Gracias a cambios macroeconómicos y al fortalecimiento del MERCOSUR se han manifestado cambios importantes en los hábitos de consumo de la población y en el destino de la producción. La instalación de empresas elaboradoras de papas fritas precongeladas en el sudeste de la provincia de Buenos Aires se incrementó de forma importante a la demanda de papa en los últimos años, llegando en la actualidad a valores del 35-40% de la producción del sudeste bonaerense.

La producción de papa en Argentina se fue desplazando geográficamente cambiando la importancia relativa en cada región. Las características de fertilidad del suelo y las condiciones climáticas favorables para el almacenamiento en campo convirtieron al sudeste bonaerense en la principal región productora del país.

Hacia principios de la década del 90’ el destino de la producción papera se orientaba casi exclusivamente al consumo interno y principalmente en estado fresco. Solo del 8% al 10% del total se destinaba a la producción de semilla y el comercio exterior era casi nulo.

Actualmente la producción de papa se ve seriamente afectada por la presencia de herbicidas residuales en los suelos de los campos que fueron destinados a otros cultivos previamente, principalmente aquellos que fueron tratados con herbicidas de las familias de las sulfonilureas e imidazolidonas. Los productores paperos que arriendan los campos se encuentran con perdidas de hasta el 100% de los cultivos debido a la presencia de estas sustancias en los suelos que impiden el desarrollo de las plantas.

Los herbicidas del grupo de las imidazolidonas y sulfonilureas aplicados en pre y post emergencia eliminan un amplio número de malezas de hoja ancha y algunas gramíneas. A partir de la aparición de estas sustancias aumentó el uso de los herbicidas post-emergentes en soja. Las imidazolidonas, aunque químicamente difieren de las sulfonilureas, comparten el mismo sitio de acción y muchas propiedades, como es el comportamiento en el suelo y muy baja toxicidad en los mamíferos. Estos herbicidas se absorben foliarmente y a través de las raíces. Las rotaciones y alternancias de cultivos de maíz y papa pueden ser afectadas por residuos de Imazetapir y Clorimuron y además causar problemas de fitotoxicidad similares a los asociados a las sulfonilureas, si no se tiene en cuenta el manejo de estas sustancias.

Varios herbicidas pueden permanecer activos en suelo por semanas, meses o años. Esto puede ser una ventaja y asegura control de malezas a largo tiempo. Sin embargo, si el herbicida permanece en el suelo mucho más tiempo que el esperado puede dañar a los cultivos sucesores que sean sensibles y también a diferentes especies de pasturas que se quieran sembrar en los años subsecuentes.

Por ejemplo el Clorimurón es utilizado en trigo y cebada, pero puede permanecer activo en el suelo por varios años y así dañar a gramíneas y leguminosas. El Imazetapir es utilizado para el control de hierbas anuales en soja y otras legumbres que incluyen arvejas y porotos, así como en maíz resistente a las imidazolidonas.  La preocupación principal se debe a su persistencia en el suelo y su  transferencia a cultivos sensibles crecidos en rotación. El Imazetapir es activo tanto en el suelo como en el follaje y puede ser aplicado presiembra, preemergencia o postemergencia. Fue rápidamente aceptado como una herramienta primaria para el manejo de malezas en varios cultivos. Otro principio activo que es usado actualmente para el control de las malezas es el Imazamox, también pertenciente a la familia de las imidazolidonas y con el mismo potencial de perjudicar otros cultivos en rotación.

El verdadero problema de los productores es la dificultad para identificar los residuos de herbicidas antes de que puedan causar un problema. Actualmente, estamos limitados para predecir la residualidad de un producto basados en la información provista en el rotulo sobre el tipo de suelo y el clima. Los residuos de herbicidas están a menudo en muy baja concentración para ser determinada por los análisis químicos convencionales, y si se puede detectar muy pocos laboratorios estén en condiciones de ofrecer el servicio.

Por otro lado una vez que el cultivo ha emergido, el diagnóstico es difícil debido a que los síntomas de daño por el herbicida residual puede confundirse con deficiencias nutricionales, stress o enfermedades.

Todo esto muestra que existe un gran problema en el sector papero ya que no se dispone de una técnica y de valores de referencia de residuos previos a la siembra, con lo cual hay una disminución en la eficiencia productiva de los sistemas agrícolas de la región. Por esta razón es fundamental el rol de laboratorio de análisis de suelos quien puede informar al productor antes del arrendamiento de un campo si este será apto para el desarrollo de su cultivo o no.