Las enfermedades se definen como alteraciones anormales del metabolismo debido a la acción patógena de ciertos microorganismos o a factores ambientales que afectan su crecimiento y desarrollo. Cuando las plantas se encuentran en equilibrio con el medio y el ambiente, su estado vital es óptimo y difícilmente contraerán enfermedades, pero cuando no les es propicio, se altera parte de su inmunología y aumenta la susceptibilidad a contraerlas.
Las enfermedades de origen biótico pueden ser causadas por hongos, por bacterias o por virus. El ingreso masivo de algunas de estas formas de vida al organismo del hospedante se denomina infección. Los microorganismos perjudiciales pueden ser verdaderos u obligatorios cuando atacan a una planta sana y la enferman; los ocasionales, oportunistas o facultativos son aquellos que esperan ciertas condiciones favorables de los individuos y atacan a las plantas debilitadas. Estos últimos son menos específicos, poco selectivos y parasitan indistintamente muchas especies.
Existen enfermedades que no son causadas por organismos vivos, que originan trastornos no parasitarios; son de origen abiótico y genéricamente se denominan enfermedades fisiogénicas. Estas alteraciones en su funcionamiento metabólico son causadas por factores del medio y del ambiente. Entre ellas se pueden citar como ejemplo las ocasionadas por las heladas, la acidez del suelo, el granizo, la carencia o el exceso de nutrientes, de agua, o de luz solar directa, intoxicaciones por plaguicidas, polucionantes ambientales, entre otras. Algunas son de muy difícil etiología y diagnóstico.
Todas las enfermedades presentan síntomas del trastorno ocasionado. Los síntomas se definen como la exteriorización funcional u orgánica del trastorno causado y el signo es la exteriorización del parásito que la causa. Por ejemplo, el rosal es muy susceptible a la mancha negra, cuyo agente causal es el hongo Diplocarpon rosae, que produce manchas pardas de borde difuso sobre las hojas; al principio, pequeñas, y que producen un halo clorótico en su derredor que se extiende a toda la hoja hasta producir su caída. El signo del parásito es una malla oscura del micelio del hongo sobre la mancha. En las enfermedades causadas por bacterias y virus se observan síntomas, pero no signos.
Ambientes húmedos, templados y medios ácidos son condiciones que predisponen para el ataque de hongos. Las mismas condiciones en medios alcalinos predisponen para el ataque de bacterias y originan enfermedades denominadas bacteriosis. Los vegetales verdes, en general, cuando son pequeños o jóvenes producen activamente nuevos tejidos que tienen en sus células un medio interno ligeramente ácido; a medida que estos tejidos maduran y envejecen, ese medio se torna levemente alcalino. Estos estadios del crecimiento de las plantas provocan el ataque de hongos en los individuos más jóvenes y de bacterias cuando son adultos o más viejos.
El ingreso del hongo en las plantas se produce a través de sus órganos reproductivos muy pequeños y livianos denominados esporas, que son, por analogía, semejantes a las semillas de los vegetales superiores. Las vías de entrada pueden ser perforando directamente las membranas de la epidermis de las hojas o por los estomas, pequeñas o grandes grietas en la corteza, heridas de los cortes luego de la poda o producidas por cualquier lesión mecánica en su estructura, incluyendo las raíces. Desde el momento en que el parásito ingresa en el organismo hasta que se notan los primeros síntomas, existe un período variable denominado incubación en el que se multiplica y comienza a alimentarse del hospedante.
El período de incubación de la enfermedad depende de las condiciones ambientales predisponentes y del estado general del ejemplar. La forma menos agresiva y menos contaminante de lucha contra las enfermedades es la de: a) elegir especies y variedades resistentes; b) evitar las condiciones predisponentes del medio y del ambiente que debiliten a los ejemplares y favorezcan el desarrollo del parásito; c) evitar prácticas culturales que habiliten el ingreso de los microorganismos, como podas innecesarias, excesivas fertilizaciones con nitrógeno, encharcamientos prolongados por el riego, etc.; d) pulverizaciones preventivas con fungicidas inorgánicos, como azufre mojable o productos que contengan cobre, por ejemplo,  oxicloruro de cobre, en las dosis, restricciones y cuidados recomendados