Si bien el festejo del Carnaval cuenta con más fuerza en otros países de América Latina, como el Brasil o el Uruguay, en los últimos años fue recobrando su vitalidad en la Argentina, no sólo en Entre Ríos o en Corrientes, donde se mantuvo su tradición, sino también en otras ciudades y provincias del país, incluida la de Buenos Aires. La “Corte del Rey Momo”, que parecía muerta luego del decreto de la última dictadura militar que eliminó los feriados del lunes y martes de Carnaval, se fue reanimando junto con otra pregunta asociada a estos festejos y de muy difícil respuesta: ¿qué pasó con los negros en la Argentina?
Antes de intentar encontrar las causas, cabe aclarar que el Carnaval es una costumbre europea, que llegó a América junto a las naves de los españoles, pero cuando los esclavos negros también trasplantados a estas tierras la adoptaron, adquirió una forma particular y diferente, incorporando sonidos y bailes que nada tienen que ver con su origen.
Y ahora sí, veamos qué sucedió con los africanos que llegaron aquí en calidad de esclavos y con sus descendientes. Porque pese a que suele creerse que no se trató de una población numerosa como en los otros países conquistados por España, en 1778 la mitad de la población del actual territorio argentino estaba compuesta por negros y mulatos. Y antes de que se piense que la referencia es sobre los habitantes de Buenos Aires, digamos que en ese año eran negros el 64% de los que vivían en Tucumán; el 52%, en Catamarca; el 44%, en Córdoba, y el 24%, entre los porteños.
El primer grupo de esclavos llegó al Río de la Plata en 1587, en un contingente organizado por Francisco de Victoria, obispo de Córdoba y Tucumán, de fortalecer la economía local y de aumentar la mano de obra, agotada por la explotación de los indígenas en las encomiendas españolas. Desde entonces, ese comercio humano se mezcló con el contrabando que arribó en los “tumbeiros” portugueses, luego en naves inglesas y francesas, y finalmente se sumaron algunos españoles radicados en estas tierras.
La mayor parte de los esclavos que llegaron a Buenos Aires fueron levantados en el puerto de San Pablo de Luanda, en Angola. Venían de pueblos del centro y el oeste de África y de otros ubicados en los actuales Mozambique y Zimbabwe.  Eran robustos y tenían experiencia en las tareas del campo porque provenían de regiones que vivían de la agricultura y la ganadería.
Si bien aportaron la fuerza de trabajo que se esperaba de ellos, también trajeron su cultura, su religión y sus costumbres. Pronto las autoridades comenzaron a preocuparse porque comprendieron que para controlarlos no bastaba reducirlos a condiciones bestiales de vida y de trabajo,  sino que también debían modificarles aquellos valores de origen. 
Así fue como nacieron las “naciones”, especies de sociedades controladas por los blancos, que agrupaban a los negros por su origen geográfico y por su lengua.
En 1770, el virrey Juan José de Vértiz prohibió las reuniones privadas de los negros en las que danzaban al son de tambores por considerarlas indecentes, pero les permitió en cambio las que realizaban en público. Dispuso que “podrán bailarse aquellas danzas que usan en las fiestas que celebran en esta ciudad”.
Una vez que la actual Argentina comenzó su vida independiente y que la Asamblea del año XIII dispusiera la libertad de vientres, aquellas “naciones” siguieron funcionando hasta fines del siglo XIX. En 1824, la “Nación Congo”,  por ejemplo, tenía su sede en la calle Independencia de la ciudad de Buenos Aires, y sus reuniones eran presididas por la imagen de San Baltasar. Una década más tarde, la Imprenta de la Libertad publicó el Manual de Piedad para el uso de los hombres de color y de los negros.
Para entonces, la población negra estaba más que diezmada por la Guerra de la Independencia y por la del Brasil en la década de 1820, a las que sumó luego el conflicto con el Paraguay, en 1865. Muchos fueron víctimas de la epidemia de fiebre amarilla en 1871, y no falta la teoría que sostiene que “se dejaron morir”, disminuyendo los nacimientos. Y aunque hoy los negros son casi invisibles en la Argentina, tal vez sea hora de bucear un poco más en la historia de estos antepasados que sufrieron tanta crueldad, en un tiempo en que la humanidad veía como normal que se comerciara con seres humanos.