El último verano se quemaron en La Pampa más de un millón de hectáreas, produciendo uno de los desastres naturales más grandes de la historia de la provincia. Aún con grandes regiones que permanecen afectadas, en las últimas horas unas 2500 hectáreas ardieron cerca de la localidad La Adela. Al perecer un productor rural local habría iniciado el fuego, en una práctica que fatalmente es habitual, y que se le habría descontrolado.

El Intendente de La Adela, Juan Barrionuevo, aseguró a la prensa que el incendio “aparentemente fue provocado” por un productor rural. Las llamas afectaron al menos a 2500 hectáreas y en las últimas horas los brigadistas lo tendrían controlado. Quemar pastizal es un práctica habitual entre la gente del campo, para asegurar que el forraje crezca con más fuerza. Lo cierto es que debido a la frágil situación climática es una acción muy peligrosa que se desaconseja, un mínimo cambio de viento puede provocar el descontrol de las llamas. En una provincia en donde más de la mitad de su superficie quedó bajo las llamas, quemar pastizal con días de calor es una decisión inadecuada.

Para el Intendente el incendio “no fue natural sino que supuestamente habría sido provocado por un productor rural que inició una serie de quemas ilegales y el fuego se le escapó“. El fuego creció en dos focos, uno en la zona de La Adela y otro en Cuchilló Có, este último todavía no habría podido ser controlado. El director de Defensa Civil advirtió que los productores no cumplen con su trabajo de mantener las picadas, “son muchos productores los que no cumplen con la ley y no limpiaron sus picadas, y estamos enviando intimaciones para que realicen las tareas en sus campos”, las picadas hacen las veces de cortafuegos ante una situación de incendio.

“El tema de las picadas que sirven para evitar los incendios viene mal en La Adela y en la zona, muchos productores todavía no limpiaron sus campos en la parte interna”, anticipó preocupado Barrionuevo. La inminencia del verano pone en riesgo de incendio a toda la provincia. El temor mayor es que uno de estos incendios voluntarios derive en un desastre como el del último verano en donde además del millón de hectáreas, se quemaron 1000 kilómetros de alambrados y murieron 1500 cabezas de ganado, provocando daños de más de 1000 millones de pesos.