Es común confundir a los pintores surrealistas con los metafísicos. No estamos hablando acá de la filosofía, ni de estudiar la estructura o los fundamentos de la realidad. No viene el pensamiento que queremos manifestar en el arte de Aristóteles, que fue el creador del término. La pintura metafísica viene de Italia y son Giorgio Di Chirico y Carlo Carra los primeros a quienes se les atribuye este concepto. Otro que quizá habría que incorporar es al extraordinario Giorgio Morandi. Ellos, es como que utilizan los temas ordinarios, normalmente edificios o construcciones, generalmente no hay personajes, pero siempre se siente la presencia del hombre, que el hombre ha estado o estará. Es como que el tiempo se ha detenido, es un momento atemporal el que reflejan en la pintura. En nuestro país son Onofrio Pacenza, Horacio March y Gertrudis Chale, los principales exponentes. Contemporáneamente podría calificárselo así a Fernando Maza, entre otros. Fernando Maza nació en Buenos Aires en 1936 y la mayor parte de su vida la ha pasado fuera de la Argentina. Ha vivido en Nueva York, Londres y actualmente lo hace en las afueras de París. En más de 50 años de labor ha realizado exposiciones en nuestro país, Estados Unidos y Europa. Viene de la abstracción y fue co-fundador, en 1959, del grupo informalista en la Argentina. Ese mismo año realiza su primera exposición en Buenos Aires. Hoy recuerda con dulce nostalgia aquellos años: “los artistas que conocí me dieron consejos y asesoramiento. Escribimos manifiestos, hicimos declaraciones ruidosas y exhibimos nuestras obras…”. A los 13 años visitaba el taller de Raúl Podestá, un pintor figurativo que le enseñó la técnica de la pintura y el dibujo. Cuando a los 23 años se junta con los informalistas, sus guías son Tapies, Millares y Burri. En 1960 viajó a Nueva York, donde vivió años y se deslumbra con la obra de Rothko. Para sobrevivir trabajaba de mozo y también de carpintero. Ya en 1973 se encuentra viviendo en Londres y a partir de 1978 vive en Nogent-Sur-Marne. Desde entonces, nos cuenta: “he decidido poblar la superficie del lienzo con lingotes topográficos, paredes, cuya función es indeterminable, y objetos que tienen la apariencia engañosa de los arquetipos, todos yuxtapuestos en combinaciones aparentemente arbitraria, cuyo origen es un misterio para mí…”. Trabaja el acrílico, el óleo, la acuarela y la témpera con igual facilidad. Muchas de sus obras llevan por título “Nogent” y la fecha en que fue realizada. Pese a prácticamente no vivir en la Argentina, ha recibido todos los grandes premios del país, como el Gran Premio de Honor del Salón Nacional (en 1987) y el Premio Palanza, otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes (en 1985). Y ha representado al arte argentino en la VIII Bienal de San Pablo (Brasil), en 1965, en la que recibió Mención de Honor, y en la 36º Bienal de Venecia (Italia). Hay que ahondar en la obra de Giorgio Morandi para encontrar el espíritu metafísico de la obra de Fernando. Son símbolos y arquitecturas a la manera de una still-life, una naturaleza detenida. Muchos caen en el lugar común de De Chirico al observar la obra de Maza, es que la nostalgia que genera el vacío en sus obras recuerda a las “Plazas-Italia” de De Chirico, pero él reconoce que el pintor que lo seduce es Morandi, porque “éste toma el camino de la reinterpretación lírica, silenciosa del constructivismo cezanniano…”.