El disco podría llamarse “Instrucciones para tocar con sentimiento”, pero como el sentimiento es simple y Raly no es pretencioso -sino más bien simple- se llama “Chango”, por Chango Rodríguez, claro, cuyas nueve canciones forman este trabajo en el cual Raly Barrionuevo acude a la simple magia desde la cual es capaz de construir un mundo con su voz y una guitarra. Con esos dos elementos pinta un paisaje, sostiene una idea , desenvuelve una historia y todo eso sin ningún artilugio que se ponga por delante de lo que realmente interesa: la canción.

Esto hace el santiagueño: abre la boca y canta. Y lo hace sin pose y sin exageraciones. En esa simpleza, en el despojo de un trabajo que lo tiene a él y sólo a él como vocalista y guitarrista -a veces requinto, a veces criolla, a veces de acero- es donde se apoya la maravilla del noveno disco de quien es hoy el artista de mejor cualidad vocal interpretativa de la canción de raíz folklórica argentina.

Se puede rastrear una similitud en Radio AM, el disco donde Raly recrea las canciones que oía de niño. Pero allí estaba el bombo de su hermano, la guitarra de Chazarreta y el piano de Elvira Ceballos. Aquí Raly está sólo, solito con todo el silencio para él.

Es cierto que se quedó afuera “Luna Cautiva”, el zambón de Chango Rodríguez con que Raly abre sus conciertos y que dejó registrado en “Población milagro”, pero entraron “De mi madre”, “De Alberdi”, “Luna de Tartagal”, en una muestra de la vastísima obra del único cordobés nacido en La Rioj, un hombre que le dio cuerpo al folklore de La Docta con pluma y sentimiento. Este disco homenaje, además, cae justo en el año en que -como Aníbal Troilo, como Julio Cortázar, como Adolfo Bioy Casares- Chango hubiera cumplido 100 años.

En la sencillez de la interpretación, en saber descifrar el sentimiento de cada canción y en el solitario amparo de las cuerdas para apoyar el peso de la canción cobra vida este disco de Raly llamado a convertirse -como el mismo Chango- en un clásico de la música nuestra.