Los camélidos de ese color son valorados por algunos sectores de la industria textil, ya que sus fibras se pueden teñir con distintos tonos. El inconveniente es que, en las llamas, el color de la descendencia es muy difícil de predecir. Por ejemplo, la cruza tradicional de dos ejemplares blancos puede dar crías marrones y hasta negras. Una variabilidad natural que desconcierta a los productores.

Ahora, científicos argentinos del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE), en La Plata, identificaron y obtuvieron la secuencia de dos genes que se expresan en menor cantidad en las llamas blancas.

Esos genes, llamados KIT y MITF-M, todavía no son los “responsables” del color, pero su hallazgo alienta la viabilidad del enfoque y renueva la expectativa de encontrarlos.

Conociendo los genes que determinan el color se pueden diseñar apareamientos basados en los genotipos de los padres, no solo en su aspecto externo”, explicó a la Agencia CyTA-Leloir la directora del avance, la doctora Florencia Di Rocco, investigadora del Laboratorio de Genética Molecular en el IMBICE, que depende del CONICET, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC). Esa metodología podría mejorar la producción específica de los colores buscados, agregó Di Rocco.

Solo en Jujuy la producción de fibra de llama promedia habitualmente un total de 80 toneladas por año generando un ingreso al sector productivo de unos 12 millones de pesos.

Consultado al respecto, el ingeniero agrónomo Hugo Lamas, investigador en fibras de camélidos del Instituto de Biología de la Altura de la Universidad Nacional de Jujuy y del INTA de Abra Pampa, indicó a la Agencia CyTA-Leloir que “la búsqueda de llamas blancas puede poner en riesgo la biodiversidad de esos camélidos que presentan fibras de otros colores como negros y grises”.

Es preciso tener cuidado. Si ocurre lo que sucedió en Perú, que casi hizo desaparecer a las llamas de colores que no son blancas, estaremos en un gran problema”, afirmó Lamas quien desde el año 1995 trabaja en los procesos comerciales y agregado de valor de fibra de llamas y vicuñas. Y agregó: La biodiversidad es un aspecto clave de la conservación de los animales endémicos. Todo conocimiento es bueno, el problema es como se lo use y la repercusión que el mismo tenga en las comunidades andinas”.

Del estudio también participaron Melina Anello, Silvana Daverio, Miriam Silbestro, y Lidia Vidal-Rioja, científicos del IMBICE.

Fuente: Agencia CyTA-Fundación Leloir