Mientras en nuestro país recientemente los venenos del agronegocio causaron la muerte de más de 70 millones de abejas en el valle de Traslasierra, Córdoba, la Comunidad Europea promovió una serie de normas para detener la mortandad de abejas y mariposas, de cuya función polinizadora depende el 75 por ciento de los cultivos alimentarios.

El declive de un tercio de la población mundial de abejas y mariposas y el peligro de extinción de una de cada diez especies de insectos genera alarma, ya que “los polinizadores son un indicador excelente de la salud del ecosistema: si no van bien, sabemos que la biodiversidad no va bien, y eso es una mala noticia”, dijo el comisario de Medio Ambiente Karmenu Vellas, en Bruselas, según un reporte de Europa Press.

El peligro de extinción de los polinizadores también fue advertido por la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas, y revertir su declive es uno de los objetivos acordados en 2015 en París por 195 países, entre los que se cuenta Argentina.

Una de las medidas adoptadas por la Unión Europea es la prohibición de tres insecticidas neonicotinoides -que actúan en el sistema nervioso central de los insectos y, con menor toxicidad, en aves y mamíferos-.

Dos de los insecticidas son de Bayer y el otro es de Syngenta, y se usan en el maíz, la colza, el algodón y el girasol, y suman además presión para la erradicación del Roundup de Monsanto, declarado como posible cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS), además de las 830 evidencias científicas que demostraron el daño que causa a nuestra salud y al medioambiente.

Otro de los factores determinantes de la problemática de las abejas es el cambio de floración vegetal, lo que termina por desorientarlas. Un informe elaborado por el Centro de Monitoreo de la Conservación del Medio Ambiente de la ONU junto al Instituto de Cambridge para el Liderazgo Sostenible; Fauna y Flora Internacional, y la Universidad East Anglia, relevó que “menos de la mitad de las empresas incluidas en la muestra saben cuáles de las materias primas que obtienen, dependen de las polinizadoras“, afirmó Gemma Cranston, directora de Natural Capital.

Las normas que próximamente se pondrán en ejecución establecen en primera instancia un sistema más complejo y riguroso de supervisión, control y evaluación que arroje datos precisos sobre la vida de estos insectos, así como revisar la cantidad de pesticidas en uso en el terreno de la agricultura.

También plantea el abordaje de las causas que amenazan los hábitats, para establecer métodos de gestión y conservación, así como incentivar que empresas agroalimentarias breguen por la supervivencia de las especies, y divulgar contenidos educativos.