Por Leandro Vesco – Fuente: InfoGei – Fotos: Archivo Infomedia

Son escasos los materiales didácticos en estos idiomas que están por morir, en su mayoría indígenas, y no se cumple con la ley que insta a protegerlas. Cuando a un argentino le preguntan qué idioma se habla en su país, la respuesta es una: castellano. Con frecuencia se pasa por alto que en el país se hablan otras 13 lenguas, todas ellas en peligro de extinción, según estudios de la Unesco.

Son lenguas que están desprestigiadas incluso para sus hablantes, que las consideran menos valiosas que el español. Y aunque la educación intercultural bilingüe  es obligatoria en las comunidades que no hablan castellano, los expertos dicen que falta avanzar en su aplicación. El Atlas de las Lenguas en Peligro incluye a aquellas que se hablan en el Norte del país (la zona del Gran Chaco acumula varios idiomas) y en la Patagonia.

Frente a un panorama tan alarmante y donde los mayores números se concentran entre la población indígena más joven, las políticas educativas pueden tener un espacio e intervenir para la revitalización. No sólo porque estas pérdidas son irremediables para el patrimonio lingüístico de la humanidad, sino porque muchos de estos niños terminan siendo expulsados del sistema escolar con argumentos que le endilgan la culpa a una supuesta “deficiencia cognitiva” cuando en realidad las causas pueden correlacionarse con la invisibilidad de las diversas situaciones sociolingüísticas, explica Ana Carolina Hecht, especialista en la materia.

Están en distintos estadíos: vulnerables (wichí y pilagá), amenazadas (toba, ava-guaraní, manjui, mocoví, quichua de Santiago del Estero), en riesgo severo (tapiete, mbya guaraní, mapuche y chorote) y en estado crítico (tehuelche y chaná). Si bien la mayoría son lenguas indígenas, algunas son habladas por “criollos”, como el guaraní en Corrientes o el quichua santiagueño. Esto dificulta medir cuántos hablantes suman estos idiomas. “Argentina les ha dado la espalda históricamente a las lenguas indígenas -plantea la lingüista Ana María Borzone, investigadora del Conicet.

En el Norte, algunos chicos llegan a la escuela sin saber castellano, sobre todo en las comunidades con un alto uso de su lengua, como los wichí, toba, mocoví, chorote (en el Gran Chaco) y mbya guaraní (en Misiones). Están en juego no solo 13 lenguas, sino 13 maneras de mirar el mundo que forman parte de la riqueza cultural del país. Una lengua que no se habla más es una poética y una visión que se pierde para siempre.