Cosas del campo. Un porteño que cada tanto viajaba al campo de un tío en Cacharí, Azul, se empieza a fascinar con el mundo de las sogas. De vuelta en la ciudad, decide empezar a aprender el oficio con el maestro Santiago Zervino. “Tenía 12 años y cuando salía del colegio me iba al taller. De a poco, fui aprendiendo y tres años más tarde ya estaba vendiendo mis primeras piezas“, recuerda Nicolás Solari. Este joven soguero de 18 años está feliz con sus trabajos. Cuenta que le gusta la soguería tradicional; de campo y también la fina. Solari se entusiasma porque el año que viene va a exponer por primera vez en La Rural. Hoy estudia una carrera universitaria y da clases en su taller en Barrio Norte. Mientras, extraña andar bien montado después de un día de trabajo campero.

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