Las calles, las casas y los monumentos y murales que pueblan Comandante Luis Piedra Buena la convierten en una ciudad diferente de las que conforman la Patagonia. Y lo dijeron investigadores del Conicet en un estudio realizado sobre distintas ciudades de la Argentina. Colores, flores y figuras dan sensación de alegría. Incluso la presencia de rosales en los bulevares, al decir de sus habitantes, “expresan el respeto, la dedicación y al amor hacia lo natural, hacia la dulzura de las flores”. La presencia de las flores le dio a la ciudad el título de Jardín Patagónico de Las Rosas. Y para muchos que nunca llegaron hasta aquí, la historia de la Parque Temático Infantil Dante Quinterno ofrece posibilidades desconocidas. Es un espacio pensado para niños, realizado por el municipio y donde se homenajea al artista Quinterno y el significado del tehuelche protagonista de sus historias,  Patoruzú. Sus amigos y compañeros de andanzas están representados en los juegos y en las figuras distribuidas por la ciudad y en el mismo parque que cuenta con juegos recreativos y otros diseñados especialmente para personas con discapacidades. Es algo nunca visto ni en el país ni en Sudamérica.
Algunos aún le llaman Paso Ibáñez. Pero ya desde el puente, también único en su estructura, que permite cruzar el río Santa Cruz y acceder a la Isla Pavón, aparece un sinfín de historias. La más importante es la de su mentor. El marino Luis Piedra Buena quien se había radicado en Isla Pavón hacia 1859. El museo es una réplica de su primer vivienda.
Y su historia personal, plena de mística y leyenda es atractiva por sí sola. Nació en Carmen de Patagones el 24 de agosto de 1833 y a los nueve años construyó una balsa para internarse en el río. Más grande, surca los mares del sur explorando islas y canales fueguinos y hasta llegó a la Antártida. Tan sólo imaginar hoy esa proeza sorprende y subyuga.
Y es cuando surca el río Santa Cruz cuando llega casi en su desembocadura a la Isla Pavón, en la entrada de la hoy ciudad que lleva su nombre y donde por primera vez y junto con los tehuelches enarbola la bandera Argentina en Patagonia. En 1859 izó la bandera en la Isla de los Estados y dio un empuje a la lucha por la soberanía nacional y hasta construyó un refugio en ese lugar.
En un peñasco en el Cabo de Hornos, su historia relata que escribió: “Aquí termina el Dominio de la República Argentina. Año 1863. Capitán Piedra Buena”.
Y diez años después, junto con siete hombres a bordo de la goleta Espora, naufragó en la Isla de los Estados. Permanecieron setenta días recolectando maderas de la goleta siniestrada y del bosque y construyeron un pequeño cúter al que Piedra Buena bautizó como Luisito en homenaje a su hijo.
Hay miles de historias en torno a la vida de Piedra Buena, quien fallece en 1883. A fines de los 60, hallan el emplazamiento de lo que fue su vivienda en Isla Pavón. La  reconstrucción da lugar al museo donde se pueden ver uno de los cañones de 1868 que le obsequió el entonces presidente Bartolomé Mitre para la gorleta Espora, la maqueta del cúter Luisito y documentos y elementos de la época.
Lejos de la historia y afín con los tiempos modernos hay otro enclave que no tiene que ver con la ciudad sino con una pasión: la pesca. Entretenimiento de multitudes, cada marzo se dan cita pescadores de la Patagonia y de todas partes del mundo porque la trucha Steelhead retorna por el cauce del río para desovar. Y en su regreso al mar, se transforma en la pieza clave para los deportistas. Es luchadora, tiene fuerza y las piezas alcanzan los siete kilos. Las hay de diez kilogramos. Ya lo saben. El dato está para anotarlo en el calendario.
Mientras tanto, la travesía continúa y El Federal busca el camino hacia otras historias como la de Monte León, hoy Parque Nacional, que fue estancia y lugar de poder para quienes manejaban como moneda de cambio el guano. El combustible de hace dos siglos. Vamos para allá.