Las Grutas se ha convertido en un destino turístico consolidado. Sus playas con aguas cálidas son un paraíso en nuestro litoral marítimo. Sin embargo ese no es su único atractivo, ya que también se encuentra un destino desconocido para muchos: las Salinas del Gualicho.

Las salinas se visitan con excursiones que parten desde Las Grutas e incluyen traslados, guía, cena y la posibilidad de observar el firmamento con un telescopio y lentes infrarrojos. Cabe aclarar que la entrada permanece restringida al público ya que el yacimiento está concesionado para la explotación y se teme por la inseguridad ante el desmedido movimiento de camiones en la época de cosecha, por lo cual se debe realizar la visita a través de una de las tres empresas turísticas que ofrecen el servicio.

Están ubicadas en el Bajo del Gualicho, que con 72 metros bajo el nivel del mar es la segunda mayor depresión de la Argentina, después del Bajo San Julián. Por este motivo, durante el verano austral las temperaturas al mediodía suelen alcanzar los 50 grados y el horario ideal para disfrutar de este paisaje “lunar”, es al atardecer.

Las Salinas del Gualicho son las más grandes del país, con una superficie equivalente a la Capital Federal; la segunda de América después del Salar de Uyuni y las terceras en importancia industrial de Sudamérica. Se extienden a lo largo de 35 kilómetros con la franja más ancha de unos 18 kilómetros.

En las excursiones se realiza una charla donde se explican los orígenes de este curioso sitio. Según explican los conocedores del área, este suelo salino estuvo cubierto de mar hace por lo menos 300 millones de años, por lo que en las capas profundas se suelen encontrar huesos de animales petrificados y hasta dientes de tiburón.

Otra de las actividades que usualmente se realizan en los paseos, es el relato de escalofriantes historias que dan el nombre a este mágico lugar. Luces que se ven por la madrugada, voces, ruidos y movimientos extraños forman parte de folclore. Según comentan los lugareños es un sitio rodeado de misterio, leyendas de fantasmas y dioses tehuelches. Precisamente el nombre Gualicho se refiere al dios Ulungasum que tiene rasgos irritables y que tan sólo con ofrendas se lo puede atenuar, y que, de acuerdo a las creencias indígenas, este dios habita en una parte de ese enorme saladar. En el imaginario regional las Salinas del Gualicho es una suerte de tierra maldita, lugar de alojo del mismísimo diablo.