En lo que fue un solar en 1580, el director general del casco histórico de la ciudad de Buenos Aires, el arquitecto Luis Grossman nos recibe y relata que ese lugar, en la primera partición de la ciudad de Buenos Aires ya tenía dueños. Para 1860, la familia González Bonorino fue la primera propietaria del que se tenga registro de lo que ahora es un el reluciente Hotel Los Patios de San Telmo, sobre la calle Chacabuco al 700. Allí, la dupla de arquitectos Neumann-Kohn transformaron un viejo conventillo en un hotel de gran nivel. Como muchos otros caserones de la zona sur de la ciudad pertenecían a familias patricias y con el brote de fiebre amarilla que azotó la ciudad en 1873. La familia se fue para lo que ahora es Barrio Norte y esa casa quedó por un tiempo abandonada. El crecimiento de Barrio Norte coincidió con la ola inmigratoria que estableció marcadas diferencias entre ambos polos de la ciudad. Así nacieron los conventillos de Buenos Aires. Grossman explica de qué se trata el reciclaje que la ciudad hoy hace mediante concursos de la recuperación de viejos edificios.
“La discusión del reciclamiento es de larga expansión. Esa es una discusión que hay con algunos conservacionistas de carácter arcaico. Los llamo fundamentalistas. En este hotel, un grupo de arquitectos jóvenes e inteligentes tomaron un conventillo y dijeron, “no lo vamos a tirar abajo”, porque -nobleza obliga- pudieron haber hecho un estacionamiento. Pero lo reformaron, sólo por colocar la refrigeración hicieron una gran excavación. Estos baños no existían, ni los compresores, ni las bombas. Todo esto implica que un edificio nunca queda igual. Sería injusto con los habitantes. Nosotros deseamos que en el casco histórico siga habiendo la población que hay, porque si no empiezan a emigrar. Viene un tipo, te da un par de pesos y te vas a vivir a La Lucila, por poner un ejemplo arbitrario. La población le da glóbulos rojos a la ciudad”.
– En la ciudad emergieron el conventillo y las villas, ¿qué significan dentro de la gran estructura que los une?
– El habitante del conventillo formaba parte del barrio, era vecino, amigo e iba al colegio con los pibes del barrio. El habitante de la villa, no. Está segregado. Yo nací en un conventillo e iba al colegio con el hijo de Luis Rubinstein, que era compositor de tango que vivía en la misma vereda donde vivía yo. Su hijo iba al mismo colegio que yo. Éramos grandes amigos. En cambio, los chicos de la villa son los kelpers en la ciudad. Es por el tejido de la ciudad, pero hay que integrarlas definitivamente. El conventillo es un panal de abejas.
– ¿Qué zona encierra al casco histórico?
– El casco histórico se encuentra dentro de la jurisdicción de la Dirección General del Casco Histórico, la que está conformada por la totalidad de los barrios de Montserrat y San Telmo, y parte de los barrios Barracas y Constitución. Se trata de un área muy extensa -particularidad que no es usual en otros centro históricos- con variados perfiles y complejidades. Por su historia y sus características trasciende el nivel local y alcanza jerarquía internacional, son lugares únicos e irrepetibles. Esos lugares despliegan hoy múltiples facetas: son parte de la zona central y a la vez, conservan una sólida actividad residencial; en pocas cuadras se puede pasar del área institucional a una calle de clima barrial; de la venta de antigüedades, a la zona de oficinas. En este paisaje que concentra gran parte de nuestra historia y que mantiene muchos de sus edificios significativos, se puede reconocer y proyectar parte de lo que somos como comunidad, como ciudadanos, como porteños. Es un rasgo distintivo de nuestra identidad.
– ¿Por qué se protegen?
– Algunas áreas se encuentran protegidas debido a su alto nivel de concentración de edificios y espacios de valor patrimonial. Es el caso de la Avenida de Mayo, eje cívico institucional, cuya apertura como conexión entre la Casa Rosada y el Palacio del Congreso tuvo su origen en los cambios urbanos que se produjeron en la ciudad hacia fines del siglo XIX. En poco tiempo se convirtió en la Avenida más emblemática de la Ciudad dada la calidad del conjunto y su concepción urbanística. Actualmente es referente y símbolo nacional y mundial.
– ¿Todas los edificios o casas que datan de mucho tiempo en Buenos Aires se protegen?
– No. Si vos me llamás y me decís que en Flores hay una casa que tiene determinada particularidad vamos y la vemos, pero no tienen esa garantía. Nosotros no queremos conservar todo. Las ciudades no se pueden embalsamar, son un organismo vivo. La gente que vive hoy en una casa antigua, no es la misma gente que vivió hace doscientos años en el mismo lugar, ni la misma gente que la construyó, obviamente.
– ¿El plan de reciclamiento que prevé?
– Abarca diversas temáticas: viviendas, hoteles, un cerramiento moderno en un edificio emblemático; una fundación cultural y un museo. Abrimos concursos y analizamos las ofertas. Así queda demostrado que el casco histórico busca darle nueva vida a construcciones señeras y no embalsamarlas manteniendo sólo edificios vacíos