Amó todos los materiales, era un gran tallista en madera, un extraordinario escultor en piedra y durante dos décadas se enamoró de la cerámica y sus diversas técnicas. Sus piezas esmaltadas en blanco con finas policromías, realizadas con la antigua técnica japonesa “Rakú”, nos recuerdan a su admirado Luca Della Robbia, el gran ceramista florentino.
Mariano Pagés nació en San Juan, el 6 de enero de 1922. A los 15 años se encontraba en Mendoza, estudiando en la Escuela Provincial de Bellas Artes, donde egresó en 1946. Durante cinco años siguió a rajatabla las enseñanzas del genial Lorenzo Domínguez, en los cursos de la Universidad Nacional de Cuyo. El maestro influyó notablemente en sus primeras obras, pero con el paso del tiempo logró su imagen personal. “El tenía conocimientos muy profundos del mundo de las artes, nos guiaba por caminos que cada uno de nosotros tenía que trazarse; cuando hacíamos algo era una conquista propia”, recordaba.
Siendo estudiante comenzaron sus envíos a los salones de arte, y también sus primeros premios, llegando a lograr el Primer Premio en el Salón Nacional en 1958 y el Gran Premio de Honor en el mismo certamen cuatro años después. De joven tuvo el gran placer de hacer una escultura para una plaza pública de Mendoza, que es el Monumento al Cacique Guaymallén, compuesto por tres figuras de 3 metros de altura talladas en piedra, que le consumieron dos años de trabajo.
En 1955, ya casado con Nené, con quien tuvo a sus hijos Beatriz y Pablo, se mudó a Buenos Aires. Sus exposiciones en galería Wildenstein eran un placer, todos los materiales estaban presentes: madera, mármol, alabastro, cerámicas. También le gustaba trabajar en un mármol negro belga y en granito y arenisca.
En 1960, gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes, viajó a Europa, recorriendo España, Portugal, Francia, Italia, Alemania, Suiza e Inglaterra, y visitando museos y galerías. En 1966 realizó un estupendo mural de madera de pino de Oregón de 4 x 8 metros para el Hotel Provincial de San Juan, dictaba por entonces cursos en la Universidad Sarmiento de dicha ciudad.
Pagés sostenía: “todo es hermoso si está bien hecho”, fuera figurativo o abstracto, eso no le importaba. Fue un artista de gran éxito y con una imagen muy personal, manteniendo siempre un lenguaje figurativo “por la simpatía que me inspiran las formas orgánicas. Me conmueven los rostros de la existencia; y mi intención es difundir, cuando puedo, la chispa de la vida a una escultura”. Sus tiernas figuras femeninas parecían la misma niña en distintas edades o actitudes. Su toque personal las convertía en “niñas de Pagés”.  Falleció en Buenos Aires, el 18 de diciembre de 2009.