencio que rompe el llanto de un bebé. Hace sus cuatro canciones y se va, pero alguien murmura “otra”. Martín Castro, el músico que la sigue en la grilla, azuza a la gente. “Pidan otra si quieren otra”. Y entonces canta Sandra –cuenta- la historia de San Vicente, un pueblo mendocino donde hacen llover bailando, en la canción “El caluyo del desierto”. La gente la despide con un aplauso que suena a caricia.

Corazón guitarrero es un trío mendocino de 20 cuerdas, con dos guitarras de siete (Federico Chavero y Joaquín Guevara) y un mensaje. “La guitarra cuyana es técnica, no pirotécnica. El canto nuestro comulga con la palabra”, resume Martín Castro, el hombre a cargo de la criolla. Cantaron canciones propias (la sensible “Rocío”) y obras de Santos Flores y Pedro Palacios (de San Luis). Delicados, los pibes no sólo son virtuosos, también tiene algo para decir: “Tocamos la guitarra desde la palabra”, dicen, como para presentarse. Con voz femenina, se hicieron dúo (Nosotros dos) para cantar Soltando coplas (Orozco -Barrientos) y una obra bellísima de Roberto Roldán (La enredadera y el ceibo).

A ellos les siguió Círculo Mágico: 10 músicos en escena comandados por el profesor Polo Martí demostraron que sólo de guitarras vive Cuyo; también se puede orquestar un aire de tonada, o tocar “La tejedora”, un huayno de Marcelino Azahuate. Del mismo autor tocaron “Madre y sol”. Lo hicieron gracias a la cualidad vocal de María Eugenia Fernández, una joven de voz potente y afinada. Hacia el final, a tres voces femeninas, mostraron “Tonada mágica”, una obra nueva de Jorge Marziali. 

El final lo puso el dúo que es hoy la cara de la renovación musical mendocina (y tal vez lo sea de todo Cuyo): Orozco – Barrientos. Los locales, profetas en su tierra, arrancaron palmas sin pedirlas y descorcharon la botella para ofrecer las canciones de “Tinto”, su tercer disco, colmado de eso que pedía el encuentro: obras del nuevo cancionero cuyano. De ahí cantaron un homenaje a la tierra de Leonardo Favio en Pa´ las catitas, Póngale por las hileras y La Refranera (ambas de Félix Dardo Palorma), El amor puede salvar, además de canciones ya clásicas (Los ojos del amor) de un repertorio que se muestra como lo más elevado de la región. 

Día dos: dónde está Cuyo hoy

“Los cuyanos quieren conquistar Buenos Aires en un fin de semana”, dijo el músico Charly Guzmán que dijo Armando Tejada Gómez para resumir la intención. Lo dijo porque sigue viva esta idea: un artista se recibe como tal cuando llega a Buenos Aires o cuando se apodera de la atención de los festivales nacionales que han corrido a la música cuyana del espectro nacional por resultarles poco estridente, demasiado intimista para el “palma, palma”.

 

El lugar de la música de esta región en el país es lo que se discutió este segundo día en Mendoza. “La música cuyana sí necesita prensa, no como la chacarera, que ya camina sola”, analizó Guzmán. Lo cierto es que desde que Antonio Tormo inició el desembarco en la gran ciudad para batir el record (que aún ostenta) de ventas de discos, la región no volvió a tener una masividad que la proyecte a la Nación.

 

Sandra Amaya analizó por qué la región asoma tibiamente en el país. “En Cuyo nos quedamos en el tiempo cuando el folklore es dinámico, cambia todo el tiempo. Por eso hay que liberar el espíritu sin pensar tanto en la industria cultural. Las expresiones espontáneas no tiene lugar en los grandes festivales”. Y abrió un interrogante cuando sentó su camino: dijo que ella no aspira a cantar en un gran escenario, sino que busca “compartir lo que se tiene en el alma”. Por eso, dijo la cantante, “cuando llegue a cantar en un festival grande voy a ser la misma que canta en mi casa”. “Pero eso no hay que reclamárselo al Estado”. Y dejó su definición más fuerte: “No tenemos que tener miedo de que la música cuyana se convierta en otra cosa que no sea una cueca, un gato, una tonada”.

Marcelo Simón asintió con la cabeza casi toda la exposición de Amaya. Y después tomó la palabra. “Por suerte estamos en esta diversidad, donde hay artistas masivos y donde también hay un grupo de artistas que se está haciendo de culto”, le respondió al mediador, que consideraba negativa tal división.

Y se hizo un lugar para realzar la actualidad compositiva nacional. “Nunca nos fue tan bien como ahora en el cancionero popular argentino: no están los grandes poetas de antes, pero hay otros y la gente los quiere escuchar. Hay una gran cantidad de creadores que sabe cómo moldear esta arcilla del canto popular”, cerró Simón, maestro de ceremonias de Cosquín y director de la FM Nacional Folklórica 98.7.
      
El músico Pablo Budinni también formó esta mesa: “Por cada mendocino, hay 100 santiagueños en Buenos Aires, mil correntinos, 200 salteños”, dijo. Y puso blanco sobre negro en la comparación con la chacarera: “Lo importante es hacer, producir, no reclamar tanto, sino producir más, porque a veces lo que uno hace se impone. Si llegamos a verlo, buenísimo y si no, no hay problema. Lo importante es llevar nuestro paisaje adonde vayamos.” El moderador, Juan Lucangioli, dijo que se está buscando, en los grandes escenarios, un cambio. “Se pretende un contacto más humano, salas más pequeñas”.

El último de los oradores fue Fabián Matus, el hijo de Mercedes Sosa y de Manuel Oscar Matus, figuras del Nuevo Cancionero -que este año cumplió 50 años de su creación. “Hay que ponerse las pilas con las composiciones: ya no es interesante escribir sobre los problemas amorosos. Si lo de ustedes es el amor –les dijo a los compositores jóvenes- que sea el amor a la tierra, el amor por las causas justas, para que la canción sea un wwwimonio de su tiempo”. Y dijo que el plan para difundir  debería ser la invasión cultural. “Tomar una ciudad, hacer ciclos bimestrales con voces nuevas, con las nuevas canciones cuyanas. Y en eso hay que sumar voluntades interdisciplinarias, pintores, poetas”. Y dijo que hay que acudir al Mercado de Industrial Culturales de Argentina (MICA) para acceder a las facilidades que da el estado para la producción de obras musicales y artísticas en general.

El cierre del segundo día también fue con música: el flautista salteño (radicado en San Juan) Juan Carlos Liendro, los puntanos de Los Guzmán, más Salvador Gómez y el Dúo local Romero-Budini calentaron el ambiente para que otro local, Jorge Marziali, se aliara con la entrerriana Martia Londra (radicada en San Luis) en el epílogo de un encuentro en una región que aprovechó para mostrar lo más fresco y desprejuiciado de una música que está viva: anda, cuenta, aprende y, sobre todo, sale a cantar.