Cacique lucía en su hocico las heridas del encuentro con una comadreja que vendió cara su derrota. Por única vez, Doña Potola le permitió echarse a sus pies luego de la cura a la que lo sometió Prosperina, mientras seguía con su mirada las chispas que saltaban de la chimenea.
La Sra. República dobló el diario y se sirvió un polvorón para acompañar el té de la sobremesa.
– No ha perdido la mano, doña… Están riquísimos.
– En su comentario advierto una queja por el tiempo que no los hacía.
– No sea quisquillosa…
– Es una broma mi querida amiga, para encarar la noche con un poquito de humor, así viene el sueño a visitarnos y no se hace rogar tanto.
– Si quiere relajarse hace bien en no leer los diarios.
– Estoy blindada señora. Si me quiere hacer algún comentario, ya nada me sorprende. Estoy concentrada por estos días en finalizar la siembra del trigo y asimilar los números fríos que me pasaron para el maíz. Tenemos que rotar y hacernos la señal de la cruz. La tecnología disponible se paga, la divina, como diría un amigo, depende del Señor.
– Ojalá nos acompañe el clima…
– ¡El clima está raro!
– Precisamente Doña Potola. Las fiestas no son eternas y se pagan en algún momento. Usted cuida el centavo y ésa es la economía que a la larga rinde sus frutos. Ahora, cuando se largan a gastar porque no les duele en el bolsillo, la cosa cambia. Se postulan para comandar la nave y enfilan la proa hacia la tormenta que siempre acecha en el horizonte. Se equivocan una y otra vez al elegir a quienes los deben secundar en sus funciones y  le dan prioridad a los amigos, que en muchos casos no están capacitados.
– Tiene razón señora. El “amiguismo” suele traer problemas y gestiones que no son lo suficientemente transparentes. Siempre queda la sensación de que venden mal y compran peor. Hay tantos casos de enriquecimiento burdo, que resulta hiriente para con la historia de quienes ponían hasta de su bolsillo para que su pasión se viera reflejada en buenos resultados.
– Mi amiga, hay mucha gente que ha perdido en la política y otros que han abusado de la misma para amasar fortunas.
– Yo no le hablaba de la política, doña…
– No la entiendo.
– Estaba hablando del desastre encadenado que tiró por tierra el pasado de un club, con un siglo de historia.
– Usted estaba leyendo la página deportiva y no me había dado cuenta. Discúlpeme.
– Niños, jóvenes y hombres que peinan canas llorando igual que los jugadores eran un espectáculo conmovedor. Y con deudas pendientes además que hipotecan el futuro.
– Admito mi error señora, pero encuentro un parecido muy grande.
-¿A qué se refiere Doña Potola?
– A lo que nos pasa como país. Nada es gratis y la fiesta habrá que empezarla a pagar en breve.  Espere que terminen las elecciones. Las deudas van a quedar y llegará el momento en que hay que pagarlas. Ahora bien, si usted mira hacia los rincones más desprotegidos, también va a ver mucha gente con lágrimas en los ojos. Somos un país futbolero señora y hoy, si bien un club muy grande se fue para la B, nosotros hace mucho tiempo que estamos perdiendo por goleada. Y la Argentina también ha perdido la categoría.