El mono carayá (alouatta caraya) se encuentra clasificado en la categoría vulnerable (VU) por la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM). El tráfico ilegal, el mascotismo y la destrucción de su hábitat natural por la tala indiscriminada y la agricultura (principalmente por el cultivo de soja), son las principales causas que amenazan a esta especie.

Estos animales habitan bosques y montes del noreste argentino (NEA), en Chaco, Formosa, Corrientes y norte de Santa Fe.

En el marco de un programa piloto de reintroducción de la especie, cinco ejemplares de mono carayá que se encontraban a resguardo en la Estación Zoológica Experimental La Esmeralda, ciudad de Santa Fe, fueron liberados en un área natural protegida del norte de la provincia, un campo de la zona de Villa Guillermina, departamento de General Obligado.

Se trata de un espacio que reúne los requisitos necesarios para garantizar la supervivencia de los animales: tiene bosques conservados, se ubica dentro del área de distribución de la especie, no posee poblaciones de monos preexistentes y es habitada por especies de las que pueden alimentarse.

Los ejemplares serán monitoreados por parte de profesionales y pobladores locales, quienes utilizarán también la captura de imágenes tomadas con cámaras trampa.