Por Leandro Vesco

El Noroeste de la Provincia de Santa Cruz guarda paisajes pocos conocidos y únicos por su belleza y soledad. Allí se unen la desolación, con accidentes geográficos maravillosos y caminos sinuosos que producen la sensación de estar transitando lugares en donde jamás pisó el hombre. Tierra de historias y leyendas, el Camino del Zeballos es una invitación para vivir una aventura soñada.

La Ruta 41, también conocida como el “Camino del Monte Zeballos”, combina paisajes inhóspitos con formaciones rocosas que asemejan un paisaje lunar, aquí se siente que se está en el fin del mundo, en esa Tierra Incógnita que hechizó a los pioneros que se animaron a caminar por este silencio hecho tierra. El camino parte desde Los Antiguos, allí hay que ir hasta el mirador del río Jeinimeni, a 2 kilómetros del centro, punto ideal para ver la comarca y el Lago Buenos Aires.

El camino es el que llega a lo más alto en toda la provincia, partiendo a los 200 metros sobre el nivel del mar hasta alcanzar los 1500 metros en su punto más elevado. Al comienzo se atraviesa la pura estepa con su escasa vegetación y cincuenta kilómetros más adelante aparece un bosque de 900 hectáreas con lengas y ñires. Sitio perfecto para un picnic en el bosque junto a un manantial, o para pararse y sentir la absoluta soledad.

La ruta asciende de a poco y la vegetación se hace más profusa por la mayor humedad. Pero al llegar a El Portezuelo –el punto más alto- la vegetación desaparece otra vez por la escasez de oxígeno. A partir de allí comienza el descenso hacia la cuenca vecina y a la vera del camino se pueden ver lagunas color turquesa donde se observan patos y cisnes de cuello negro, además en el trayecto se bordean algunas viejas estancias, que están allí cuando todavía la Patagonia estaba inexplorada, estancias que han sido y son últimos mojones de civilización en un mapa infinito y poco conocido. Hoy estas estancias se dedican a la producción de lana y algunas dan hospedaje.

Gran parte del Camino del Monte Zeballos atraviesa lo que fue el interior del cráter de un gran volcán del que ha desaparecido toda una mitad. Uno de los imponentes picos de ese cráter es el del Monte Zeballos, cuyos 2748 metros se divisan desde gran parte del camino. Las torres del dique basáltico, por su parte, fueron las fumarolas por las que brotaba el magma incandescente, cuyo conducto se rellenó con basalto al apagarse el volcán, repitiendo el proceso que se dio en las grietas. El Camino del Monte Zeballos culmina cerca del pueblo llamado Hipólito Irigoyen, donde hay hotel. Allí se halla el Lago Posadas y a un costado el Pueyrredón, ambos separados entre sí por un istmo muy angosto en cuyo extremo hay un pequeño arroyo que une ambos lagos, desde lo alto es posible ver la diferencia de color de estos espejos de agua, el primero de color turquesa y el segundo de un azul profundo. La postal allí es intima y única.

La transparencia de las aguas permite ver las truchas y las piedras de todos colores. El viento golpea fuerte y el paisaje es una semblanza de la soledad más cristalina que se puede sentir en un territorio cobijado por estar en la periferia de los caminos.

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