La pulpería Los Ombués recién abre a las cinco. Se llega con tiempo a Capilla del Señor, se pasa por la oficina de turismo frente a la plaza, se recibe un cd que va dando las indicaciones del camino en tiempo real. Se toma una calle de asfalto y un poco más adelante pasa a ser de tierra. El paisaje está lleno de árboles diferentes y tiene ondulaciones: por momentos se parece al de la campiña francesa. Después se cruza un haras, la ruta, el aeroclub. Durante medio minuto suena en la radio “Rasguña las piedras”. Se apaga la radio. El sol empieza a bajar en una tarde perfecta, en una de las primeras tardes de invierno.

Una mujer especial.
Doña Elsa tiene fama de ser mujer de pocas palabras. Doña Elsa es la pulpera. A las cinco en punto llega una camioneta y tres hombres descargan mercadería en un galponcito. Para no quedar como porteños ansiosos, se toma sol, se pasea por la cancha de bochas, y también por la de fútbol. A eso de las cinco y media, se entra, se dice buenas tardes, se le pide a Elsa una cerveza. “¿Ustedes son los de la revista El Federal?”, retruca con velocidad. “Sí, somos nosotros. Si no hay problema nos gustaría sacar unas fotos y charlar con usted un rato”. Cuando Elsa se presenta y da la mano a través de las rejas, mira fijo a los ojos. Enseguida se comprende que se trata de una mujer especial. Elsa dice que ahora no puede charlar porque está atendiendo. No hay problema porque no hay ningún apuro.
El almacén es un éxito. Está lleno de familias de paisanos que van a hacer las compras. En el boliche hay dos secciones. La de almacén y la del despacho de bebidas. La mayoría compra fideos, alguna lata. Es probable que llevan la provista para armar un puchero o un guiso. Afuera se escucha a los pájaros, una cosechadora a lo lejos, un toro balando. El sol empieza a bajar más rápido y se filtra entre los ombúes. A los ombúes los paisanos le dicen “los ombuses”. Y así es como llaman a la pulpería, una de las más antiguas del país. Hay que aclarar que no es la típica pulpería que recibe a turistas. Es una pulpería auténtica, que funciona como almacén de ramos generales y como punto de encuentro para los habitantes de Gobernador Andonaegui y su zona de influencia. Todos los que llegan saludan con un buenas tardes. Es un lugar bien campero.
Tres niños juegan y se trepan a los ombúes. Se toma una cerveza y se come una picada de queso, salame y mortadela. Nicolás (10) y Micaela (9) cuentan que van a la Escuela 10. Nicolás es de Boca y del Barcelona. Micaela en cambio es de River y es buena atajando. “Mi hermano no puede hacer ni un gol”, cuenta y sonríe. Dicen que la ciudad de Buenos Aires es linda pero que hay mucho tráfico. Acá es tranquilo pero por suerte para los pulperos los clientes entran y salen sin parar.
Ya es de noche cuando unos muchachos juegan unos partidos de pool. Un hombre llamado Jorge ayuda a Elsa con el despacho. “Jueguensé un partido más y después cierro”, les comenta Elsa a los del pool. Es que va a cerrar temprano, porque va a ir a un velatorio. En general, “la pulpería sabe quedar abierta hasta la medianoche”. Poco más tarde, una mujer habla por el teléfono público y Elsa cuenta que se llama Inzaugarat y que su abuelo vasco-francés llegó en 1905, que Jorge Rossi es su marido y que se criaron juntos en este mismo lugar, que fueron a la escuela 10 y que le encanta su trabajo. 
Como buena pulpería de ley, Elsa tiene una pila de cuadernos interminable donde lleva las cuentas del negocio. Las cuentas son los fiados que le da a los clientes. Elsa funciona como un banco y todos la quieren y respetan. Jorge se pone de buen humor cuando se lo hace posar para las fotos. Y se quiebra cuando se le dice que pronto va a salir una nota sobre las islas de las Lechiguanas, en Entre Ríos. El hombre anduvo hace poco de pesca por la zona y no puede creer la coincidencia. Es hora de despedirse hasta la próxima.

Más info: www.exaltaciondelacruz.gov.ar / capillaexaltacion.gov.ar / (02323)491-347