Se trata de un cacique asesinado en el ingenio Ledesma en 1924, otro asesinado en el ingenio La esperanza en 1906, y otro asesinado en 1887 por los soldados del Coronel Fontana.

“Es sintomático de cómo se armaban las colecciones de líderes originarios que el Perito Moreno exponía en el Museo de La Plata. Hay numerosos casos de líderes asesinados y fusilados que son apropiados para realizar esta colección de Trofeos de Guerra para demostrar la supremacía blanca de la generación del 80“, explicó a Télam Fernando Miguel Pepe, antropólogo del Instituto Nacional de Asuntos Indigenas (INAI).

Y remarcó que “ese criterio supremacista abona el racismo impuesto hasta la actualidad donde nos encontramos que el pueblo wichí es uno de los que más sufre con la pandemia”.

“Todos los males estructurales que venían sufriendo los wichí se agravaron a pesar del esfuerzo extraordinario que el Estado Nacional está realizando y es que no se puede revertir un siglo de opresión genocida rápidamente“, reconoció y destacó que es “necesaria una reparación integral” a este pueblo, y en ese marco “restituir a los fusilados es un paso en ese sentido”.

Los restos óseos de los tres hombres figuran con número de inventario en el Museo platense:

Esqueleto Nº 1773, asesinado por los soldados del coronel Fontana en 1881. Colección Spegazzini”, se lee en uno de los restos.  En otro de los hombres consta que se trata del “cerebro de un Cacique Wichí, Nº 6847″, quien tenía 40 años cuando fue “asesinado a tiros, el 11 de julio de 1921, en la calle principal del ingenio Ledesma”, según registra el médico alemán Roberto Lehmann-Nitsche en su libro Viajes, de 1921.

El tercer wichí es el “esqueleto Nº 1774- Indio Mataco (mataco significa animal de poca monta o insignificante en castellano antiguo), masculino, Chaco Occidental, de quien se sabe que murió a principios de 1906 en San Pedro de Jujuy, y que fue desenterrado por el doctor William Paterson, médico del ingenio La Esperanza, en San Pedro de Jujuy, quien conocía personalmente al hombre.

Octorina Zamora, representante de la comunidad Kajianteya, dijo a Télam que “nuestros antepasados tienen que volver a su tierra, ellos eran y son gente que deben cumplir su ciclo de vida, nacer, crecer, morir y descansar en su territorio, si no el alma no descansa. Ellos, espiritualmente, están sufriendo”.

Con la aprobación de hoy, restará hacerla efectiva, y se prevé que eso ocurrirá el próximo 10 de diciembre, en el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos. Los tres hombres serán enterrados en Embarcación, Salta.