El auto ingresó por la calle de tierra despacio. El chofer se encorvó para ubicar la dirección estampada en la pared de la casa. Una portón de madera se abrió silencioso de par en par y así terminó la búsqueda. Detrás, Roberto Trevilla, Taita Inti tras vestirse de blanco, fue el primer anfitrión de un encuentro chamánico en el noroeste el Gran Buenos Aires, en el que participaron pares del Perú, Argentina y México y mucha gente. Jorge Mañalich Arana, adherente al chamanismo tolteca (con funcionamiento en Argentina y sedes en Monterrey, Cuernavaca y Distrito Federal, México), se dedica a la transmisión de los conocimientos de los chamanes del México prehispánico, y de los chamanes del Perú tanto realizando conferencias, seminarios chamánicos y este tipo de encuentro, en el que se le rinde culto a la madre tierra y al fuego con sendas ceremonias.
ACTUAR PARA VIVIR (SUB). “El chamanismo es una pre religion, no llega a ser una religión. No tiene doctrina”, cuenta Jorge Herrero, chamán desde hace cinco años y participante activo del encuentro. Durante nueve practicó una yoga muy exigente, llamada surat shabd yoga. “Era sólo elevación espiritual, muy estricto. Me hice vegetariano, no podía consumir ninguna toxinas, ni grasas, ni alcohol, ni carnes. Nada de café y mate. Pero mi vocación es ayudar a la gente y así no podés ir a un asado. O vas y solo comes verduras. Perdí el trato social. Cuando conocí a Mamacuna, ella se transformó en mi maestra espiritual”. Un maestro debe cumplir con cuatro condiciones: debe ser un guerrero espiritual, ya que se va enfrentar con energías oscuras, y debe tener algo de vidente, sabio y sanador. Estas últimas tres condiciones se desarrollan, pero el maestro debe ser un guerrero, “para no sucumbir con los tíos de cuernos y cola”, explica.
Oscar Campos Quinto, del chamanismo Inkaiko, es miembro de la “Organización de los hijos del sol de Tawantinsuyo”, creador de la primera escuela iniciática chamánica indoamericana, llamada “Yachai Wasi”, Envuelto en plumas, encendió una pipa. El frío se chupó al humo en menos de tres segundos. El indio giró la cabeza rápido, como si se le vinieran leones encima. Manoteó el aire como defensa e hizo descansar a la pipa sobre la mesa, como le dicen a la manta en donde se luce la parafernalia que los chamanes utilizan en sus ceremonias. Tomó la botella de caña y bebió un sorbo que expulsó con rabia. Repitió varias veces. Bendijo a la Pachamama lanzando alimentos a la tierra: polenta, harina, maíz. En el Perú aprendió las enseñanzas de la meditación solar y lunar para la evolución de la conciencia. “Jampi Camayoc es el hombre que cura con planta sagrada, como la ayahuasca, el San Pedro (Ndr: cactus que crece en el norte argentino) u hongos”.
La palabra chamán es de origen mogol. El chamán era el encargado de conservar el fuego, la forma más antigua de comunicarse con el espíritu cuando tomó conciencia de que era más que un animal. “El número 4 es el número mágico de los Incas en los espíritus que gobiernan al hombre; el fuego (nina-nina, en quechua); la tierra (la pachamama); el agua (la mamacoccha) y el aire (waira). Se invocan a estos espíritus. La luz es magia, cuando pedimos en fuego, pedimos calor. El sol nos da energía; el aire nos da el conocimiento; el agua, la calma para que no haya tormentos. La madre tierra nos ofrece alimento, recibe nuestro cuerpo y cuida nuestros huesos ¿Cómo es que uno se siente como nuevo tras darse una ducha?”, se pregunta con gracia.
EL TESORO DEL SUEÑO (SUB)
En el contexto occidental cuesta mucho entender algunas cosas. Por eso hay que revisar los mitos. ¿Qué es lo sagrado, por ejemplo? Si hacemos una encuesta, la gente diría que lo sagrado es algo con lo que no se embroma. Pero la mayoría tampoco tiene un concepto claro sobre lo que es lo sagrado. En cambio, las sociedades originarias tienen un concepto muy claro, saben que algunas cuestiones equilibran los conflictos con el entorno y con otros grupos humanos. Hay que reestablecer un equilibrio perdido. Los chamanes son un vehículo, podemos llamarlos facilitadores. “La naturaleza actúa sin pedirnos permiso. Es así. El trabajo del chamán es intervenir cuando hay energía negativa. Muchas veces se hace con plantas. Solamente el que sabe trabajarlas las usa. “El peyote, en México, se sale a buscar en una noches de luna. Hay que tener una comunicación con la planta”, analiza Lorena Garza, una mexicana rubia de voz dulce, encargada de ser la guardiana del fuego en la ceremonia nocturna.
