La realidad es que hay que vencer un prejuicio, pero muchas comunidades ecológicas del mundo ya usan la orina como fertilizante orgánico, ya que contiene nutrientes que son muy útiles para las plantas, en especial el nitrógeno y ácido úrico, potasio, magnesio y calcio.

Pero también la orina contiene restos de medicamentos, y su composición varía en función de muchos factores, como la dieta, posibles enfermedades o el tipo de agua que ingerimos. En lo que respecta a microbios, tiene menos con respecto a la saliva y las heces. Si procede de una persona sana es perfectamente utilizable, pues no tiene virus o bacterias y es biodegradable.

El uso de la orina como fertilizante de las plantas es una práctica ecológica real y aconsejable. Actualmente, por ejemplo, los estudios buscan determinar si existen determinados restos de medicamentos que puedan acabar llegando a los alimentos y, por lo tanto, entrar en la cadena alimentaria.

Al margen de estos aspectos, puesto que se considera un abono seguro, incluso la Organización Mundial de la Salud cuenta con directrices para su uso en la agricultura y proliferan los experimentos y proyectos no solo en huertos urbanos o jardines privados sino también en cultivos intensivos y en jardines públicos.

Eso sí, con respecto a estos últimos, se agradece la contribución ciudadana realizada a través de urinarios públicos, como los que existen en Amsterdam lo tienen claro. La Alcaldía de la ciudad holandesa recolecta orina para luego usarla para abonar sus jardines y emprendimientos agrícolas.

El uso de grandes cantidades de orina procedentes de muchas personas precisa de un tratamiento especial. Por lo general, se almacena a temperaturas altas durante varios meses para generar amoniaco para aumentar el Ph. Es así como se reducen los patógenos, y los resultados pueden ser muy satisfactorios. Un grupo de ambientalistas de Vermont, en Estados Unidos, llevaron a cabo un proyecto con el Rich Earth Institute para su uso en unos cultivos de heno que pertenecía a una granja.

Con la orina de más de 170 voluntarios se llenaron cisternas y se sometió a este tipo de tratamiento. El objetivo era aprovechar sobre todo el nitrógeno y fósforo que obtenemos de los alimentos para devolverlos de nuevo al campo, evitando gastar grandes sumas de dinero en fertilizantes sintéticos, finalmente, se observó un importante aumento de la productividad.

Si queremos usar orina en nuestro jardín o huerta, las recomendaciones más habituales se refieren a su dosificación. Además de vigilar que procedan de personas saludables, es importante hacerlo solo a nivel casero.

Lo incorporaremos al suelo, mediante riego. Evitemos la aspersión, pues las partículas quedarán en el aire y será desagradable, además de perderse parte del nitrógeno. A su vez, mejor diluirla, una quinta parte en plantas adultas y una décima parte para plantones o semillas.

A parte de fertilizar, puede utilizarse como fungicida y para acelerar el compostaje. Su riesgo microbiológico es muy bajo, y se precisa tener un equipamiento tecnológico básico, pues es necesario que la orina idealmente debería estar pasteurizada si queremos usarla en cultivos agrícolas, y que el mejor momento de aplicarla es un mes antes de la cosecha. De esta manera estaremos logrando una agricultura natural y sostenible.