Cuando el niño uruguayo Santiago Stagnaro llegó a La Boca, vivían allí unas 40.000 personas (4 veces más que 20 años atrás), de las cuales más de la mitad eran extranjeras, mayoritariamente italianos de Génova. Eran marinos, maquinistas, mecánicos, carpinteros, herreros y estibadores. Era tierra “xeneize”.
La necesidad de ayudarse mutuamente y compartir los llevó a fundar asociaciones de socorros mutuos, teatros, escuelas, academias y también infinidad de periódicos y publicaciones. Se gestó entonces un lugar con particularidades propias, que dio a principios del siglo XX, origen y asiento a una pléyade de artistas.
También el barrio sería lugar de nacimiento de gremios que luchaban por las condiciones laborales de los obreros: anarquistas y socialistas. No olvidemos que fue la población de La Boca la que votó y logró imponer en 1904 al primer diputado socialista de toda América: Don Alfredo Palacios.
Santiago Stagnaro nació en Montevideo el 23 de abril de 1888. De niño llegó a La Boca y desde los 12 años trabajó en los astilleros de la zona. A los 17 años fue secretario general de la Sociedad de Resistencia Obreros Caldereros y Anexos, que tenía su sede en la calle Garibaldi 1556 y dirigió un periódico. También fue fundador y presidente de la Sociedad Nacional de Artistas Pintores y Escultores, junto a los Artistas del Pueblo. La entidad tenía un carácter gremial, de lucha por los derechos y también organizaron exposiciones dando lugar a aquellos que eran rechazados en el Salón Nacional, que no podían integrarse al circuito de las galerías de arte céntricas. Lo que demuestra su compromiso de lucha social.
También se interesó por la pintura, la escultura, la poesía y la música, tocaba muy bien la guitarra. Enseñaba dibujo y pintura y enviaba sus obras al Salón Nacional, sin mucha suerte…
Recordaría en 1954 su hermano Orlando, también artista, dedicado a la escultura: “Vivíamos en el populoso barrio de la Boca, en la calle Zárate (hoy Carlos F. Melo) Nº 375, nuestra familia formada por mi madre, dos hermanos y tres hermanas había perdido nuestro padre cuando yo no contaba aún un año de edad. Un íntimo amigo de mi hermano Benito Quinquela Martín, me entregaba a mí pequeños paquetes de yerba, azúcar, fideos y otros comestibles que contribuían a completar nuestra muy escasa ración diaria. Vivíamos en la más estricta pobreza, y Santiago, 9 años mayor que yo, dejaba ya entrever su pasión por las artes…”.
Fue alumno de Lázzari y amigo de Chinchella (verdadero apellido de quien será luego Benito Quinquela Martín), quien le hizo un lugarcito en su primer y pequeño taller en los altos de la carbonería de sus padres; también comparten el lugar con Adolfo Montero. Sus amigos, entre los que se encontraba Juan de Dios Filiberto, lo llamaban “el pequeño Leonardo”, por sus variados intereses. Recordaba años después Quinquela, que Stagnaro “vivía por entonces en una pequeña casucha, él ocupaba una pieza que le servía de estudio, de dormitorio, de escritorio y de biblioteca. Pocos muebles, menos de los indispensables. Muchos libros y algunos cuadros. En un rincón, un bastidor y una guitarra…”.
Enfermo de tuberculosis, falleció el 14 de febrero de 1918, con sólo 29 años.