El pingüino de penacho amarillo es más bajo y de aspecto más robusto que el pingüino de Magallanes -la especie más vista en las costas argentinas- y si bien mantiene las características de otras variedades de estas aves, con lomo negro y pecho blanco, se distingue por sus plumas amarillas en forma de penacho y cejas y por sus ojos de un fuerte rojo rubí.

Los primeros en llegar a Isla Pingüino son siempre los machos, que comienzan a armar el nido con piedras, ramas y plumas para recibir, dentro de unos 15 días a las hembras, tras lo cual un mes más tarde arribarán los juveniles.

El guía local de turismo Ricardo Pérez pudo ver la llegada de los primeros 14 pingüinos de penacho, la semana anterior, ya que en ese momento encabezaba una excursión náutica desde Puerto Deseado hasta la isla, ubicada unos 17 kilómetros al sur y a menos de 3.000 metros de la costa.

“Dentro de unas semanas llegarán sus 1.200 hembras y para diciembre unos 800 juveniles, con lo que tendremos una colonia de cerca de 4.000 pingüinos de penacho amarillo, que el turista podrá ver a pocos metros hasta abril” comentó Perez.

A diferencia de los pingüinos de Magallanes, que habitan en toda la costa patagónica con su principal colonia en Punta Tombo, Chubut, y que migran hasta el sur de Brasil, los de penacho amarillo tienen una migración diversificada. A varios ejemplares se les colocaron chips para seguimiento satelital y se observó que durante los seis meses que pasan en el agua, la mayoría va hacia el norte, pero normalmente no más allá de la Península Valdés (Chubut).

Los pingüinos de penacho amarillo pesan alrededor de 3 kilos y alcanzan unos 55 centímetros de largo. Son los más pequeños de los pingüinos crestados. Se los suele llamar Pájaro Bobo Saltador por su forma particular de desplazarse, ya que se trasladan saltando. El estado de conservación de esta especie es vulnerable debido a la desaparición de un 24% de su población en los últimos treinta años. 

Estos pingüinos pertenecen exclusivamente al hemisferio sur y en el mundo existen sólo tres grandes comunidades que alcanzan a los tres millones de ejemplares. Las áreas son Argentina-Chile, el sur de Nueva Zelanda y finalmente el Océano Índico.

Los ojos rojos del pingüino, en contraste con el amarillo de sus cejas generan una sonrisa y sentimiento de ternura para los turistas que tienen la posibilidad de verlos desde pocos metros, mientras ellos saltan ágilmente de roca en roca. Pero, eso sí, a no acercarse demasiado porque estas criaturas pueden llegar a ser muy malas cuando de cuidar a sus crías se trata, no permiten que ellas corran peligro y para protegerlas son capaces de atacar a picotazos a los turistas desprevenidos.

El guía comentó que “no todos hacen la misma migración, ya que algunos ejemplares llegan hasta las Malvinas, al este, y la Isla de los Estados, hacia el sur, o sea que tienen una migración más variada pero bien sureña”. Isla Pingüino es virtualmente un trozo de piedra, mayormente pelado, de poco más de un kilómetro de extensión entre sus costas, con un faro fuera de servicio en su cima, que la hace visible a la distancia.

La zona norte, por donde desembarcan los visitantes, es más baja y presenta vegetación de gramillas y pastizales, mientras la norte es muy escarpada, y al este tiene una playa con una lobería. Los penacho amarillo son la principal atracción de la isla, pero están en minoría respecto de la colonia de pingüinos magallánicos, que llegan a sumar allí unos 40 mil ejemplares, y a veces se los ve mezclados, aunque no interactúan entre las dos variedades.

En la isla hay también una rica fauna de aves voladoras, entre las que sobresalen por tamaño y cantidad los escuás, y también se ven muchos cormoranes, palomas antárticas, gaviotas, gaviotines, ostreros y algunos petreles. La Reserva Provincial Isla Pingüino es una  las áreas naturales protegidas por la provincia de Santa Cruz, ubicada a unos 20 kilómetros del centro urbano y accesible con una breve y vistosa navegación.