Su madre es de los llanos riojanos y su padre es de la Sierra de Argañaraz, que va desde Chepes hasta San Antonio, el lugar donde nació el caudillo Juan Facundo Quiroga y Argañaraz, pariente de este otro Argañaraz, Daniel, tan riojano como hombre de La Matanza, con lo mismo de greda que de barro del conurbano bonaerense: la hoja de albahaca y el Camino de Cintura, la chaya de la infancia y el Almirante Brown de sus amores.   

“En este disco se encuentran Chepes con Isidro Casanova”, avisa el hombre sobre La liberación de los sueños, su cuarto disco, con manufactura propia en letra y música y con dosis de folklore y música urbana. “El primer disco (Honores, 2006) tiene que ver con el último, con pertenecer a dos lugares diferentes y mamar ambos. Ese es el folklore que hago yo. Esto es lo que grabé ahora. Tal vez mañana haga un disco con bandoneón, guitarra y bombo. Me siento libre haciendo una zamba en tiempo de blues, pero también tocándola con bandoneón. No tengo demasiado rollo con la música. Me gusta hacer lo que tengo ganas. Me siento un cantante de propuestas, no de prowwwa.” 

 

En los años 90 la bendita Convertivilidad se llevó puesta la fábrica de calzados de la familia. Pero Daniel no sabe frenar. Con los jeans gastados hacían capelladas y morrales que vendía en dos cuotas con Claudia, su mujer, sin recibir jamás el pago de la segunda cuota. Así la pasó, mientras le germinaban canciones y tonos de guitarra. Después, armó un puesto en una feria, que fueron dos y luego tres, hasta 2005, cuando no pudo resistirse más al destino: ganó revelación en Cosquín, dejó el puesto de la feria, se desprendió de la fábrica y abrazó la guitarra: hizo nacer un mar de canciones.  

“Yo vengo del palo del rock, tenía ganas de hacer folklore porque es lo que me gusta. Toqué con Los Piojos, con Divididos, con Caballeros de la Quema, con Bersuit (es amigo de El Cóndor y de Pepe Céspedes), pero me siento cómodo haciendo lo que tengo ganas de hacer. Yo amo al folklore y quiero acercar a la gente a esta música. Jamás dije que era folklorista. Soy un tipo que dice cosas”.

En las canciones están sus días.  Está la casa de sus viejos, está el drama de 2001 y está el hoy. “Me ponía bolsitas de nylon en los pies cuando llovía, para no embarrarme”, revela. Una vez lo invitó un profe a cantar a El Coliseo. Tenía 17 años y eligió vestirse de blanco con zapatos negros. Recién en la foto reparó en su error: estaban los zapatos llenos de barro. Eso también lo volvió canción.
 
“La sed no aguanta a mañana es una canción rockera, amplia, de querer hacer un poco más. Me siento cerca de lograr un sonido propio. Me he metido en un mundo donde casi todo está establecido. En el folklore alguien explota recién a los 10 años de carrera, como le pasó a Abel Pintos. Yo voy por el noveno año y estoy ahí, tirando para no aflojar, porque soy un artista independiente gracias a Dios”. Dice el gracias a Dios y deja un silencio.

-¿Por qué gracias a Dios?
-Cuando trabajé con una compañía discográfica fue en mi disco anterior (“Un grito en el cielo”, su trabajo más folklórico, de 2010), me preguntaron: “¿Qué tenés para ofrecer?”. “Canciones”, les respondí. “No, no, algo más”, me insistían, porque querían carne podrida. Un año le llevó la desvinculación. “Y ahora me siento libre para hacer un montón de cosas”, dice.    

 

“La música tiene que ver con uno. La composición tiene que ver con las ganas de decir. Y lo quiero decir lo digo desde distintos ritmos. Las letras nacen con un ritmo. Y la gente escucha y aplaude con un aplauso que es para un tipo que viene a decir cosas. No es el aplauso que sale después de Puente Carretero. Pero, como dice Obi Homer, estamos para dar. Y eso hacemos”.

Mirá el video de “Hay Palabras”, del último disco de Daniel Argañaraz en:
http://www.youtube.com/watch?v=ekyYd8eNuFY

Más Info:
Viernes 15 de junio a las 21 en el Teatro Del Viejo Mercado, Lavalle al 3177, Abasto.
Con invitados: Mónica Abraham, Ángela Irene, la riojana Jessica Rezzi, Miguel Roldán (cantor aficionado), Carlos Cabral (ex Los Carabajal), Los Carabajal.