Los antioxidantes se usan desde hace décadas para contener o retrasar los efectos del envejecimiento. Las vitaminas son los más conocidos, pero no son inocuas cuando se usan en exceso. Por eso los científicos buscaron otras alternativas contra la acción de los radicales libres: los residuos metabólicos que al acumularse en las células las deterioran haciendo que envejezcan prematuramente y empiecen a funcionar mal. Y quizás el principal de esos hallazgos es el resveratrol, una sustancia presente naturalmente en el hollejo de las uvas y en algunos frutos secos.

La acción benéfica de los polifenoles de las uvas empezó a ser tan evidente que hoy los cardiólogos recomiendan beber diariamente media copa de vino tinto, entre otras cosas por su efecto protector de las paredes arteriales. El resveratrol es uno de esos polifenoles, y al investigarse se halló su efecto antioxidante selectivo y su ausencia de acciones colaterales, con lo que se inició la era de los “antioxidantes inteligentes”. La empresa Sidus comprimió los beneficios de ese polifenol en un medicamento llamado Vidaplus.

¿Cómo actúa?

El resveratrol actúa selectivamente sobre los radicales libres del organismo. Éstos aparecen en la célula como producto del consumo de energía y tienden a unirse en fracciones de segundo a otros componentes (la membrana celular, las mitocondrias, el ADN) y quedan allí definitivamente perturbando su funcionamiento; producen el lento e irreversible deterioro que es la causa natural del envejecimiento.

Hay sustancias que ayudan a neutralizarlos químicamente, antes de que afecten a las funciones celulares, anulando su potencial efecto tóxico. Pero esta defensa natural disminuye con la edad: a los 50 años de edad ya es sólo el 36 por ciento de los que era a los 20 años. La producción de radicales libres, en cambio, tiende a aumentar.

El resveratrol es una molécula de origen vegetal que “se pega” a los radicales libres, neutralizándolos e impidiendo su enquistamiento. De esa manera, el antioxidante inteligente anula el potencial efecto tóxico de estos residuos del organismo.

¿Qué es el estrés oxidativo?

Cuando la producción de radicales libres aumenta y rompe el equilibrio natural, se produce lo que se llama estrés oxidativo. Se sabe que del 1 al 3 por ciento del oxígeno que respiramos pasa a constituir radicales libres que el organismo normalmente tolera; pero una sola pitada de cigarrillo agrega nada menos que unos 100.000 billones de radicales libres, que exceden la capacidad natural del organismo para “limpiar” esa toxicidad.

El estrés oxidativo puede deberse a muchas causas, y lo que es cada vez más conocido, son sus consecuencias: envejecimiento prematuro, deterioro funcional y diversos factores de riesgo para afecciones comunes (que incluyen a las enfermedades cardiovasculares y el cáncer), hasta el punto que hoy se piensa –según apunta el Dr. Raúl Pastor, médico argentino investigador de la Comisión Europea para la Investigación y la Innovación–, que “prácticamente no hay enfermedades en las que el estrés oxidativo no tenga un protagonismo destacado”.

Esto pasa especialmente cuando el estrés oxidativo se vuelve crónico. Después de comer, por ejemplo, es normal un estrés oxidativo pasajero; pero un estilo de vida poco saludable, con una ingesta excesiva de grasas y alcohol o poco ejercicio físico, pueden elevar los niveles de radicales libres de manera permanente entre 5 y 10 veces por encima de lo normal: es lo que se conoce como estrés oxidativo crónico de moderado a severo.

“Entre otras cuestiones, el estrés oxidativo produce un enlentecimiento de la transmisión de las señales nerviosas, reduce la capacidad metabólica de las células, disminuye las funciones cardíacas y pulmonares –describe el doctor Raúl Pastor. Sus primeros efectos se dan a nivel de los tejidos, donde promueve la formación de tumores, las mutaciones genéticas y la apoptosis o muerte de las células. Pero más adelante el daño se torna sistémico”. Así, en una persona con obesidad (que come en exceso), los primeros daños producidos por el estrés oxidativo serán a nivel gastroenterológico. Pero más adelante, todo el sistema inmunológico y demás órganos, como el aparato circulatorio o la piel, podrán verse a la larga afectados.

El estrés oxidativo también inhibe la síntesis de óxido nítrico en el organismo, lo que entre otras cosas afecta a la función sexual, y podría estar en la propia génesis de enfermedades crónicas como la hipertensión arterial. También aparece claramente ligado a enfermedades de la piel, como la dermatitis atópica, donde recientemente se comprobó que en las personas afectadas existe una concentración significativamente mayor de un radical libre (malonaldehído) a nivel de la dermis.

¿Cómo se combate el estrés oxidativo?

Para combatir al estrés oxidativo, las vitaminas liposolubles (A, E, K) tienen un efecto potente pero poco específico. Además, su potencial exceso no es eliminado a través de la orina, y queda acumulado en el organismo pudiendo causar efectos adversos. En cambio, polifenoles como el resveratrol o el pterostilbeno, explica Pastor, quien es además jefe de sección en la IV Cátedra de Medicina Interna del Hospital de Clínicas “José de San Martín” de Buenos Aires, “pueden ser considerados antioxidantes ‘inteligentes’, porque tienen una acción antioxidante básicamente inducida: le indican al organismo cómo reconstituir sus defensas contra los daños que puede provocar el estrés oxidativo”.

El resveratrol induce al organismo a recuperar y potenciar su capacidad natural para neutralizar a los radicales libres y reparar los daños que éstos causan en el ADN celular, y cuya capacidad de producción estaba reducida por la edad o por el propio estrés: “Por eso –asegura el especialista– su uso puede ser recomendado tanto en casos de salud como de enfermedad”.