Una de las imágenes que se repiten durante el último tramo de la travesía de la Ruta Azul son las manadas de guanacos que, a un lado y al otro del camino, corren, saltan alambrados y se parapetan para mirar al vehículo si se detiene para fotografiarlos. Es una sensación de libertad admirarlos cuando trotan y pegan el salto. Tienen elasticidad, son ágiles y veloces. Y los chulenguitos (las crías) son un amor. Sin embargo, para los habitantes de la región en los últimos años el crecimiento demográfico del camélido americano silvestre les ha generado más de un problema. “Las dos primeras muertes que se registraron en el primer día de 2011 fueron accidentes automovilístico, productos de choques contra guanacos”, explicó el intendente de San Julián, Nelson Gleadell en diálogo telefónico con El Federal. La misma conversación se había desarrollado durante el primer Rally de Autos Clásicos que se realizó a fines de abril sobre la Ruta Azul. Algunos de los pilotos y navegantes, en un 70 por ciento residentes en la región, expresaron su preocupación tanto por los accidentes como por la producción ovina que compite con los guanacos. Y en ese marco, había cierta expectativa sobre cómo contener al guanaco que es un animal silvestre y que está protegido por ley. “Hay escritos de los libros contables de las estancias pioneras hacia 1850 en los que se dejaba registro de cómo una manada de 400 guanacos tiraba abajo un alambrado”, recuerda el jefe comunal de San Julián, al explicar por qué un alambrado olímpico quizás no resolvería nada, sino por el contrario, al abalanzarse contra él, sería hasta un doble problema, hacerlo de nuevo, por el gasto y por el trabajo. 
Gleadell, quien lleva siete años en la comuna, contó además que dentro de las costumbres de campo era tan común hacia 1980 la caza del “chulengo” por la comercialización del cuero, que llegó a diezmar la población. Dado que el guanaco adulto es más diestro y hábil que los pequeños, por ende, más difíciles de cazar y la gente de campo terminaba atrapando a las crías. De esta forma, cazar las crías significó una reducción notable en su población. Hacia los años 90, el Consejo Agrario Provincial –recordó el intendente- se incorporó al Comité Internacional de Protección de Especies (Cities) para comenzar a analizar la situación en la región central de la provincia.
Desde San Julián “comenzamos a trabajar con tres ejes: La seguridad en la ruta; renovar un circuito virtuoso, y que la decisión que se tomara redundara en beneficio para los productores ovinos de la región”,  explicó el jefe comunal.

La plaga. De esta forma, Gleadell alega que si bien muchos creen que el guanaco es una plaga, “falta conocer muchos más datos para que se pueda definir como tal”, aunque consideró que su crecimiento es notable y se estima que un macho come lo que dos o tres ovejas utilizan para alimentarse. Hacia 2009 su población alcanzaba los ocho mil guanacos por cuatro mil ovejas en un campo. En la zona de San Julián, Caleta Olivia y Río Gallegos, un conteo estableció una taza de crecimiento del 17 por ciento. “Lo que significaría que en dos años, podés llegar a tener 1.340 000 animales, el 50 por ciento del ganado ovino de la provincia. A este ritmo -destacó Gleadell- hay temor de que en algún momento haya más guanacos que ovejas”. Frente a la competencia de este animal con la oveja, también está en consideración pues es una especie silvestre y autóctona que, quizás al no tener depredador, lleve las de ganar en cuestión de crecimiento de la población. El intendente fue claro al definir la estrategia: “La idea es controlar y NO diezmar”, dijo.
Y en ese marco explicó el “Plan Piloto” que se desarrolló utilizando el frigorífico local, con el ciclo productivo completo desde los cortes de carne hasta el filet embolsado.
Se trabajó junto con el gobierno provincial, el Senasa, el Consejo Agrario, la intendencia y se realizaron dos faenas en noviembre y diciembre de 2010.
¿El resultado? Los cuatro guanacos faenados se pusieron a la venta en las góndolas de tres carnicerías que se mostraron interesadas en la prueba, bajo estricto control bromatológico y la gente compró todo. Entre 7 y 10 pesos el kilo de carne de guanaco mientras que la vaca ronda los 40 pesos en promedio. Hubo para todos los gustos: lomo, cuadrada, en lonjas, ahumado. Además, los estudios determinan que la de guanaco es una carne magra, sin grasa en medio de los músculos. Quizás el mayor secreto está en cómo cocinarla para que se comporte como la carne de vaca, pues donde se pasa queda dura. Los hacedores del Plan saben que la tarea es compleja. Y se conoce una experiencia productiva con guanacos en el oeste chubutense, donde la familia Mazquiarán ha desarrollado el Proyecto Guenguel en Río Mayo (Chubut). Lograron esquilar guanacos y hasta diseñar una descerdadora en Europa, con la que logran tejidos especiales. El pelo de guanaco es considerado una fibra semi preciosa y el resultado son tejidos premium. Desde telas hasta sombreros. La apuesta es fuerte.