Es uno de los artistas más singulares del Arte de los Argentinos. Junto con Antonio Berni, Lucio Fontana, Carlos Uriarte, Leónidas Gambartes y Juan Grela, entre otros, es considerado uno de los cinco artistas más importantes que ha dado Rosario, ciudad donde nació en 1920.
Su geometría es personal y particular y durante la década del 50 fue el germen de la pintura generativa (geométrica) que desarrollaran Eduardo Mac Entyre, Miguel Angel Vidal, Carlos Silva, María Martorell y Ary Brizzi, que se convirtió en el movimiento plástico más original de todo nuestro arte. Su forma particular de trabajar sirvió de contagio para otros grandes artistas que provenían del taller de Emilio Pettoruti, como el recordado Vicente Forte.
Recibido de profesor de dibujo en la Escuela Normal, tuvo una destacada labor docente en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Junto con Horacio Butler puede considerárselo uno de los artistas que experimentó más la composición figurativa como un juego geométrico.
Fue uno de los basamentos del Grupo del Litoral, fundamental para el desarrollo de nuestro arte. Surgido en 1950, estaba integrado por Juan Grela, Leónidas Gambartes, Carlos Uriarte y Oscar Herrero Miranda, entre otros. No los unía una tendencia plástica en particular, sino la fervorosa y jovial intención de un cambio, una renovación… como decían ellos mismos: “La libertad dentro del rigorismo del oficio, a cuya plenitud ansiamos llegar”. Eran sus principios la libertad y la creación, la perfección y la experimentación de las técnicas.
Ottmann recibió todos los premios que se otorgan en la provincia de Santa Fe, incluido el Gran Premio de Honor en el Salón Provincial de Bellas Artes. Expuso, generalmente en forma colectiva junto a sus compañeros del Grupo del Litoral, en Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Santa Fe, Tucumán y Catamarca; y sus obras integran las colecciones de varios museos de Bellas Artes de estas ciudades. En 1955 integró la muestra de Pintura Argentina en Estados Unidos, y en dos oportunidades representó a nuestro país en la Bienal de San Pablo (en 1957 y 1959).
Desgraciadamente hoy su obra no es conocida fuera de Rosario y de la provincia. Por eso hay que destacar esta importante exposición retrospectiva, con entrada libre y gratuita, que se está realizando hasta el 15 de julio en el Espacio de Arte de la Casa Central de San Cristóbal Seguros Generales, en Rosario.
Hombre de dibujo preciso y colorista innato, sus obras están llenas de veladuras y podríamos decir que cada pincelada acaricia la tela y logra un efecto de sensualidad única. Expresó su colega, el recordado Rubén de la Colina: “En cada obra la luz se convierte en un misterioso milagro de incidencia sobre la forma y de luminosa transparencia. El color va surgiendo de elaboradas veladuras que van cubriendo y dejándose ver sucesivamente”. En los últimos años el color invade sus obras y vibra con calidades propias. Falleció en Rosario, en 1997.