Oscar Campos Quinto es un entusiasta en la recuperación de la sabiduría ancestral, lleva a cabo ceremonias de la Pachamama, de medicina ancestral de la huachuma, ayahuasca y otras medicinas originarias de su país. Recorre diferentes países para llevar este legado tan antiguo, de los cuales el es uno de los descendientes. “La mescalina busca al subconciente, que sale todas las noches cuando dormimos. Soñar, es acercarse a la muerte. Entramos a la cuarta dimensión. Puedes ver tu pasado, tu presente y tu futuro. A veces es muy difícil descifrar eso. Por eso hay chamanes que también trabajan en sueños proféticos”. Hay chamanes que se dedican a atesorar sueños. “Lo escribes y él los va comparando. Es como realizar una pintura abstracta”, grafica Oscar. Le alcanza una sahumador a Herrero, que enciende carbones, copal, incienso, hoja de coca y romero, todos purificadores del ambiente. El olor es un olor como de otro tiempo, la conexión del mundo del espíritu al terrenal se planta con un Padre Nuestro en quechua, con la melodía de “Los sonidos del silencio, del dúo neoyorkino de folk-rock Simon and Garfunkel.
EL PAIS DEL NUNCA CHAMAN (SUB) El chamanismo es el resultado del choque de dos culturas: la española, que importó el cristianismo y los pueblos ancestrales, que le rindieron culto a la tierra. “Puedo invitar a Buda a Krihsna o a Shiva, otros maestros espirituales”, confiesa Herrero. “A través de La Cruz de la Chakana, la Cruz Andina, los chamanes le piden a Dios que llueva porque hay sequías. El chamán toma una llama mágica que tiene alas, hay tres espacios en la visión cósmica andina donde el chamán se mueve: el Uku Pacha, el fondo de la tierra; el Kay Pacha, que es nuestro lugar, desde donde nosotros vemos el cerro y el Hanan Pacha, el mundo del cóndor, del águila del sol. La medicina del mundo es un jardín que florece en tu mente. Es la medicina mágica del mundo de los ojos de Dios, el ojo de Dios es la luna y el sol, siempre están ahí, la tierra es una nave espacial donde estamos de paso. La tierra es una escuela donde no podemos quedarnos para siempre”, afirma Oscar.
Jacques Lacan sostuvo en Los Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, que hasta la explotación del hombre por el hombre, las razones de nuestras deficiencias conducen a una ontología de las tendencias que, por primitivas, internas, están dadas por la condición del sujeto. Basta con remitirnos al tratado de la experiencia en sus primeros pasos para ver que no nos permite para nada conformarnos con un aforismo como “la vida es sueño”. Ninguna praxis más que el análisis está orientada hacia lo que, en el corazón de la experiencia, es el núcleo de lo real, apuntó dedicado a la Tyche y Automatón. La conducta del chamán se parece a la del sacerdote, por su participación en ritos y a la del místico, por su dominio de las técnicas del éxtasis. Jorge Giménez, chamán y psicólogo se sienta frente a la mesa como un indio. “Es una transmisión energética, espiritual, no es un know how. En el contexto occidental cuesta mucho entender algunas cosas. Por eso hay que revisar los mitos. ¿Qué es lo sagrado, por ejemplo? Si hacemos una encuesta, la gente diría que lo sagrado es algo con lo que no se embroma. Pero la mayoría tampoco tiene un concepto claro sobre lo que es lo sagrado. En cambio, las sociedades originarias tiene un concepto muy claro, saben que algunas cuestiones equilibran los conflictos con el entorno y con otros grupos humanos. Giménez trabaja de manera muy metódica con plantas y da precisiones. “Son amplificadores, no cambian el punto de apoyo. Si estás mal, va a salir mal, por eso hay que dialogar mucho antes de toma algún hongo o alguna planta. Nos reunimos en grupo que nunca superan las diez personas. Hay noches que son extraordinarias, se produce un rapport muy fuerte entre la gente que viene a las reuniones. Nadie se vuelve loco, nadie dice ni mú, nadie es emergente de nada ni de nadie. Es muy difícil definirlo. Cada tanto es inevitable el desborde de alguien, hay que manejarlo, no hay que dejar que prospere, porque sino viene el brote. Hay que hablar, recordar cosas de su cotidianidad, lo vas llevando”. “Se acaba, esto se acaba”, adelanta una profecía sobre los malos hábitos del mundo. Un cambio en el campo electromagnético del sol nos elevará y según su pensamiento, seremos mejores personas. Sucederá entre 2012 y 2013, el momento en el que muchos esperaban el final. “Chupamos energía todo el tiempo, nos ponemos nerviosos y eso trae inconvenientes. Hay que controlarlo para que no sea peor. No hay que dejar progresar a la mala energía”, concluye.