Oscar Brocos nació en la ciudad de Buenos Aires, en 1950. Vivió muchos años en el barrio de Liniers. A los 6 años se enfermó de poliomelitis y estuvo al cuidado de su abuela materna. Las secuelas de la enfermedad no le impidieron llevar adelante su desarrollo personal y artístico. Es padre, destacado escultor y orgulloso abuelo de cuatro nietos.
Desde niño tomó cursos de cerámica y al finalizar la primaria ingresó a la Escuela Nacional de Cerámica de la calle Bulnes, creada y dirigida entonces por el genial Fernando Arranz. Ya con el título de profesor, siguió estudiando, esta vez tallado en piedra con el maestro Ramón Castejón. Comenzó a la par una gran labor docente. A los 25 años instaló su propio taller, primero de cerámica y luego de escultura, trabajando con otros materiales.
Desde 1979 vive en Villa Gesell, preciosa ciudad costera, entre el mar, el bosque y los médanos, donde continúa trabajando en sus obras y en muchas actividades culturales. Realiza también litografías, dibujos a color y arte digital: “Dibujando con el mouse de la computadora”.
Desde 2005 desarrolla esta serie de esculturas que, como el propio artista dice, tienen un carácter más social en el sentido de la interpretación. “Y nos cuenta la obra “La última porción de la torta”, que fuera 2º premio nacional en 2006, me dio muchas experiencias al ver la gente frente a ella. Desde un señor que se puso a reír a carcajadas, hasta una señora que lloraba porque le representaba el hambre, o un chiquito de no más de dos años que se acercó caminando con los padres y decía “papapapapa” mientras iba hacia la cuchara…”
Representa objetos cotidianos: cucharas, tenedores, tijeras, martillos, cuchillos, telas, fideos, un pedazo de queso o de torta. Todo a gran escala y con diferentes materiales (metal, madera, piedra), magnifican un instante fugaz, una acción del hombre casi automática, que casi siempre pasa inadvertida. Sus obras buscan siempre el equilibrio, grandes volúmenes se sostienen en bases delgadas o apenas apoyadas.
Trabaja especialmente con tres materiales: el hierro o acero, diversas maderas y piedras. Para cada obra combina dos diferentes, logrando una armonía visual que no queda supeditada a una imagen constante fría o cálida, pasando por distintas sensaciones visuales.
Su exposición actual, en la Universidad de Lanús, fue presentada por el escultor Leo Vinci, quien expresó: “Uno descubre en la obra de Oscar ese amor por el oficio, esa pasión por concretar imágenes que no pretenden, como a veces se piensa, en tocar temas demasiados trascendentes. No, él nos esta demostrando que alrededor nuestro, muy cerca nuestro, hay un mundo que descubrir permanentemente, él nos lo descubre con esta cosa tan directa, donde nos muestra cuánto encanto, cuanto misterio sigue habiendo en lo más cercano a nosotros, en lo cotidiano y lo exalta, lo transforma y genera una imagen plástica que trasciende ya el tema y se transforma en una obra de arte.”.
Las obras de Oscar Brocos hablan por sí solas. El artista nos da una pista: el título, para que cada observador le dé su interpretación personal. “Si con mi obra, con mi creación estoy motivando, no sólo a la percepción de una obra de arte, sino también a ver más allá y hasta crear un sentimiento, una idea, una información, profundizar su visión hasta quizás artística estoy cumpliendo el rol. El de artista, el de trasmitir y que ese objeto no es un mero monolito parado en el medio de la nada”, nos dice Oscar. Y sin duda, este gran artista lo logra.