Por Araceli Bellota

 

Cada 20 de noviembre se conmemora en la Argentina el “Día de la Soberanía Nacional”, luego de que en 1974, durante el último gobierno del general Juan Domingo Perón, se aprobara la Ley 20.770 que instauró esa fecha en homenaje a quienes lucharon en el combate de la Vuelta de Obligado.

Don Juan Manuel de Rosas era el gobernador de la provincia de Buenos Aires y tenía a su cargo las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina por delegación de los mandatarios del interior, cuando el 20 de noviembre de 1845, a las ocho y media de la mañana, 11 buques anglo-franceses armados con 99 cañones atacaron a las fuerzas nacionales apostadas en las orillas del Río Paraná, en el paraje conocido como la Vuelta de Obligado. El objetivo de las potencias extranjeras fue presionar para que Rosas concediera la libre navegación de los ríos que exigían desde hacía años los emigrados unitarios refugiados en la Banda Oriental.

El combate, más que desigual, duró ocho horas, en las que las fuerzas comandadas por el general Lucio Mansilla se batieron con valentía pese a la escasez de armamentos. Contaban apenas con 4 baterías a cargo de 160 artilleros y otros 60 de reserva, 1.000 milicianos de infantería con algunos cañones, 600 infantes, 2 escuadrones de caballería y 300 vecinos de Baradero, San Pedro, San Nicolás y San Antonio de Areco.

Agotadas las municiones, el general Mansilla ordenó extender una gruesa cadena entre ambas orillas, como último y desesperado intento para detener el avance de la flota invasora.

Enemigos de lo ajeno

Los enemigos lograron forzar el pasaje del río, pero los jefes entendieron que era inútil desembarcar porque los pobladores se levantarían en contra de ellos. Es que Rosas contaba con el apoyo de todos los gobernadores, las legislaturas provinciales, los principales hombres y hasta el último gaucho estaba dispuesto a empuñar las armas para defender la soberanía del país.

En esos días, el autor del Himno Nacional, Vicente López, había compuesto una Oda Patriótica, que fue recitada en el Teatro de la Victoria y que rápidamente se difundió entre el pueblo: “Morir antes, heroicos argentinos, / que de la libertad caiga este templo: / ¡daremos a la América alto ejemplo / que enseñe a defender la libertad!” Y así ocurrió. La prensa de América y de Europa elogió el coraje de Rosas y el mismo general José de San Martín le envió su reconocimiento. Además, en una carta que le escribió a su amigo Tomás Guido desde Grand Bourg, calificó la acción de Obligado como una iniquidad y le adjudicó la misma trascendencia que la emancipación de España. Después señaló: “De todos modos, los interventores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca: a un tal proceder, no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuera la suerte que nos depare el destino; que por mi íntima convicción no sería un momento dudosa en nuestro favor si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria si las naciones europeas triunfan en esta contienda”.

El viejo general termina su carta con un lamento por no poder combatir: “Convencido de esta verdad, crea usted mi buen amigo, que jamás me ha sido tan sensible no tanto mi avanzada edad, como el estado precario de mi salud que me priva en estas circunstancias ofrecer a la patria mis servicios, no por lo que ellos puedan valer, sino para demostrar a nuestros compatriotas que aquélla tenía aún un viejo servidor cuando se trata de resistir a la agresión, la más injusta y la más inicua de que haya habido ejemplo”.